El mundo vacío

Sus uñas estaban sucias, no por descuido, sino por causa de su trabajo en el campo; pero esa mañana no tenía que trabajar y decidió visitar al amor de su vida, el ensueño de cada mañana. Jairo, esperaba la mototaxi que lo llevaría al encuentro de su sueño amado. Esperó por horas que pasara algún transporte alternativo, algún humano que pasara en cicla, algún cochero, algo ¡cualquier cosa!

Comenzó a comprender que estaba solo en el mundo, que su tal amada era eso: un sueño. Entendió que sus manos estaban sucias de escarbar en la tierra en la búsqueda de vivientes, si quiera animales del orden mayor. Reconoció que solo era una idea, que él, era solo una materialización de una idea, la de él mismo, energía síquica concentrada.

Al recordar que no era nada sin alguien, su cuerpo comenzó a trasparentarse y la ropa que lo cubría a arrugarse colapsando allí en la banca que quizás él mismo haya creado en el mundo de las ideas en otro tiempo. Desapareció. Jairo era solo una concatenación de letras.

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