El odio de los que se fueron

Cosas malas hay en el mundo y en abundacia, por esa misma abundancia es que prefiero distraerme y distraerlos en otros temas: positivos, estéticos, urbanos, entre otros.

Sigamos hablando de los que alguna vez partieron pero con ira y dolor. Algunos, solos o en familia, se largaron del país dejando una estela de ira e intenso dolor. Corrieron amenazados, huyendo de la muerte, con la baba escurrida de quien está que pasa al otro lado, cuidando a sus críos, mamíferos con instintos de supervivencia.

Hay algunos que escupieron esta tierra antes de partir, maldijeron y prometieron jamás volver, heridos de muerte, sofocados, hartos de odio por la sangre negra de la tierra que los formó en el vientre de sus madres.

Las maldiciones fueron arrojadas a la tierra, al aire, a quien las escuchara, y se fueron hacia tierras con visa, con pasaportes que exhiben rostros capados y sin risa. Se fueron a conseguir trabajo, salud, vivienda, se fueron a buscar comodidad, belleza, civilidad, honestidad, buen salario, se fueron a buscar ‘pispirispis’… y encontraron…

Muchos encontraron lo que buscaban. Encontraron estética, belleza, paz, montaña, desierto, dinero, riqueza, labor, oficio, automóvil, autoestima y mucho de lo que anhelaban.

Otros, encontraron mierda, baños sucios, plato usado, pocillo con mancha, mal de ojo, bolillo oficial, xenofobia, palo, patada, muerte. Algunos, oficios dignos pero inesperados. Enviaron divisa, ahorraron, sudaron humillación, callaron.

No todos los que se fueron quieren volver, lo juraron…

…aunque existe el perjurio.

1 comment

  1. Alberto Mejía Vélez   •  

    Que comentario tan cierto y doloroso estimado Carlos. Salir de su país con la mirada turbia por las lágrimas, el corazón inflamado por el dolor y la amargura al alejarse de su tierra, de los seres que se aman; perder de vista por no se sabe cuanto tiempo el humo de las chimeneas de las casa campesinas, el trinar de las aves en el solar de las querencias o el abrazo del antiguo vecino, son una tortura para el que tiene que emigrar llevándose con él pedazos de paisaje, amores y sueños, para tener que vivir el resto de sus días con la añoranza del regreso…

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