La memoria de los espacios

Todos tenemos “Memoria Espacial”. En algunos se desarrolla más por oficio o aficiones; muchos, añoran en sus recuerdos la casa vieja de los abuelos y todos aquellos espacios en que fueron felices o donde incluso sufrieron, es borrosa su visión global del espacio, se esfuman partes y se detallan cosas que pueden ser sin importancia para otros; hay olores, texturas, sonidos que son parte del tesoro o del lastre de la Memoria Espacial. A veces la memoria se convierte en un “Déjà vu” un afirmar en el presente que ya se estuvo allí, que ya se conocía ese lugar, así la realidad le diga que es imposible porque nunca había viajado hasta allí.

La Memoria Espacial la desarrollamos más por observación, por fijarnos en los detalles en entender y relacionar los distintos espacios con un recorrido, con una secuencia a veces esa Memoria Espacial esta en ceros en el odómetro mental. De vez en cuando, a un nuevo grupo de estudiantes y a unos amigos, me gusta hacerles un simple y pequeño test: ¿cómo llegaron al espacio en donde estamos reunidos? Es increíble como muchas personas no recuerdan qué caminos han tomado en sus últimas horas, por dónde han pasado y cómo lo lograron. Hace años a un grupo de estudiantes les hice el test y les pedí que me hicieran un mapa, esquema o relato de cómo habían llegado desde su hogar hasta el aula de clase; tristemente solo uno de 35 alumnos sabía por dónde había deambulado, el resto solo se acordaban de haber salido de su casa, algunos tenían dudas sobre si alguien los había recogido o habían tomado un transporte público o habían sido teletransportados desde su casa a la Universidad, y ya en ella, cuál había sido su ruta de llegada al salón; lo más doloroso para ellos era que estudiaban “Geografía Urbana”. “¡Se imaginan a Américo Vespucio o alguno de nuestros conquistadores que simplemente aparecieron!”, les decía. El héroe de la jornada, que sí supo cómo había llegado, era un muchacho recién llegado a la ciudad, de su Sincelejo a la casa de una pariente que lo hospedaba y que le había indicado: “Sale de la casa “coge” a la izquierda derecho y a las cuatro cuadras hay una avenida… espera un bus azul que diga “Centro” y se baja tres cuadras después del puente (…)”.

La Memoria Espacial sirve para guiarse por las calles de las selvas de concreto de las ciudades, para buscar referencias -así sea uno nuevo en esas urbes o esté de paso-, para tomar nota de un hito, si es el caso de un edificio, una iglesia, de un comercio o de algo que lo oriente al regreso a su hotel o a su nuevo hogar. Jugar con esa capacidad de observación a veces es un lícito juego de los grandes almacenes que reubican de vez en cuando sus productos en las góndolas, para que los compradores al buscarlos vean otros productos, se antojen y compren. Hace días en una conocida cadena comercial recorrí varias veces sus pasillos buscando, me llegaba a un lugar y me devolvía porque sabía que en esa fila y en esa góndola debían estar, una sonrisa coqueta de una empleada que había visto mi desespero espacial, y que por orgullo de arquitecto no quería preguntar, me atajó y se ofreció a ayudarme.

- Me da pena señorita – le respondí – Pero es que… ¡se me perdieron los huevos!

Ella entendió que no eran los 3 huevos de Uribe y con otra sonrisa que sonaba a carcajada me indicó que junto a  las verduras estaban…

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