‘La Rumberita’ de Salento

Se acicala el indígena, el aborigen antiguo, el babilonio que nos dio la escritura. Se adorna la Eva primigenia con hoja de parra, luego con piel animal. Se hermosea la mujer hebrea, la indonesia, la americana, la mujer de la orbe entera. Se acicalan los hombres, los guerreros antes de la batalla, se pintan la cara, se forman castas, ornamento para reforzar feromonas. Se adornan las flechas para la campaña, las armas de guerra, se anexan apéndices al cuerpo de todos, manillas, colgantes, pectorales, plumas, aretes, oros, mirras, metales, piedra preciosas recamadas en oro fino. Se acicala el hombre.

Pero no solo el hombre, incluídos varón y varona, se acicalan en consciente estética de atracción, adornan las casas en ritual decembrino, los televisores con carpetas de croché, los muebles con satines, los zapatos con rayón de bolígrafo, la oficina con imaginerías familiares, la sala con el corazón de Jesús, el cuarto de la niña con el Juanes de la paz.

Por último, el hombre, esta vez sí el Adam, vistió los buses con estética popular. Le puso fleco a la palanca de cambios, bola de billar número ocho, fotos de las niñas en montaje fotochó, imagen con virgen Del Carmen, monedas pegadas al piso como broma irritable, calcomanía pícara y burlona, cadena colgante, pito de lujo, animal o bestia sobre el capó, número nominal, bautizo con nombre humano: La Niña Bonita, Yolanda, reina de la parranda. Los buses son la extensión de la casa de quien lo conduce en la incapacidad de llegar temprano a casa en horario regular. Los buses y su estética urbana y popular.

2 comments

  1. Laura   •  

    Qué post tan bacano. Uno -por decir que yo- monta en bus muy seguido y le ve la gracia a ciertas cosas, pero no me había percatado de la riqueza folclórica que tiene el bus. Me siento así como cuando mi papá me cuenta de las chivas o mi mamá me habla de cuando viajaba en tren por el tunel de La Quiebra…pero lo bueno es que a mi me tocó el bus y dentro de muchos años yo también voy a tener qué contar a modo de privilegio.

  2. Alberto Mejía Vélez   •  

    Me he quedado lelo con la disertación, desde Adán y Eva hasta nuestros días, faltando los fogoneros de los carros de escalera, de pie descalzo, camisa desabotonada, bota campana y palabras de grueso calibre, que se desplazaban como primates de banca en banca cobrando el pasaje; pero algo Carlos que me encantó, es el trato de varones y varonas, eso es darle postín a la igualdad, que la pobre Eva ni se lo soñó, ella, probrecita, hacía sentada lo que su consorte tenía que hacer de pie, lanzando el chorro lejos para no mojarse. ¡Qué tiempos aquellos…!

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