Por los apodos se conocen las familias en Amagá

Publicado en Generación, suplemento dominical de El Colombiano, 4 de marzo de 2012
Por Carlos Múnera

Salga del Valle de Aburrá, tome camino vía al Suroeste, ingrese al municipio de Amagá y conozca a: los ‘Pájaros’, los ‘Cucarachos’, los ‘Palomos’, los ‘Tigres’, las ‘Cigüeñas’, las ‘Arañas’, los ‘Burros’. No es que este municipio haya cambiado su vocación minera y esté impulsando el tema ecológico, que lo puede hacer; se trata de un fenómeno social arraigado desde hace años en este territorio antioqueño: los apodos familiares. Una especie de bautizo comunitario que se presenta por familias y que hace que los verdaderos nombres de sus integrantes sean poco conocibles y conocidos.

En Amagá, pocos reconocen, por ejemplo, a María Isabel Betancur; pero si pregunta por ‘Mape’ o la ‘Mapeleña’, esposa de ‘Boquepato’, inmediatamente le darán razón y paradero de ella. O si pregunta por Silvia Socorro Giraldo Ossa, dirán que jamás ha nacido tal mujer; pero si pregunta por la de los ‘Cenizos’, sabrán de cuál doña Silvia se trata. Cuenta María Isabel que el apodo familiar tiene los años de su esposo: 65; y que se lo pusieron a él y a sus dos hermanos desde pequeños, “Dizque porque cuando nacieron, tenían la boca puntudita”, detalla María -¿o ‘Mape’?-. Ella y Darío ‘Boquepato’, tienen tres hijos y a esa generación también la identifican con dicho sobrenombre familiar, aunque cada uno tiene el suyo: ‘Tata’, ‘Muñeca’, ‘Tato’ y ‘Pingüino’, este último, fallecido.

El origen de cada apodo se adhiere a cualquier circunstancia. Silvia Giraldo, de los ‘Cenizos’, cuenta que su hermano, José Manuel Giraldo, tuvo un carro de servicio público color cenizo hace 25 años, y que desde ahí comenzó el mote familiar que cubrió inmediatamente a nueve hermanos. Al escuchar: ‘Kika’ grande y ‘Kika’ pequeña, se podría hacer una representación de una asimetría física femenina, pero se trata de Miriam de Jesús Atehortúa Sánchez, la ‘Kika’ pequeña, hija de Carmen Luisa Sánchez, la ‘Kika’ grande; integrantes de un grupo familiar de cuatro mujeres, que deben su apelativo a Luis Enrique Atehortúa ‘Kike’, esposo de Carmen y quien lleva 60 años con el apodo, heredado también a sus ‘Kikas’. Al clan, no les molesta que los llamen así, es más, no los conocen por el nombre.

Algunos alias deben su inicio a fenómenos lingüísticos como el caso de los ‘Peítos’, término que estimula algunos sentidos, pero que en este particular se debe a la síncopa del diminutivo de Pedro: Pedro-Pedrito-Peíto. Otros, por la actividad económica de alguien de la familia o por alguna condición física. A las ‘Coneras’, porque Raúl Arboleda, vendió conos; los ‘Mencos’, por tener un padre grande; los ‘Chinos’, por un papá pequeño; los ‘Tonelada’, por un padre gordo; los ‘Aguacateros’, por un padre vendedor de aguacates; los ‘Lágrimas’, porque dicen que Alonso lloraba mucho; los ‘Campesinos’, porque tenían una casa donde llegaba la gente del campo a cambiarse pantalón y botas antes de ingresar al casco urbano.

La lista de remoquetes continúa y hace ver que las partidas de bautizo solo han servido para las matrículas estudiantiles, la apertura de cuentas de banco y algún oficio radicado en notaría; pero poco o nada para identificar a los integrantes de grupos familiares: las ‘Cagadas’, las ‘Miadas’, los ‘Arbolitos’, los ‘Mochilos’, las ‘Mafifias’, los ‘Pencas’, los ‘Mojojoy’, los ‘Morolos’, los ‘Pelayos’, las ‘Manicorticas’, los ‘Tiznados’, los ‘Mondongos’, los ‘Pastrana’, los ‘Julipos’, las ‘Niñabonitas’, los ‘Gurusos’, los ‘Cabezones’, los ‘Marraquetos’, los ‘Cucharas’, los ‘Pininas’, las ‘Pimpinas’, los ‘Maúllas’, los ‘Cholas’, los ‘Cajiaos’, los ‘Piscos’, los ‘Espíritus’, los ‘Cebollos’, los ‘Albóndigas’, los ‘Panaderos’, las ‘Ninaninas’, los ‘Coloraos’, los ‘Mollejos’, los ‘Tocamochos’, los ‘Cuchillos’, las ‘Porcelanas’.
Laura Cristina Rodríguez, del clan los ‘Buñuelos’, cuenta que su abuelo, Jesús Estrada, gustaba demasiado de los buñuelos y, en alguna ocasión, se sentó en una panadería a comerse muchos, demasiados para una sentada; hecho que lo llevó a ser identificado con dicho mote al igual que a su descendencia de 11 hijos, más los nietos, bisnietos y tataranietos: 50 familiares aproximadamente. Juan Miguel Tabares, bisnieto de Jesús Estrada, tiene seis años y no le gusta que le digan con el alias de su familia, él dice que es de los ‘Tabares’, que no es ¡ningún buñuelo!

¡La lista no termina! continúa por calles y carreras, por centros poblados y caminos veredales. Así que si quiere conocer más apodos familiares de Amagá, ingrese a la ‘Vecindad del Chavo’, una casona que fue dividida en pequeños apartamentos y que pertenecía a los ‘Albóndigas’; pase por el ‘Callejón de las Arañas’; vaya a la ‘Calle de las Garcías’ o a la de los ‘Pinches’; suba a la ‘Esquina del Gato’, que queda en la ‘Cuadra de los Pinches’ cruce por ‘Shangai’ y conozca a los ‘Peítos’ o vaya al ‘Callejón de la Esperanza’, por dónde viven los ‘Mierditas’ y observe este fenómeno social bastante curioso, o pregunte por Marina, la de las ‘López’, que fue quien me llevó de la mano por ese laberinto de seudónimos familiares que configura una forma diferente de nombrar al ser.
¡Tranquilo! Si no ha logrado entender este enmarañado tejido humano municipal, si se le ha dificultado hacer el mapa generacional o esbozado la red que une a este municipio, espere que le cuenten lo que pasa cuando se unen dos clanes familiares cada uno con sobrenombre diferente. ¡Dé “papaya” y verá que también le ponen mote!

3 comments

  1. Yuliana Betancur   •  

    A la familia de mi papá le dicen los ovejos. Cuando era niña, una tía de mi papá me molestaba con eso. Un día salimos a caminar por el poblado mayor Pueblo Viejo en el municipio de La Estrella, y habían un montón de ovejas, cuando dice ella:
    – Ve aquella negrita, pequeñita que hay allá es Yuliana.
    Y contesté yo sin pensar:
    (Yo tenia como seis años) y esa fea mechuda, vieja que hay allá es usted.
    Me dieron una pela
    pero después de ese día no me volvió a decir oveja.

  2. jairo carmona valencia   •  

    Entretenido, jocoso y real como todo en ésta Chibchombia que nos tocó vivir. así es como el pueblo nivela a las personas con el mismo rasero. Te felicito por qué esa es la quinta esencia del comportamiento de nuestros pueblerinos, muy ameno tu artículo Carlos Mario, temas como éste me recuerdan a Rulfo y su “LLano en llamas”.

  3. Simón Pedro Velazquez Rivera   •  

    excelente crónica, faltaron muchicimos y creo que me dare a la tarea de ver cuales, nos reímos mucho cuando lo leímos en familia, felicitacions

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