El hombre y la silla

Fotos: Alex Duran M. / Texto: Carlos Múnera

Posó sus nalgas en asiento duro y descubrió que podía sentarse. A partir de allí busco piedra, asiento, butaco, silla natural, ladrillo, banco, burro o mecedora. Aburrido, a veces, de las cuatro patas de la silla, recostó la misma en pared de bahareque solo usando las patas traseras y así se dedicó a evaluar las tardes de clima cálido.

Remendó, cuando se hizo necesario, la mecedora con tiras de cabuya o fique, luego diseñó, proyectó y fundió termoplásticos, industrializó y democratizó el diseño. Otros, mientras tanto, hicieron menos sillas, elitizaron, marginaron a las muchedumbres del diseño que eleva el nivel de vida. Los usuarios no tuvieron moneda de cambio para acceder a sofás de autor, líneas de exclusividad, orgullos pendejos.

Hoy aún el hombre se detiene en su caminar y se recuesta en alguna piedra, se sienta, posa sus nalgas, cojín natural. Se sienta, respira y mira hacia atrás.

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