Hasta el origen del café: Güintar (Parte 1)

Nos detuvimos en Anzá, un municipio que a las 12 de aquel día, parecía congelado en el tiempo, sin gentes deambulando y con algunas miradas perdidas desde la sombra. Reinaban la calma y el calor. Me disponía a conocer un cultivo que ha sorprendido siempre en cada catación que hace una reconocida empresa de café de Medellín, quien me hizo la invitación. La buseta contratada tomó rumbo hacia el corregimiento Güintar, meta de nuestra travesía, pero preferí irme en la moto con Jaime Restrepo, de la Cooperativa de Salgar, quien había estado esperando para ser el guía de la jornada. Llegamos hasta donde podíamos llegar en automotor y de ahí en adelante el camino seguiría en caballo o a pie, mejor dicho ¡Camine haber!

El viaje en moto me permitió disfrutar de la hermosa vista ofrecida por las montañas y de las fragancias con que el “Mata Ratón”, ambienta las carreteras donde es sembrado como cerca viva. En moto, además, se esquiva de mejor manera las características de una vía terciaria destapada y se ambienta el recorrido con la conversación del guía. Es fácil, además, bajarse a tomar una que otra foto de algo bien interesante.

Al llegar al punto de encuentro con el caficultor, descansamos y aprovechamos para destapar los fiambres en hoja y alimentarnos así para lo que seguía de la jornada. Dionalber Chavarriaga era el anfitrión del hogar donde nos recibirían con sancocho y quien nunca se dio cuenta que nos estábamos “embutiendo” un fiambre justo antes de la caminada; craso error ese de llevar leña pa’l monte, pues, las gentes del campo son harto amables y generosas con propios y forasteros, además de ser un desaire que no tiene excusa.

Horizontes

La trepada comenzó con dos caballos que punteaban llevando sobre sus lomos a dos señoritas escoltadas por los restantes 11 que íbamos a pie por una montaña que se nos presentaba bien empinada. Subimos, cargando las cosas más inexplicables que pudiera uno cargar rumbo a una casa de campo: agua, un molino eléctrico para café, una prensa francesa, filtros Chemex para café, termómetro y gramera, entre otros artilugios citadinos. Parecía una travesía de españoles colonizando tierras el nuevo mundo con aparatos complejos y sorprendentes para intercambiar como espejos por oro. Pero la verdad es que se trataba de expertos baristas y catadores certificados, cargando todo un menaje especializado para probar lo que sería una taza de grano con un excelente origen: Güintar.

Padecimiento

La subida de este cronista fue sonorizada por los jadeos de mi respiración, el agotamiento me recordó que estoy próximo a cumplir los 40 y que los recorridos esos donde llegaba de segundo en el ejército (el 1° tira machete para abrir camino), eran parte de la historia hace 21 años. Decía, pues, llegó al punto de estar vencido por la montaña empinada que ya marcaba los 2.000 metros de altura. Humillado por tal vencimiento de fuerzas, comencé a luchar con mi mente para poder continuar, pero el orgullo fue vencido en cuatro intentos más haciéndome meditar en San Juan de la Cruz y su Subida al Monte Carmelo. En la última vencida me detuve 15 minutos quizás, donde me sorprendí de mí mismo y de esta bienvenida al nuevo decenio de mi vida. Descansado, sentí que mi cabeza se recompuso y que no era agotamiento sino los efectos de la altura lo que me tenía en tal posición. Afirmé mi cuerpo y completé el camino de llegada a El Champú, 2.050 m.s.n.m., donde ya todos habían terminado el sancocho.

Gracias a la bondad de los anfitriones, me recibieron con la consolación de un buen plato de aquel caldo, más tres vasos de limonada montañera, elíxir ante semejante agotamiento. Lo demás, fue planicie, reposo y toma de aliento en la cima.

Burla

Desde ese momento, todo se tornó café y burla. Del café se los contaré en la segunda parte de la crónica; de la burla les cuento que fue el alimento en el resto del viaje. Que el soroche, que en qué era que había prestado servicio militar; uno de los baristas hizo un buen chascarrillo, diciendo que lo que yo no había contado era que había prestado servicio militar en la cocina (cosa no cierta); de lo cual solo pude argüir en mi defensa: Presté servicio hace 21 años y le pregunté: “qué edad tenés vos?”, a lo cual respondió: “Menos que eso”; así que concluí diciendo que cuando yo estaba prestando servicio él no había nacido aún. Y vale la burla, lo que me llevó a hacerme revisar del médico (Si es que una EPS revisa objetivamente bien, hoy). Desde ya, además, vengo preguntando a las fincas en lista por visitar si el acceso es en carro, bestia o infantería; pues, los años no llegaron solos.

Espere la segunda parte…

11 comments

  1. Mónica Arcila   •  

    La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.
    (Jorge Luis Borges)

    Carlos describo mi impresión de tu crónica:
    Bella es la naturaleza, bellos son los seres humanos.
    Caminamos por los verdes pastos, colores relajantes para la vista.
    El campo es hermoso, sus tierras, sus semillas que crecen, de pronto nos encontramos con la imagen de una Virgen. Dios está en el campo. Los pájaros cantando. Un encuentro campestre para disfrutar un café natural. Buena compañía. Comida típica. Caminemos, descansemos. Qué altura, siento corta mi respiración. Llegamos. Risas. Descubro que los años no llegan solos…totalmente de acuerdo. Años añejos que saben a agua-ardiente, ron y café. Años sabios que demuestran que no estamos solos, vivimos en una comunidad. Comunidad rural y urbana. Nos despedimos del campo y el aire ya no es fresco sino contaminado del humo de los vehículos y buses. Deseamos volver algún día, pero faltan más lugares por conocer. Disfrutemos del café de nuevo, pero no observando la ventana del cielo y las montañas, sino una ventana que nos deja ver el concreto de un edificio cercano. Lástima que las zonas verdes se están extinguiendo en la ciudad.
    Verde que te quiero verde en mis ojos porque relajas al más estresado.
    Tengo en mi casa media libra del café en grano de Anzá.
    Mónica Arcila

  2. Jaime Alberto Montoya G   •  

    Ex-profe, me alcancé a transportar, solo el registro fotográfico se lo “lleva” a uno.
    esta riqueza que tenemos en nuestro país es la que nos ayuda a seguir luchando contra tantas adversidades que día a día quieren acabarnos, porque tener contacto directo con ella es como encontrar un oasis en el desierto, por lo menos para los que aun tenemos sensibilidad cuando del campo y de las cosas sencillas y simples se trata.
    Esto lo podemos decir los que pasamos de los cuarenta (fresco que todavía tenemos mucho por vivir), y que añoramos los tiempos en que vivíamos sin tanto afán, rodeados de verde y aire puro.
    En mi caso particular vivo rodeado de verde, mi pasión es el jardín y los bonsáis, me ha llegado ha decir que mi casa parece una selva, pero para mi es una terapia y una riqueza que no tiene precio, como esta su crónica.
    Gracias por regalarnos estas palabras y estas imagenes.

    …ex-alumno unirémington

    • Carlos Múnera   •     Autor

      Ojalá Dios nos regales muchos años por vivir… Me acuerdo de vos, claro hombre… Seguís igual de desjuiciado? jajajajjaja

  3. Alberto Mejía Vélez   •  

    Mijo, de eso tan bueno no dan tanto, palabras de mi taita. Pero aquí mi querido Carlos, se le fue la mano. Con la crónica, sudé, me sentí fatigado, la boca se me secó, pero nada de eso me importó, pues me llevaba de la mano por lo que se ama tanto. La tierra y los paisajes que el creador fue dibujando para que el hombre bueno la disfrute. Puso sobre el decorado al campesino, lo revistió de bondad, señorío e hidalguía; le llenó las manos de callos y el corazón de nobleza, para que reventara al unísono con el fruto de la semilla arrojada, mientras el ocaso del día, deja caer sobre el surco, briznas de paz que alimentan el fuego del hogar.
    Gracias por llevarnos al anca de las tradiciones.

    • Carlos Múnera   •     Autor

      jajajajaja, qué bueno que te pusiste en mis zapatos… y estoy feliz con mis 40. Vos sabés que yo soy otro viejo más en este cuerpo joven jejejejjee.
      Salud por tu vida, por tu barba, por Cecilia y por tu amistad.

  4. Orlando Vasquez Ujueta   •  

    Excelente cronica,pero 40 años no es tanto…….
    Fotos envidiables,limpias,con proyeccion,siento envidia de la buena.
    Felicitaciones!

    • Carlos Múnera   •     Autor

      Orlando, 40 no son tanto es verdad, pero es la primera vez que llego a ellos… Amo los años de mi vida, es más, la mayoría de amigos y grandes conversadores con que mantengo son personas muy mayores que yo. Alberto Mejía Vélez, es uno de ellos, setentón el hombre e igual de niño que cuando era piernipeludo. Orlando, aún podemos ver esos paisajes.

  5. Roberto Uribe   •  

    Carlos: hice un comentario ayer pero algo falló en el blog y se perdió. Te cuento que el sábado compré en Mikaela, media libra de grano del Laboratorio de Café y ayer al destaparla pude percibir el aroma mas espectacular que en mi vida haya sentido de un café. Soy neófito en esto, pero el olfato no lo tengo alterado. El sabor, igual, es el mejor que me haya tomado. Pues resultó ser de la finca El Champú en Güintar, de propiedad de tu anfitrión Don Dionalber de Jesús Chavarriaga. O sea que valió la pena que hubieras llegado medio muerto por agotamiento. Aguardamos la segunda crónica.

    Roberto Uribe

  6. Andrés Ruiz   •  

    Este es el Carlos que yo conocia, que bueno que volviste.

    Muchas gracias por esta hermosa cronica

  7. Natalia Escobar   •  

    Muy buena info…la imagenes espectaculares..

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