Historias de tetero

Cuando era un pequeño, recuerdo que me levantaba somnoliento a llevar el tetero al baño y luego iba a la cocina a orinar; lógicamente cuando llegaba al baño me percataba de que ese no era el lugar y deshacía los pasos rumbo a la cocina.

Épocas en que el contenido del tetero era la bien posicionada aguapanela con leche; alimento bendecido en los barrios obreros, que entretenía y alimentaba a los destetados. Bien fuera sola o con leche, la aguapanela nos alimentó hasta que nos parábamos derechitos y aún nos alimenta cuando, en algún restaurante, nos ofrecen el guandolo (aguapanela con limón).

Hace algunos meses, le dijimos a Jacobo que ya estaba muy grande para tomar tetero, que eso era para bebés. Diana, esposa del suscrito y madre del muchachito, reforzó la propuesta diciéndole: “¿Lo botamos?”. Jacobo, enajenado por nuestra palabras, lanzó el tetero a la calle y arremetió: “Sí, yo graaandee”. Jacobo siguió caminando pero Diana, sin que él se diera cuenta, levantó el tetero del suelo por si depronto le daba por pedirlo en la noche. Desde aquel día toma en termo.

Son solo dos historias para levantarles el recuerdo e invitarlos a compartir sus historias de tetero, reírnos un rato y evocar imágenes quizás olvidadas. ¿Tienes historias de tetero?

Foto: Parque de Girardota.

2 comments

  1. YOLANDA INES SIERRA PRECIADO   •  

    AL PARECER TODAS LAS HISTORIAS DEL TETERO SON CASI QUE IGUALES. MI HIJA ANA MARIA TOMO TETERO HASTA CERCA DE LOS DOS AÑOS. UNA NOCHE LE DECIAMOS QUE PEREZA ESE TETERO TU YA ESTAS MUY GRANDE PARA TOMARLO. GAS ESO SOLO ES PARA BEBES TU YA ESTAS GRANDE , INMEDIATAMENTE SE PARA Y CORRIO PARA LA BASURA Y LO BOTO. AL DIA SIGUIENTE LO PIDIO Y SE LE DIJO: LO BOTASTE A LA BASURA, TU MISMA LO HICISTE.
    HAN PASADO OCHO AÑOS Y ELLA NO OLVIDA ESE MOMENTO, A SU MEMORIA VIENE MUCHO ESA ESCENA. MAMA YO MISMA BOTE MI TETERO QUE PESAR, ES LO QUE ME DICE.

  2. Alberto Mejía Vélez   •  

    Que bueno para Jacobo y Ana María al ‘desteterarse’ que no da la misma angustia que destetarse. Este último envase es higiénico y muy llamativo.
    No recuerdo nada de ese traumatismo casero por el que a pasado la humanidad entera desde Caín y Abel. Algo contaba mi madre. Al balbucear las primeras palabras; creo que cogí de la manga un espartillo; lo llevé a la boca y haciendo como qué fumara, le dije a mi tía Rosa: “Locha, que bueno cachache uno; cachemonos Locha”. Ahora sé, el porqué, creo qué jamás he estado soltero.

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