El nombre de Dios

En el mundo de las artesanías hay un término que define la primera venta del día o de la feria y que abre con buen augurio el resto de la jornada.

En algunas ocasiones he participado como artesano vendedor de mis creaciones en ferias de artesanías. He de decir que es un mundo particular, con lenguaje común y mañas que pasan de artesano en artesano. Todos llevan sus sillas, coca del almuerzo, metros de costal de fibra sintética para cerrar el “chuzo” en la noche, extensión de energía con bombillo incluido para las tardes y noches, etc.

 

De todo ello, lo único que yo llevaba a mis ferias era la mercancía y la coca del almuerzo, del resto yo no tenía ni idea que había que llevar. El caso es que en unas me fue bien y en otras me pasó como el café con leche cuando queda muy oscuro, que la vaca pasó volando.

 

El caso es que cuando se abre la primera venta del día, los artesanos hacen el ritual de persignarse, billete en mano, y clamar audiblemente ¡Bueno, ya me hice el nombre de Dios! ¿Será que lo diezman? No creo.

 

En la imagen: Parque de Sopetrán en Antioquia. Domingo de mercado en el parque del municipio.

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