El uniforme de escuela. ¿Una medida democratizadora?

En The Wall, la Pared, película de Alan Parker, con música y líricas de Pink Floyd, se hace una crítica a la uniformidad de la escuela de posguerra, al estricto trato de profesores a estudiantes, pero en medio de esa crítica voy a sacar en limpio algo que también tiene sus amigos y sus enemigos: el uniforme de colegio.

La función bienhechora del uniforme

Bien atalajados recorren los niños el camino a la escuela, con olorosos uniformes si a bien la economía familiar se ha prestado; con camisetas que parecen lumbreras, con zapatos que por su brillada en la víspera parecen de charol. Ahí van, peinados de lado, con brillo de beso en la testa, con ruedo equilibrado el pantalón, bellas ellas, mozos aquellos.

El uniforme del púber calma su ansiedad, mengua la dicha y los resguarda de alguna vanidad. Coartar su libre desarrollo dirían algunos que de acuerdo no están por las telas que uniforman, pero quizás no recuerdan su propia experiencia en aulas y patios. No recuerdan qué tan discriminados son algunos niños de pobres vestimentas, que rematan su ajuar con zapatos de tercera, sin brillo ni ornamento. No recuerdan que en días libres de prendas igualitarias los mozuelos competían por sus variadas marcas, quién tiene más, cuál cuesta más; cuál de lino fino, cuál es de charol.

Por eso, ese sesgo socialista de los uniformes aplaca la bestialidad del más fuerte, fortaleza que no le es suya de ninguna manera, y sí de unos padres de boyante posición. El uniforme iguala, no compara, equipara al infante para dar la pelea desde el mismo escalón, en esa selva de supervivencia que se llama escuela, colegio, mojón de nuestros primeros recuerdos.

Al pobre que de marcas no sabe, a éste de no acomodada posición, el uniforme le es bálsamo diario para su autoestima, bendición de lo alto, salvamento de burlas, escudo contra risas, protección para el dolor.

1 comment

  1. Flor de Lis   •  

    Teniamos varios uniformes. El de diario, que ademas tenia un delantal que lo usabamos para estar en el Colegio. El de gimnasia, nada que ver con lo que se usa hoy. Y el de gala, algunas veces acompanado de guantes y boina.Siempre limpios y bien planchados. Todos teniamos los mismos tenis “Croydon” colegios y escuelas. Los zapatos brillantes, aunque rotos por debajo. Tal vez por eso aprendimos a vestirnos mejor que los vojenes de hoy en dia, que usan jeans en toda ocasion y se los ponen con la cintura en las rodillas, como diria mi abuela en las “verijas”.

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