Las velas como imaginario religioso

Están a la venta en un puesto itinerante, temporal. Están allí, apagadas, como energía potencial de una oración, petición o agradecimiento. Mientras no se encienda el pabilo, la oración no sale de su cápsula invisible. Entonces, los penitentes o simples creyentes la compran en transacción mundana, para ser santificadas mediante la petición del corazón; adentro, en un templo o en las casas; en negocios o de manera inexplicable en intenciones para nada santas de sicarios y malevos.

Una vez adentro y en ritual humano, la vela es encendida para que la oración comience a humear y a subir a los cielos invisibles, física esta desconocida por nosotros. La petición, entonces, se convierte en llama en llama encendida que con alquimia invisible se hace invisible y “sube” a tronos desconocidos: la llama, la oración o el agradecimiento.

Luego, el penitente se olvida que dejó una vela encendida y vuelve a las lides humanas; al pecado y a la culpa; al arrepentimiento y a la buena obra, para luego comenzar un ciclo interminable que llega hasta el momento de la muerte donde se encienden todas las velas del alma, procurando no perdernos entre lo desconocido, más allá.

Así son las velas que hablan el idioma inefable de la oración. No se sabe porqué, a veces causan estragos en tierra, quemando negocios, casas, vidas, sueños. Algunos culpan a la idolatría; otros, al expiar de los pecados; otros, simplemente saben que el fuego quema y arrasa.

El caso es que las velas son el significante que contiene palabras encerradas en la cera; alaban con su baile en llama, alegran corazones y adornan momentos de pasión. La llama es y será siempre la dominación del fuego, nuestro vínculo con el pasado pre-histórico, con la luz y la caverna; con el pecado y el anhelo de santidad.

2 comments

  1. john walter   •  

    Aunque ya en muchas iglesias y santuarios tienen la opción de solo depositar la moneda, eso si de 500, y automáticamente se prende la vela, cuanto dura su resplandor? no se, supongo que mientras el cristiano se arrepiente o pide su deseo con fervor, opciones que nos brinda la tecnología y el modernismo, aunque las velas se niegan a desaparecer.

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