La pertinencia en las dádivas

La idea era hacerle visita a la viejita tía de Alfredo, mi suegro, para ver cómo se encontraba, pues vivía casi hermitaña en las encumbradas lomas de la vereda Yarumal del municipio de Amagá, suroriente antioqueño. Comiendo aire, cocinando en leña.

La idea era llevarle un mercado a la vieja. Un mercado con arroz, fríjol, pasta y parva, consistente en pan, pandequeso, almojábanas. También se le “requintó” la bolsa con jabón, crema dental y otros útiles de aseo.

¿Jabón? ¿crema dental? Ana del Carmen hizo esa pregunta con un desprecio de quien es ignorante. Ana, nunca en su vida, había usado eso que llaman crema dental, eso que otros llaman Colgate, que otros llaman Kolinos, eso que de niño llamaba Pruf. Y tampoco sus sobacos, sus pliegues, sus callos y menos su cabello, habían recibido el bálsamo sanador del jabón; no por ello Ana era cochina. Ana lo hacía a la antigua usanza.

Ana del Carmen, no miraba con desprecio el mercado por orgullos impuestos o heredados, es más, ella no miraba la bolsa con desprecio, más bien, la miraba con curiosidad, como tratando de entender, qué cosas habitaban allí dentro.

¿Pasta? ¿Espagueti? ¿Y eso, cómo se hace? ¡yo no sé hacer eso? ¿eso pa qué? ¿Pa qué esa parva, pa qué tanta? ¡eso aquí se daña? ¿Y estos tarros qué son? ¿y yo, cómo abro esas latas?

Hace poco murió la vieja Ana del Carmen, murió sola, hermitaña. Jamás conoció la pasta dental y el jabón. Jamás conoció hombre alguno ni probó de él sus mieles. Murió hace poco, señorita, sola, mañosa, sin prole, con todos sus hermanos muertos.

2 comments

  1. Carlos Torres   •  

    A lo mejor vivio mejor que nosotros, alejada de todo esto que nos consume. Sola, pero con ella; uno mismo se entiende, uno se conose, uno se moldea asi mismo, estamos acostumbrados a nuestras miserias.
    Seguro, Dios padre todo poderoso la tiene en su gloria.

  2. Cuñis   •  

    La Tía Ana, la recuerdo sola y llena de historias de sus padres y hermanos. Siempre sonriente, con un saludo para todo el mundo, muy cuerda y trabajadora. Llegaron sus males y con ellos su partida. Hace menos de un mes partió la última de sus hermanas, La Tía Teresa, con muchos más años encima y sin haber sabido nunca que Anita le había ganado en la partida.

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