Retención legal de uno mangos maduros

Varias centenas de mangos esperan, presos, la bondad de algún comprador viajero. Se vistieron de cálida gala con cáscaras naranjas, rojas y amarillas, haciendo uso de unos verdes que juegan en contraste. Apiñados, algunos de ellos se asoman por las endijas que dejan las barras que apresan, avisan a los de más adentro que se acerca un comprador viajero, temen quedarse allí para siempre, madurar y ser olvidados.

Las barras de la guadua, remachadas con tapas de gaseosa que hacen de arandela fija, privan a la centena de mangos de su libertad, los atajan, los castigan, los ordenan, los privan de viento y de pájaros amigos. Pasarán los viajeros, unos preguntarán cuánto cuestan y con mala cara seguirán, otros se llevarán otra caja, otros quizá, se los lleve a ellos.

Venta de mangos en la vía Medellín – Neiva a la altura de Mariquita.

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  1. alexandra   •  

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