“Inocentes” bacanales – La Catedral, Envigado

A uno de ellos, rubio, el hartazgo de la bebida lo dejó por el suelo e inconsciente de la bacanal que a sus pies se desarrolla. Otro de ellos, más tostado por el clima, salta al son de los tambores de su corazón. Una pareja, ambos de falo u órganos complementarios, ha sido seducida por las chispas de pasión que salieron del vino y apretan sus cuerpos para dejarse guiar por el primitivo sentir de su genitalidad, lo hacen sabiendo que son mirados y abren sus brazos para que los voyeristas, que son el público, puedan participar de alguna manera en esta entretenida bacanal. Tres que posan en el centro, robustos y entregados a la gula, toman de la porción privada de su barril, añejado quizás con mejores prácticas, vino, al fin y al cabo que ya embriagados las calidad no importa. Hay cuatro, que exprimen los residuales de un barril más amplio, beben, cantan y gozan que hay vida mientras haya elíxir de vida. Uno más, toma lo suyo, junto a los sarmientos enredados en las columnas que le dan lugar a esta “infantil” bacanal.

Así es el hombre, que desde que nace busca el placer de cada una de sus etapas; desde el besar del seno materno, lo que nos identifica con el resto de animales mamí-feros; hasta los últimos pecados alimenticios prohibidos por el médico de cabecera, y que son el placer final de quien espera a la muerte.

Foto tomada en predios de la Fraternidad Monástica Santa Gertrudis, en La Catedral, lo que fue la escandalosa cárcel de Pablo Escobar. Envigado.

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