La Virgen de los Mutilados

Cargando sola al muchachito con rostro desconsolado, qué presente le espera a la pareja cuyo padre parece ausente; es la muerte que los separó como sentenció el sacerdote años atrás. La parca se apareció una mañana vestida de verdes que mimetizan y con fusil que aterroriza, entraron por las ventanas, abiertas en pura inocencia, y comenzaron a disparar.

Meses después, la tierra que gozaba de labrado diario, hostigada de sangre tibia dejó de producir, secó y su corazón era un puro terrón. Los pocos chiros que cabían en una bolsa fueron guardados y comenzó el exilio en tierra de hermanos. Ya no era la muerte, era la pobreza y el desconsuelo quienes visitaban a la pareja huérfana  que, corriendo sin mirar atrás, se dieron a la tarea de localizar un nuevo norte…

Esta representación trastocada de María y Jesús infante, refleja muy bien el cuadro real de cientos de “familias” en Colombia. Se me antoja llamarla Virgen de los Mutilados; la de sueños mutilados, la de sonrisas  ausentes, la de esperanzas largas, la de granitos de mostaza, la de los desprotegidos.  Cuando vi este yeso en Sopetrán, con ese rostro montañero, colombiano, rollizo y sencillo, pensé más en la familia colombiana que en religiosidad.

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