Mijo, vusté tampoco sopla

Pedro y Petra, llevan muchos años de estar casados. El tiempo ha hecho que vivan como si fueran hermanos, tanto, que lo que siente el uno ya estaba dando vueltas en la cabeza del otro. Les gusta las mismas chucherías: confiticos de menta, galletas de crema, bizcochos tostados -de esos de paquete-, conos, paletas.

Se organizan los fines de semana o días festivos, para dar un paseo por la ciudad, ¡claro que no muy lejos!; sienten temor por aquello de la inseguridad. Ella, se pinta los labios con recato: un poco de rubor en las mejillas, casi imperceptible, y se acomoda su bata mientras Pedro deja ver su canicie, ya que hace tiempo botó el sombrero. Pantalón de dril y camisa blanca de cuello almidonado y listos para salir. Al pasar por la plazuela, Petra se antoja del ‘raspao’ que un vendedor callejero les ofrece. ¡‘Vusté’, siempre tan antojada! ¿no mija?. No siás tan amarrao, ole Pedro. Al escucharse, en el reloj de la iglesia, las cuatro campanadas, se toman de las manos para el regreso. Petra, mira que en una caneca de basura se ha tirado un ventilador por inservible y con marrulla de mujer, le dice: mijo, vusté tampoco sopla.

1 comment

  1. Maria Moreno   •  

    Sencillamente genial!

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