Historias a pie limpio 3

En otras ocasiones, Juancho y yo, visitábamos el río Magdalena para tentarlo, entrando a sus aguas, tirándonos desde una rama de algún árbol, o nos metíamos hasta la mitad el río como quien reta a la juventud; para hacer dicha locura, teníamos que vadear el río en sentido contrario al cauce hasta subir unos dos o tres kilómetros, pues, cuando quisiéramos devolvernos llegaríamos a la playa el doble de distancia debajo de donde partimos inicialmente. Nos “botábamos”, verbo exactamente usado para describir el valor de tirarse a la madre del agua y nadar como Tarzán criollo un tercio del tramo y el resto imitando a los perros por el cansancio. Demás que los tarzanes eran lugareños, porque yo solo imitaba a los perros, por el cansancio corporal.

Llegados al borde nuevamente, lo siguiente era descansar, jugar en la arena algún partido suave de fútbol, cosa para lo cual el Eterno no me dio dones y lo mejor era no participar para no terminar el partido, partido. En esas voladas y en esos regresos mi primo me trasmitía su conocimiento: Mire, me decía, allí es donde es bueno botar “latarraya” (Nunca sonaba Atarraya). ¿Por qué? Porque mire, ahí llega la mierda del pueblo, y a los bocachicos les encanta venir a comer ahí. (Imagino la cara de mi esposa en estas letras). Pues ahí era y uno lo comprobaba cuando veía a un pescador de esos que se van todo el día pa’ la playa a pescar, fumar marihuana y masturbarse con la página desvencijada de una revista porno. “Venga, pelao, muévalo así”, me dijo uno alguna vez, mientras yo veía atónito el tamaño de la “bestia” estimulada. No lo acompañé en su jornada por miedo a las graves consecuencias, jejeje.

Eran días especiales, llenos de libertad, pies mugrosos de andar a pie limpio, aunque esto último era solo estando en las cuadras cercanas a la casa 4-16 del barrio Renán Barco; ni más faltaba que mi abuela Juana me fuera a permitir irme para el centro como un gamín ¡Que porque el indio es pobre, la maleta es de hojas! Decía ella de manera bien dicha, con riqueza en su pensamiento. Pero es que Neruda, supo expresar bien la esclavitud a la que llegan los pies cuando los hacen presos en los zapatos. Pero tenía razón mi abuela: alguna vez, con un raro invierno en la zona, pisé cuanto charco había y uno en especial me hizo recordarlo para siempre, pues, a los días, una desesperante rasquiña en mis pies no me dejaba en paz, al punto de tener que tomar el cepillo de peinar y rascarme con él por largas jornadas de placer. Una roncha (no publiquemos términos que le resten popularidad al relato), fue creciendo al punto de convertirse en un camino, como si la roncha por sancudo, se desplazara por caminos aleatorios en toda la planta de mi pie y, por momentos, por mi tobillo y talón. Son sabañones, decía la Tía, un hongo; no se rasque más que le dan en la mano. Era como una culebrilla cuyo camino me hacía ver su duditativa forma de ser. Solo con una pomada desaparecieron días después, ya en Medellin. Cuando eso, la autopista Medellín – Bogotá no existía; la vía era por Manizales y la de Sonsón (Para bajos presupuestos).

2 comments

  1. john walter   •  

    Que gran relato, leí los tres de una sola tirada, sin respirar, recordando, evocando, transportandome a esos lugares donde pasaba mis vacaciones, también en compañía de un primo cómplice.
    Pero a mi me toco en tierra fría, Concordia, vereda Yarumal, cambiando los barrios de tu Dorada, también recorría las veredas aledañas, y las fincas donde aprendí a coger café, porque usted no se puede quedar sin hacer nada mijito, decían a la vez mi mama y mi tía Ligia, que tiempos, que recuerdos, a pesar de la distancia y lo diferente de las regiones una copia calcada de lo que hacíamos, lo que nos dice acerca de lo similares que somos aunque nunca nos hayamos visto.

    • Carlos Múnera   •     Autor

      Qué bacanería tu participación, John. De eso se tratan estos relatos o recuerdos, de que despierten, en uds., esosrecuerdos personales que juntos nos van mostrando lo parecidas que pueden ser nuestras vidas o sueños.
      Gracias por aportar tu pedacito y, cuando quieras, contarnos más, sin preocuparte por redacciones y detalles ortográficos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>