“La mazamorra piláa”

Alberto Mejía Vélez, es un joven lleno de sueños, un joven de 72 años de edad. Anoche nos mostró su casa y su hermosa sencillez en El Colectivo, programa de Teleantioquia dirigido por Andrés Mora. Mejía me dejó entrar a su casa y a su cálido corazón y hoy me tratan como a un hijo más de su camada. Este joven sigue haciendo realidad sus sueños, como el de compartir la memoria no conocida por la niñez de hoy. Viejo: ¡Disfrutalo! Gracias.

Por Alberto Mejía Vélez

¡Oh! aquellos tiempos. Desde la puerta de tranca, el caminante al saludar, escuchaba una voz amigable al interior de la casa que invitaba a pasar y a sentarte en el tarimón, que los antioqueños llamamos tarima del corredor; y una mujer, que no ocultaba el embarazo, traía en sus manos una taza inmensa, repleta de mazamorra con unos granos igual que pelotas de ping pong, donde no faltaba el dulce machacado. “Siéntese mi don a la fresquita, tome aliento, para seguir la jornada”. Hoy eso no se puede hacer.

“Se llamaba mazamorra al guiso con el que se alimentaba a los galeotes: remeros, casi siempre forzados, en los navíos llamados galeras, y a los marineros. Consistía en las legumbres disponibles, generalmente lentejas y garbanzos, cocidos juntos y aliñados con algunos vegetales disponibles como pimientos”. Wikipedia.

Pero por estas breñas de maiceros, la cosa fue distinta. Heredamos de los aborígenes el amor por la nutriente mazorca que sonriente nos brinda encantos. Las amas de casa madrugaban a desgranar para echar en el fondo del pilón y con la mano, acertar golpes que fuera descascarando el grano, hasta ir a parar en ollas de barro, que a fuego de leña iba tomando un olor que se expandía por la casa, enredado en el canto de las mujeres amantes del esposo, hijos y del trabajo honesto del hogar. Eso también ha sido desalojado por el modernismo.

Ya esos ajetreos, que eran unidad familiar, se han cambiado por salir a la puerta, a la espera de quien ha hecho de la costumbre montañera, un oficio lucrativo. El grito del vendedor se escucha a lo lejos: “mazamorra… mazamorra pilada”, a $500 el cucharón; la leche la pone usted, si acaso tiene dinero para la bolsa y la endulza con el recuerdo.

1 comment

  1. Jarol Torres   •  

    ¡Joven aún!, bastante, diría yo. Que no se entere mí madre, al mandarme cada Domingo temprano en la mañana – o cada que se pueda – a comprar los 3.000 pesitos de mazamorra, por lo que cuando ella la compra se tarda unos escasos 6 minutos, y cuando soy yo quien va hasta mi hora me quedo. Es la mejor excusa para compartirle un chocolate o un café de enfrente y a hablar un buen rato con el mazamorrero Elkin. Ya es después en casa mi vieja esperando inquieta la mazamorrita con los Besos de Novia que le encantan, se los había prometido desde hace unos 40 minutos atrás… JIJI.

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