Me perjudicaron la lengua

Aunque el título reza “Me perjudicaron la lengua”; lo correcto sería decir “Me perjudicaron el sentido del olfato y del gusto”; pero como el segundo es más largo me quedo con el corto y llamativo. He de aclarar, además, que debería cambiar el verbo usado, ya que no ha sido un perjuicio sino una dicha acceder a mejores sensaciones en fragancia y sabor.

Y, ¿por qué te perjudicaron?

Comencé a tomar espresso hace 17 años, época en las que encontrar una taza correctamente preparada era difícil; pero como el tema de alimentos y bebidas es, además, un tema cultural, los sabores y fragancias son un elemento que entra a formar parte de la memoria olfativa y gustativa de cada individuo. Si aún están pensando en aprobar o rechazar este postulado, traigan a la memoria personas a las que les gusta olores a cemento mojado, a pintura arquitectónica, a cañería; personas que sienten antojos de morder un ladrillo, de comer polvo o, como en los niños, la necesidad de la vitamina M (Mugre), presente en las tierras con que juegan a espaldas de sus padres.

Contame, pues ¿por qué te perjudicaron?

Tomar espresso es sinónimo de carácter, así solo sea un asunto de imaginarios. No todos se atreven a tomar esa pequeña onza con un grado de concentración del cual saldrían hasta tres tazas de “tinto” medio oscuro. Las estadísticas de las tiendas de café le dan soporte a esta idea, ya que sus dueños saben que se pide más capuccinos y americanos que tazas del rey del café. Para la época de iniciado tomaba el espresso en pocas tiendas en Medellín y la famosa tienda de la mula Conchita abría, además, para entrar con su propuesta comercial y una taza de la bebida en cuestión preparada de su referencia Volcán, un grano con tostión intensa, criticada por algunos y justificada por ellos. Así que la oferta se suscribía a pocas tiendas y marcas de café que pudieran ofrecer algo bueno.

¿Y entonces?

¿Entonces? Entonces uno tomaba lo que había creyendo que era lo mejor y uno pagaba por ello y entraba en el círculo de los escasos. Sin embargo, en los últimos cinco años, la efervescencia del tema de cafés especiales ha escalado peldaños en el actual imaginario y Colombia y comienza el desatraso en el tema de excelencia en la preparación de bebidas de café, de mejores prácticas de cultivo, del descubrimiento de cafés con notas especiales y de la preparación académica de especialistas en el ecosistema cafetero.

Es así como en los últimos meses el nuevo aroma que se percibe en dicho ecosistema es la importancia que ha tenido el papel de cada uno de los habitantes de dicho sistema. Comienzan a nacer marcas de café diferenciado, de origen o especial; nacen tiendas de café preocupadas por la calidad de su producto; se gradúan baristas conocedores del tema, se certifican nuevos catadores que validen el tema. En fin, y todo esto se ve en un simple objeto: una taza o un pocillo con el elíxir energético adentro: el café, nuestro café, nuestro grano mejor tratado y abordado con respeto y exigencia. ¡Y esto se ve y se siente en taza!

Ahora me perjudicaron la lengua y ya no puedo decir sí en las oficinas que ofrecen “tinto”, ya no puedo adquirir mi café preferido en grandes superficies de mercado; ya debo pasar de maleducado en visitas ajenas; debo decir no a los ofrecimientos de cafés que, con el olor a preparación quedama en greca, hacen que anticipe en mi estómago el resultado de aceptar: acidez, gastritis y un mal sabor. ¡Ojo! Y no se confunda, aún tomo café hecho en olleta, sin medidas ni papel filtro, sin la ortodoxia de los técnicos baristas; para que no se confunda la exigencia con la arrogancia.

Ya mi estómago se acostumbró a meses de buenas preparaciones, de sabores campesinos de taza limpia, a productos de familias campesinas que se atreven a salir con su propia marca de taza limpia y sin defectos ni pasillas. He conocido pocas tiendas que me cierran el espectro cada vez y hacen que me tenga que desplazar para buscar la excelencia hecha espresso. Acabo de ser infiel y tomarme uno de una marca conocida que no tiene mula ni muleto y ¡no! Ese ya no es el café que tomo, ese sabor es de cuando no me habían perjudicado la lengua. Ya no me conformo con cualquier tintura.

Felicito a las marcas, tiendas y profesionales del café que están haciendo la tarea. Un saludo de felicitación al SENA, con su formación de baristas. ¡Qué bueno que me perjudicaron la lengua!

3 comments

  1. Roberto Uribe   •  

    Carlos: Descartada la mula Conchita y su café colado, de termo (que vergüenza), no hay en tu concepto dentro de las marcas comerciales que tienen cadena de expendios de nuestra bebida, ninguna con estándares de calidad?

  2. Mónica Arcila   •  

    Carlos: desde que aprendí a moler el café en grano, disfruto más preparando el espresso. Soy aficionada al café y lo relacionado con este. Tomo el siguiente dato de un libro guía en inglés que se llama Espresso y nos cuentan que en 1935 el italiano Francisco Illy sustituyó el aire comprimido por vapor y produjo la primera máquina automática espresso. También hay otros datos: un shot sencillo de espresso contiene de 90-150 mg. de cafeína y una taza promedio de 8 onzas de café de goteo contiene 184 mg. de cafeína. Una lata de Coca-Cola contiene 45 mg. de cafeína y una barra de chocolate contiene 80 mg. Datos curiosos para tu blog. Chao.

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