La piedra de machacar la carne

Por Alberto Mejía Vélez.

De los grandes inventos de la humanidad: la rueda. Los primitivos (yo no los vi), le dieron con paciencia a la roca, hasta volverla esférica. Pero el cuento no es ese.

Lo que sí sabemos es que en los hogares de hace años no podía faltar la ‘piedra de moler’, en cocinas y en las manos de las amas de casa. Cuando el Adán y la Eva, se enfrentaban al cura y ambos decían: sí, Padre, quedaban amarrados para siempre con el compromiso de no ‘poner en el monte’, esto es, no jugársela a la pareja. Lo primero que hacía el varón era ir al río o quebrada más cercana a buscar una piedra que tuviera la forma y textura que eran indispensables.

Un acertijo se escuchaba por los caminos, trochas; en juegos infantiles y reuniones familiares: “María larga y tendida y su hija bailando encima”. Respuesta inmediata: ¡piedra de moler! Eso recuerda cuando la madre, que ya había picado tomates, cebolla ‘junca’, ajo, cilantro, achiote, buena cantidad de comino; le daba la bendición con gotas de vinagre sacado de cáscaras de piña que se guardaban en un frasco hasta fermentar. La mano empezaba movimiento rítmico con la piedra de moler para ir mezclando los ingredientes que ya lanzaban a los cuatro vientos ese olor inolvidable, que acrecentaba el hambre del más anoréxico de los mortales. El raspado que quedaba, la madre se lo untaba en pedazos de arepa a los hijos pequeños.

La bendita piedra, después de prestar servicio, se lavaba y secaba e iba a dar como cuña a una de las puertas que el viento hacía golpear. Tenía tantos oficios según la imaginación. El gato lo sabía bien. Cuando oía machacar estaba presto a maullar envolviendo la cola, esperando pedazos de ‘ñervo’. El marido que encontraba a su media naranja, salida de tono, con la piedra en la mano; regresaba por donde entró sin emitir palabra, yéndose a pasar la noche junto al perro, que al verlo le meneaba la cola; ambos sabían que Dios mandó a huir del peligro; sobre todo él, que era el ‘limpiapiedra’ de la casa paterna.

6 comments

  1. Olga Nidia   •  

    Qué buena crónica Don Alberto.
    En la casa utilizábamos la piedra para partir la panela, como reemplazo del martillo y hasta para matar los piojos.

    Saludos,
    Olga Nidia

    • Alberto Mejía Vélez   •  

      Gracias, Olga Nidia, por su comentario. Ahora sé, porque al tocarme la cabeza, la siento igual que una guanábana.

  2. Dora Galeano   •  

    Buen relato don Alberto. Hace unos meses regrese a mi colombia bella y veo que donde mis mejores amigas aun usan la famosa piedra, para ellas es como un tesoro. La famosa piedra de machacar.

  3. martha isabel palacio diaz   •  

    si……… me recuerda a mi mama. ella la usaba mucho.. que nostalgia la que me da porque me parece que la veo machacando la cebolla de rama.. cuanto diera yo en este momento por tener una. seguramente que la usaria y dejaria aun lado el martillo que tengo actual. muchas gracias por tan buenos y bonitos recuerdos. DIOS LO BENDIGA SIEMPRE.

  4. Francisco Gomez-Paris (FrancoG.Paris)   •  

    Carlos si continuas asi le vas a sacar la piedra a la de trancar la puerta, a la de moler, a la de machacar la carne,y a la que le saca la piedra a la gente, pero yo creo que todos tenemos que ver algo con alguna piedra. Jajajaja, me gustó el tema genial.
    Franco G.Paris, Saludos

    Un abrazo Medellin

  5. Esperanza   •  

    Excelente manejo del tema. Yo no soy abuela, vivo en Ibagué y adoro la piedra en la cocina, me gusta más para los patacones que la tabla pataconera, la uso para partir la panela… si panela para mis dulces. Uso la piedra para golpear las milanesas y luego la lavo con mucho amos, la seco y la guardo en un cajón de la cocina. Ella tiene un puesto, como cada cosita de la cocina. Nunca he trancado puertas con ella, pero me ha servido mucho y por eso, la cuido.
    Un abrazo

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