Nos “juimos” de aquí – Alberto Mejía Vélez

Por Alberto Mejía Vélez

La vida hogareña se había convertido en un infierno. “No me he podido amañar ni un solo instante en este barrio; sacame de aquí antes de que me de una trombosis”, se lo decía antes de irse al trabajo, al llegar y en los fines de semana, con mayor intensidad; solo faltaba arrodillarse. Se lo decía de buenas maneras; le subía el tono al igual que doña Ramona, la esposa de don Pancho, el de tiras cómicas.

Cogía al niño pequeño entre los brazos para mostrarle que él, todos los días, estaba más flaco, “seguro era por el aire viciado que provenía de la esquina”, lugar preferido por los fumadores de ‘maracachafa’. Trataba de darle celos al contarle las miradas lascivas del tendero y Cornelio el de la carnicería cuando compraba el ‘diario’. Lloraba a moco tendido contándole la forma en que la observaban las viejas chismosas que salían de misa y escuchaba el murmullo cuando la deshollejaban, especialmente de la parte que la espalda pierde el nombre. El marido nada de nada.

No existe algo que no tenga su fin. Un viernes en la noche llegó el esposo con muchos tragos de más: “Mija, empiece a empacar que mañana por la noche nos vamos”. Mientras el marido dormía la rasca, ella cantaba al son del radio y movía las caderas llevando el compás de música costeña; se deslizo hasta la cocina para apagar las velas que le había prendido a cuanto santo le manifestaron que hacía el milagro de sacarla.

Estaba tan contenta con el trasteo que no preguntó para dónde iban. En la partida, al pasar por un hueco, sintió que algo cayó al suelo; miró y alcanzó a ver al Corazón de Jesús hecho pedazos en medio de la vía. No dijo nada y con la punta de la blusa, se enjugó una lágrima.

1 comment

  1. Olga Nidia   •  

    Qué familia no ha pasado por el suplicio de un coroteo. Claro, depende como se le quiera mirar; cuando es para mejorar como ocupar la casa propia, qué alegría y rogando a Dios que hayan buenos vecinos, que no sean escandalosos. Cuando es por desplazamiento obligado o por violencia, causa mucha tristeza dejar tantas cosas vividas.

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