¡Oe, oe! se coló, se coló

¡Pilatunas infantiles de otras épocas! Entre adminración porque reemplaza un suspiro que evoca recuerdos. Como jugar ‘Tintín Corre Corre’, osea, tocar puertas ajenas y salir corriendo para que no sepan quién fue y entre en desesperación la persona dueña del inmueble. Recuerdo una de las mías: ya no vivía en el barrio Manrique, de Medellín, pero estando allá en una visita, salí a la tienda donde siempre hacía los mandados; pasé por una casa y toqué la puerta y salí corriendo, en la esquina reflexioné y me dí cuenta que la dueña no me reconocería si me viera, así que me detuve y esperé que la señora saliera y desde la esquina le señalé que fui yo quien tocó en su vivienda, luego corrí.

Me colé en buses en la ciudad de La Dorada, en Caldas, junto con mi primo, hermano del alma, ‘Juancho’ y recorríamos toda la ciudad escondidos en la puerta de atrás, que era donde, lógicamente, uno se colaba. Mis ojos siempre presenciaron los famosos coleros que se pegaban desde la calle Ecuador con la oriental en Medellín, en sus bicicletas; tal aventura se hacía enganchando a la parte trasera del bus una cuerda a la que iba amarrada la cicla y así ganarse toda la subida hasta los inicios de la comuna Nororiental.

He de confesar, y no me da pena, que cuando nació Jacobo casí me colé en un bus, y digo casi porque fue con consentimiento del conductor para evitar tener que correr dos cuadras hasta la Clínica Las Vegas donde tenía parqueado mi carro y finalizaba una hora más de estacionamiento, parqueadero cuya hora es bien costosa. El caso fue que me monté en un bus a la altura del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid y le dije al conductor que si me arrimaba “dos ‘cuadritas’ más allá”. Jajaja,, hay que burlarse de uno mismo. ¡No faltará el que te reconozca y le de pena ajena! jajajajajja.

Imagen tomada en la vereda La Mina, municipio de Amagá. He vuelto, Jacobo mejorando, papá y mamá también.

Docencia, alumnos y pedagogía, una discusión práctica

Por Juan Diego López, Decano de Diseño Gráfico de la Corporación Universitaria Remington. / Imágenes: Carlos Múnera en TomaTodo 4, Amagá.

El texto es una carta (30 de noviembre de 2010) de Juan Diego a una compañera suya, en un diplomado con el Ministerio de Educación Nacional, con respecto a los modelos pedagógicos, en respuesta a una molestia por un comentario. Omito el nombre de la destinataria.

Para mí y para muchos de quienes participamos en la Escuela de Docentes de Ciencias Sociales de la UPB (casi nueve años) donde mediante el esquema de seminario Alemán, reflexionamos sobre la práctica docente y como define Octavio Toro, el acto pedagógico, una de las grandes conclusiones es que un modelo pedagógico en sí mismo no es nada práctico, así como una metodología de investigación, en el trabajo de campo de la investigación de mercados, tampoco es muy útil, es necesario la combinación y adecuación de modelos en el espacio y tiempo dependiendo de varios factores:

1. Temática

2. Tipo de docente

3. Características generales y particulares de los estudiantes (el más importante)

4. Competencias a desarrollar.

Así que cada docente, como bien lo dices, ajusta todos esos factores con el fin de lograr el objetivo de formar. Así que puede que el tema de la semana 1, requiera conductismo y el de la 2, un proceso más constructivista, o que el estudiante Pedrito Pérez no aprende sino es con el acompañamiento extremadamente paternalista de un conductivismo extremo…

Es muy distinto a decir que en una institución no haya un propósito pedagógico formativo. Desde lo institucional debe definirse un modelo instruccional, unos procesos y procedimientos, políticas de evaluación y toda una cantidad de cosas que giran alrededor de la filosofía y propósitos institucionales, pero no significa que todo parta de modelos pedagógicos, como yo lo veo, el modelo pedagógico (cualquiera que sea) es un referente para trazar estrategias de formación, pero no puede ser el pilar de ello.

Yo he trabajado en varias instituciones de educación superior, ninguna de ellas puedo considerarla de baja calidad, por el contrario, he sentido orgullo, aprecio y respeto por ellas, pero en ninguna de ellas, como docente, recibí capacitación u orientación para aplicar su modelo pedagógico, el ejercicio docente se basa en la experiencia de enseñanza (no digo pedagógica) de cada quien, la respuesta de los estudiantes a tal enseñanza y la relación con los jefes. Aunque conozco los modelos pedagógicos, no parto de ellos para planear mis asignaturas, parto de los factores mencionados antes y no por eso he sido la piedra en el zapato de las instituciones, jefes o estudiantes.

Uno de los docentes menos eficientes que he tenido en mi vida es todo un pedagogo que nos apoyó en un módulo llamado Evaluación y seguimiento en un diplomado de formación universitaria contemporánea, precisamente porque él estructuró su módulo basado en un solo modelo pedagógico, previendo una tipología de estudiante que él supuso tendría allí, pero tanto él como nosotros nos estrellamos con ese modelo, no sirvió más que para sembrar mal ambiente e indisponer a los estudiantes (todos docentes universitarios), el mejor docente que he tenido en mi vida fue un hombre que no pasó de quinto de primaria, sin embargo, era profesor de física, electrónica, química, francés, español, filosofía (en once, en el colegio)… quien lamentablemente fue retirado del colegio por alcoholismo… pero el mejor maestro que he tenido en mi vida es mi papá, quien ni siquiera logró su título de bachiller pues en quinto de bachillerato tuvo la misión más importante… ser papá. Eso lo hizo convertirse en un maestro, y a sus 55 años le puedo preguntar qué sabe sobre modelos pedagógicos y seguramente no responderá.

Con todo el respeto que merece la pedagogía y los pedagogos, no me parece que sea ese el punto de partida para la educación, el punto de partida para mi es el deseo y necesidad de alguien de aprender, hasta ahora no he tenido la experiencia de que un estudiante me diga “profe, vea que acá en la universidad manejamos el modelo X y usted no está enseñando diferente…”, de hecho, ni siquiera en mi primera experiencia docente, dada en la UCC con estudiantes de educación infantil, cuando en medio de mi crudeza como docente les pregunté a ellas, futuras licenciadas en educación, cómo les parecía que les explicaba la teoría de la imagen y manejo de recursos didácticos, la más joven de ellas, (2 años mayor que yo en ese momento) me dijo con pasión y sabiduría, “profe, como usted se sienta mejor y como no nos haga conversar pendejadas en clase, sino participar”.

Claro que esa respuesta tiene implícitos varios modelos mezclados y desde lo instruccional, un modelo “en construcción”, pero eso no se da, ni se ha dado previo a un curso, sino durante la experiencia de conocer al otro.

Dentro de poco se gradúa uno de los estudiantes más creativos que he tenido en mi programa, él, tiene un serio problema de aprendizaje y atención, diría que fue desahuciado por varias universidades y nosotros le dimos la oportunidad de ser él, con compañeros “normales” y sin pensar que formarlo requería un modelo diferente, es claro para nosotros los docentes que no podrá ser gerente de una empresa, pero logramos el objetivo fundamental para nosotros, que él y sobretodo su familia creyera en sus capacidades como ilustrador y creativo y que sienta confianza para buscar clientes y ofrecerles su talento, de hecho, lo hace desde segundo semestre diseñando empaques.

Con todas estas anécdotas lo que quiero aclarar es que -para mí- los modelos pedagógicos en la educación no son ni principio ni fin, son solo referentes.

¡Vení dame una ‘palomita’!

Palomita: oportunidad de montar en un tipo de transporte móvil ajeno.

Tipos de bicicletas hay muchas: cross, ciclismo, ruta, todoterreno. Las hay de frono de mano, a contrapedal. Las hay con flecos en los manilares, con ruedas auxiliares para los principiantes. Hay con rines de teflón, con radios. ¡Ah! qué tal aquellas con sillín para tres pasajeros con imitación de piel de vaca, con pito de pera, con luz generada por un dínamo. Qué tal las ciclas que usaban los adultos en cuya parrilla trasera ubicaban un sillín adornado con flecos.

Fuere cual fuere, montar en cicla era un placer, y digo era porque, por lo menos yo, llevo años de no sentar mis nalgas en un sillín de bicicleta. En tierras planas es una bondad usarlas, ir como preso hecho libre rodando por toda la ciudad, conociendo los rincones más desapercibidos, transitando zonas prohibidas, llevando alguna pasajera enamorada.

A muchas de ustedes, sus novios las paseaban en cicla, o el doncel llegaba a la visita de ventana en ella, la dejaba parqueada o amarrada con cadena y en la sala, tomados de la mano y vigilados por decenas de ojos, se desarrollaba el sano contubernio. “‘¿Me das una ‘palomita’?”, sugería ella; “Sacá una almohada y montate, pues”, terminaba él.

Imagen tomada en Amagá, TomaTodo 4

Artesanías desde Neiva, Huila.

A quienes me decían: “…espere y verá, que ya con hijo ahí se le acabó la paseadera”, a ellos les cuento que el infante Jacobo Múnera López nació con alma de gamín, no se le arruga a nada, no llora, no pone pereque. Si se ensucia se le baña en borde de carretera con agua chorreada de botella, suspira si está fría y no más. Ventanea, brinca dentro del carro y si se le saluda desde afuera con un adiós de mano, se ríe que da gusto.

A los que decían que con niño a bordo se nos acababa la paseadera les informo que desde el mes de nacido, Jacobo ya conoce: Támesis, Jericó, Manizales, El Retiro, Amagá, La Ceja, Rivera, Neiva, Rionegro y otros que no recuerdo. En la última imagen, Jacobo en Doradal agarrando el tarro de agua con que lo bañamos vía a Neiva. ¡Tan maluco que es pasear!

Artesanías de Neiva, Huila. Malecón al borde del río Magdalena.

Muñecos del 31 de diciembre: La Perris

No veo narco-novelas, pero vale la pena mostrar este tipo de representaciones que serán quemadas el 31 de diciembre, ojalá sin pólvora. Vale la pena un ritual como estos, ritual que muchos hacemos con diferentes motivos: quemar un conjunto de cartas para romper con un pasado, quemar símbolos que no nos identifiquen, quemar esas cosas con las que queremos romper a modo de exorcismo. Cinco cosas para quemar:

  • Las maldiciones que otros nos digan.
  • La inseguridad.
  • La falsa humildad.
  • Cartas que nos aten a un pasado triste, lastimero, pobre. (Lo escrito funciona como una visión de lo porvenir)
  • Las palabras negativas.

Muñeco de La Perris en Amagá. Antioquia.

La pertinencia en las dádivas

La idea era hacerle visita a la viejita tía de Alfredo, mi suegro, para ver cómo se encontraba, pues vivía casi hermitaña en las encumbradas lomas de la vereda Yarumal del municipio de Amagá, suroriente antioqueño. Comiendo aire, cocinando en leña.

La idea era llevarle un mercado a la vieja. Un mercado con arroz, fríjol, pasta y parva, consistente en pan, pandequeso, almojábanas. También se le “requintó” la bolsa con jabón, crema dental y otros útiles de aseo.

¿Jabón? ¿crema dental? Ana del Carmen hizo esa pregunta con un desprecio de quien es ignorante. Ana, nunca en su vida, había usado eso que llaman crema dental, eso que otros llaman Colgate, que otros llaman Kolinos, eso que de niño llamaba Pruf. Y tampoco sus sobacos, sus pliegues, sus callos y menos su cabello, habían recibido el bálsamo sanador del jabón; no por ello Ana era cochina. Ana lo hacía a la antigua usanza.

Ana del Carmen, no miraba con desprecio el mercado por orgullos impuestos o heredados, es más, ella no miraba la bolsa con desprecio, más bien, la miraba con curiosidad, como tratando de entender, qué cosas habitaban allí dentro.

¿Pasta? ¿Espagueti? ¿Y eso, cómo se hace? ¡yo no sé hacer eso? ¿eso pa qué? ¿Pa qué esa parva, pa qué tanta? ¡eso aquí se daña? ¿Y estos tarros qué son? ¿y yo, cómo abro esas latas?

Hace poco murió la vieja Ana del Carmen, murió sola, hermitaña. Jamás conoció la pasta dental y el jabón. Jamás conoció hombre alguno ni probó de él sus mieles. Murió hace poco, señorita, sola, mañosa, sin prole, con todos sus hermanos muertos.

Los estratos de la carne

Verdad es que la vida tiene sus estratos, como lo tienen las comunas, los barrios, los restaurantes, los centros comerciales. Verdad es que cada uno tiene su público. Que las diferentes estratificaciones son causa de discriminación o de ordenamiento, en algunos casos. Pero qué triste sería que nuestro propio cuerpo fuera estratificado, y que valiera más mi oreja que mi ojo, o que el píloro fuera de “mejor familia” que el duodeno.

Le pasa a la vaca “por vaca”, le pasa al cerdo “por marrano. Su cuerpo entero está estratificado; peleado por unos, rechazado por otros, la carne de ambos animales es causa de diferencias y discusiones. No mal entiendan la siguiente lista, no se trata de estratos socio-económicos, sino, de los estratos de la pobre res.

Cortes de carne estratos alto (se sugiere de raza Angus Brangus):

  • Punta de anca (Asasr)
  • Solomo (Asasr)
  • Solomito (Asasr)

Cortes de carne estrato medio (Romosinuano, puede ser):

  • Tabla o capón (Moler)
  • Huevo de aldana (Moler)
  • Sobreanca, solomo extranjero (Freir)
  • Copete (Cocinar, sopas, sancocho)

Cortes de carne estrato bajo (cualquier vaquita sirve, coja o mal herida):

  • Tunas (Cocinar)
  • Sobrebarriga (Cocinar)
  • Tres telas (Cocinar)
  • Nuca (Desmechar)
  • Lagartón (para moler. Mucho ñervo)
  • Calambombo (Sustancia)
  • Hueso (Para sacarle el tuétano, chupaíto)

Y pa qué bobadas, pero es que una arepita con una sobrebarriga y hogao sabe deliciosa o un buen hueso en un sanchocho trifásico es indispensable. Pero no neguemos que una punta de anca es de lo mejor, eso sí, con gordito ¡por supuesto!

Datos aportados por Graciela López, auxiliar de una carnicería de Amagá, Antioquia.

Alfredo, un hombre sencillo

Alfredo López es hoy, el director general de las orquestas Los Decanos y La Tropibanda, esta última fundada por Humberto Muriel, director del Combo de las Estrellas.

Don Alfredo nació en Amagá, vereda Piedecuesta. Su cuna era una caja de cartón y para estar bajo el cuidado de su padre, éste lo llevaba desde la madrugada a los socavones de las minas de carbón y allí improvisaba una cuna hecha de costales para poner cuidado a su hijo.

Alfredo vivía a pie limpio, sin más zapatos que los que le dejaban ponerse para ir a misa, porque ni para ir a la escuela los calzaba, pues no gustaba aparentar orgullos ante los demás compañeritos.

Cada vez que su padre terminaba la jornada de trabajo, don José visitaba con su tiple la tienda cercana, acompañado por su hijo Alfredo, para que este llevara el ritmo con su charrasca. La carrera musical de Alfredo había comenzado y en la vereda lo extrañaban cuando su padre no lo llevaba a las verbenas musicales.

En tercer año de bachillerato, Alfredo integraba la orquesta del liceo, allí tocaba el güiro y era cantante. Luego fue integrante de la orquesta Ritmos Tropicales en la que permaneció 25 años recorriendo los municipios de Antioquia. Pero el anhelo de formar su propio grupo lo llevó a comprar equipos e instrumentos fundando así la orquesta Los Decanos.

Hoy en día Los Decanos y La Tropibanda salen a dar sus descargas musicales bajo la dirección de este sencillo caballero. Y escribo esto, como un pequeño homenaje a su sencilla persona y porque además nos deja colarnos, a mi esposa y a mi, para viajar por los municipios de Antioquia y engrosar mi acervo fotográfico. Cabe decir, que don Alfredo es el padre de mi esposa.

Humberto Muriel, director de El Combo de las Estrellas

De niña, mi madre Marlene se asomaba por cualquier hendija que tuviera el radio transistor de la casa, para ver a aquellos locutores y cantantes, cuyas voces escuchaba cada que sintonizaban una emisora. Pero mamá nunca pudo ver a los protagonistas de la vieja radio, que tanto se ensañaban en mantener sus rostros anónimos.

Como a mi madre, a Humberto Muriel también le ocurría lo mismo, allá en Amagá, cuando aún se revelaban las anécdotas a blanco y negro.

Humberto Muriel es el Representante y Manejador de la conocida orquesta El Combo de las Estrellas, desde hace 33 años; cosechando logros, palmas, aplausos al son de los bailantes que tiran paso.

Humberto Muriel, piernipeludo para el momento, se preguntaba cómo hacían los cantantes para tocar su música, allá, encerrados en el primer piano (rockola, traganíquel) que llegaba a Amagá, para distraer a mineros y visitantes en el famoso kiosco del parque. Cómo cabían todos, cómo hacían tantos para encajar allí.

El ayer, músico, y hoy, representante de una de las mejores orquestas embajadoras de la música colombiana, se mantiene montañero, ligado a la tierra que lo vio caminar descalzo por sus calles. Él, y sus amigos de infancia, no veían la hora de salir de misa para quitarse lo más pronto, los zapatos que tanto atormentaban unos pies acostumbrados a sobar la tierra en cada caminar.

Recuerda también, a manera de postal, los días en que las jovencitas de su municipio, se tomaban de gancho entre ellas y pasaban de lado a lado del parque, para mostrarse y coquetear a los chicos que las veían desde el atrio de la iglesia o sentados en las bancas de las heladerías contiguas. Recuerda como si fuera hoy, los diferentes olores a fritanga y morcilla de domingo, en el parque, y los sonidos de metal, de machetes rozando el piso, manipulados por campesinos y mineros en ardientes peleas de calle y de sangre, y luego verlos corriendo rumbo al hospital.

Humberto se mantiene montañero -en el buen sentido de la palabra, aunque no vale la pena aclararlo- cada vez que participa de una sancochada, de una merienda o de un asado en compañía de familia y amigos, recordando así las viejas costumbres que lo ligan a su tierra. Eso me inyecta energía y recuerda mi origen, sobre todo en momentos de cansancio o cuando mi salud es menos amable, comenta.

Cada vez que responde a una entrevista, recuerda su madre tierra, donde jugaba en grandes solares y respondía a su libertad andando a pie limpio, con alegría. Esa misma alegría no ha apagado su mecha y es la que lo confirma como una persona sencilla.

Ante tantos logros, tanta fama y rodeado de ambientes tentadores, Humberto dice que es la música la que lo mantiene pegado al piso, pues es su verdadera pasión: desde que nací, esa era mi inspiración.

Pero estas cortas letras -donde muestro a un Humberto poco conocido- también son espacio para dejar ver la inconformidad, que Muriel, siente por su municipio. No le perdona a Amagá el poco progreso que han inyectado sus líderes y el manejo que han hecho de sus administraciones. A sus paisanos tampoco les perdona la poca exigencia a la hora de elegir a sus gobernantes y lo conformistas que son. Falta cultura y políticas aplicadas para impulsar esta tierra, falta apoyo, por ejemplo: para cultivar valores como la música y el arte.

Las historias están en los huecos

Humberto de Jesús, de Amagá, Antioquia. Un trabajador y artesano del vidrio “lo que yo hago, no lo hace nadie más en el mundo”. La verdad, él trabaja con vidrio y espejos y no es que sea único su trabajo, es la hipérbole que acompaña el amor por lo que hace.

Calle La Paz con Cúcuta, decenas de chatarrerías. Buscaba cualquier rincón para ampliar mi archivo de fotos para el blog. Entonces, me asomo, pregunto, toco, me meto, me agacho, husmeo, huelo, miro, calculo y pido permisos para unas cuantas vistas.

Encuentro personajes, hago amigos, tomo tinto barato, me asomo a la imagen y tomo las fotos. Así es la calle, así son los huecos, así son los intersticios entre ladrillo y cemento, con sorpresas entre las hendijas.

Vida de perros

Benjamín

Conocido en la Comuna 1 de Medellín por sus finos modales, heredados quizá, de su primera dueña, doña Alcira; una anciana con abolengos en su apellido, o por lo menos así lo decía ella cada vez que don Cipriano le cobraba los fiaos en la tienda.

Benjamín ha pasado por otros cuatro dueños, sin encontrar amaño en ninguno de ellos. Se le ve a cada rato, sentado, con los mismos modales de doña Alcira, esperándola en cada cabina que al Metro Cable llega, pues ahí fue la última vez que la vio y le bolió la cola. Lo que no sabe benjamín, es que a la Doña, la atropelló un bus de Santo Domingo por no ver que el semáforo peatonal estaba en rojo aún, y menos sabrá Benjamín, que quien conducía ese bus, era el mismísimo nieto de Alcira.


Bombera

Habita en un garaje ocupado por los Bomberos de Copacabana. De ella dicen, que cuando va a ocurrir un incendio, comienza a purgarse comiendo yerbitas y matas que nacen entre ladrillos, para después soltarse en una diarrea que no para en dos días.

Por eso los bomberos le paran bolas a cada instante, sobre todo en las épocas de navidad. Lo más gracioso es que Bombera, no anticipó el incendio de lo que era su nido, su dormidero. En la navidad del 2007, un volador cayó, después de explotar, justamente en la cobija que le servía para tirarse a dormir. Entre los pliegues de la cobija, se calentaban tres cachorros recién nacidos. Nadie lo sabía.

Velón

Velón fue criado en las minas de Amagá, pero su dueño fue uno de los que tanto a donado su vida a las tierras de este municipio de Antioquia. Parmenio, su dueño, le tiraba en las tardes de libertad, por fuera de la mina, le tiraba casquitos de mango.

Velón por eso, se va cada tarde a esperar que algún manguero del parque de Amagá, le tire aunque sea, las pepas de los mangos ya vendidos.

Ponele nombre al siguiente e inventate una historia… Es de Jericó.

Carmen de Viboral

Así es aquí, así es la cosa, no es sino sentarse en algún granero o tienda o parviadero para hacer amigos fácilmente. Y así nos pasó en El Carmen de Viboral en el Oriente antioqueño. Para bajar una bandeja de fríjoles verdes en la vereda Llanogrande. Nos acercamos mi esposa, María una amiga y yo a este bello municipio a buscar unas cuantas vistas, llámenla fotos pues, y a buscar un tintico pa bajar la reciente carga del almuerzo. Un local me pareció agradable y allí pedimos tres negritos -dos de azúcar para mí-.

Don Alberto es el anfitrión de esta tienda, más famosa aún por vender un chorizo casero conocido por residentes y forasteros. La disposición de la mesa mostrador en forma de U propició una breve charla entro los presentes, entre ellos Jorge quien me respondió: El trabajo enloquece y el ocio dignifica, cuando le pregunté en qué trabajaba.

Reímos, tomamos tinto, hablamos de blos (blogs), de región, de Aristóteles y de la cuenta que fueron novecientos.

Así somos por estos lados: ponemos conversa, hacemos amigos, nos reímos un rato, nos pasamos el plato, nos hacemos vecinos, nos creemos hermanos, quedamos en vernos, promesas estas que a veces nunca se cumplen, nos damos la mano, nos decimos hasta luego.

La tienda de Don Alberto no está en las fotos. Imágenes tomadas en El Carmen de Viboral.

¿Querés conocer Puerto Berrío?
¿Ya fuiste a Amagá?

Bajo la fachada de mendigo

Permítanme ser anempático con la imagen aquí expuesta y hablar de algo que me enerva y me pone la sangre verde de la ira.

Ayer fui testigo de cómo un adulto de 38 años aproximadamente, vigilaba, presionaba y obligaba a 3 menores de edad de entre 13 y 14 años estimados, a mendigar en el puente peatonal que accede a una estación del Metro, hecho que denuncié a la autoridad respectiva, pero que necesita de pruebas sistemáticas para ser condenado.

Con este ejemplo quiero gritarles: NO DENNN LIMOSNASSSSS. Detrás de cada mendigo hay un “Manager” vigilando, esperando y cobrando su alto estipendio. Amados lectores, conozco a una que mendiga y se jacta en Amagá, de mostrar su nevera llena de viandas marca Zenú. Sé de otra que cambia las monedas en una cafetería en la Plazuela San Ignacio y expresa lo mal que le va, cuando a las 12 del día apenas lleva 50.000 pesos oro. Veo a diario el negocio de una que tiene trillizos y se empaca MÁS de 100 mil diarios. Varias veces he visto a la emperifollada “dama” que pide en cifras exactas para recuperar el pasaje perdido para regresar a San Pedro de los Milagros… aunque sin reconocerme, ella me ha pedido en otras oportunidades para “regresar” a Santa Rosa de Osos… ¡Viajera la “dama”! porque es que es pinchada y todo, caminado de alta alcurnia y ropa de sociedad. Veo en semana a otro que no se quita la varilla externa que une sus huesos “rotos” porque ahí es donde está su minita de oro. También a tres señoras muy aseñoradas he visto por años pidiendo en las cercanías al Metro y su modus operandi es hacerse en los teléfonos públicos a pedir para el “pasaje”. ¡Ah riqueza tan fácil le hacen quienes les dan a su pedir!

Y haga cuentas… Los gamines piden y piden y piden y no gastan absolutamente nada; yo mismo los veo a las seis de la mañana rompiendo todas las bolsas de basura en la calle Boyacá, para sacar la comida vinagre que dejan las cafeterías del sector. Ellos no compran comida, ellos no pagan estadía alguna; ellos se la consumen toda en las cuevas y aceras cerca de la Minorista, no pagan impuestos, menos arriendo, actores son y manipuladores muy. Saben su papel manipulador y su acento pordiosero… ¡Ayyy no lo sé yo que me las camino todas!

Ahí les dejo este link http://www.medellin.gov.co/nomaslimosnas/index.html

¿Qué se hicieron los niños?

¿Qué se hicieron los infantes que chupaban y mamaban las mieles de la madre? ¿Para dónde se fueron a jugar que ya no los veo transportar teteros? ¿Qué se hicieron las edades mozuelas inocentes de tanta mentira, de tanta verdad? Estos berriondos ya nacen aprendidos, conectados a un computador, nacen dentro del video juego. Ya no son ignorantes, saben más que sus padres, en mounstruos intelectuales se han convertido.

¿Qué se hicieron los que jugaban con bolas, con taquitos de madera, con crayones y con pintelas? ¿A dónde fueron a parar las mentes vacías ativas para aprender? Ya nacen imponiendo, exigiendo atención, ya no se les puede dar la pela, ya no se les puede dar con verbena. Ya no chupan teteros sino que ponen tutelas, nacen agremiados, manipulan y se ríen.

Estos pelaos ya no son nuestros y nosotros ya no somos de ellos. Estamos en otro estadio de la historia. El mundo aún no es de las máquinas, las máquinas son de ellos.

En la imagen: Carrito de bebé adaptado para las ventas ambulantes, una tendencia nacional. Me pregunto, ¿quién sería el primero en imponer esta tendencia? – Amagá, Antioquia.

Gotas para lagastritis de los viejos antigos

Un rostro recortado de un afiche, retocado en sus ojos y plastificado es la imagen de esta rural campaña publicitaria. Se trata de un “Fierro capilar” de la marca “A DE LA MEJIA Y ROBERTO”, unas gotas milagrosas al parecer, para los ojos y para lagastritis*. También hay cremas para lacara*, barros y espinillas. ¡No desconfíe! Muchos documentos acreditan la fórmula de los viejos antigos*.

Pero eso no es todo, para el “acio úrico” hay 20 fórmulas que no conocen ni los médicos. Llamenos para tener el gusto de experimentar con usted. Valla artesanal vía a Bolombolo, saliendo de Amagá en Antioquia.

Hablando de otra cosa… ¿Sí sería verdad que yo tenía lombrices? / Recuerdo que cuando pequeño, doña Juanita mi abuela, me hizo un collar de ajos para espantar las lombrices que al parecer anidaban en mis entrañas. Y para completar, en las mañanas me levantaba con “delicioso” jarabe casero hecho de: Leche, 3 ajos machacados, 1 copa de aguardiente… por si el berriondo collarcito de perlas olorosas no espantaba las langarutas lombrices. ¿Quién seguía en la cama con semejante despertar?

12