Rituales en el álbum familiar

Crónica publicada el 20 de mayo de 2007 en Generación de El Colombiano

Digan güisqui…

 

… y entonces todos tratan de sostener por segundos extensos, una sonrisa por entero forzada a la espera de ser heridos en los ojos por pequeñas explosiones, participando todos de un ritual que deja ver nuestra verdadera misión en la vida: ser felices.

 

Ver un álbum familiar es ver el de otros miles, sólo que con rostros distintos, pero todos obedeciendo un ceremonial latente en nuestros inconscientes. Muchos rinden una veneración especial que me inquieta, ante objetos en particular: qué álbum no exhibe un espejo destellante adornado de un rostro quinceañero, qué galería no resalta el carro de turno partícipe de paseos populares, qué mamá no capturó el triciclo metálico al lado de su hijo; ¿o es al contrario todo ello?

 

Más rituales se cuelan en los álbumes…

 

Teléfonos que tutean apoyados en orejas infantiles (el teléfono debe ser de cordón espiralado, no inalámbrico), bañeras que cargan muchachitos, perros de ojos rojos al lado de sus dueños, niños con roles de súper héroes exhiben vestuarios sin poderes. No falta la foto también, de algún integrante de la familia al lado del nuevo equipo de sonido o del nuevo televisor, o familiares vivos enterrados en la playa, no falta la exhibición de copas o de cervezas o el cuchillo hiriendo la torta. Es que es el lugar, es la celebración, es el encuadre, es el objeto, todos ellos parte del culto inconsciente, rituales que seguimos obedientes.

 

 

O sinó…

 

Por qué no podemos quedar tristes en las fotos, por qué no despeinados, por qué no el registro de nuestra varicela si esa es nuestra hermosa realidad (reiríamos copiosamente), por qué no puede quedar el pote de champú al lado del postre como resaltaba Beatriz. Cumplimos rituales, imaginarios sociales, convenciones explícitas.

 

O entonces…

 

Por qué estamos siempre felices en las fotos, por qué todos alrededor de la torta en el centro de la imagen, ¿no es el niño pues el que cumple cinco años?, por qué la foto al borracho pintado, por qué llevan muchas veces los rostros a la mitad del encuadre.

 

No faltan las fotos chupándose el dedo estando ellas, en la cocina desprevenidas, o de nosotros bajo grandes construcciones y monumentos, al lado de palomas sin nacionalidad, apagando velas tercas (esta foto se repite hasta que quede “bien”), no faltan las fotos rasgadas que dejan entrever un amargo recuerdo masculino.

 

El ritual de la utopía

 

Nadie posa en un velorio ¿o qué álbum familiar registra el dolor? Tal vez lo hagan los cronistas visuales, documentalistas de la historia que retratan el palpitar humano con sus nacimientos y partidas, que revelan dramas humanos para ver la realidad como la pintó Picasso (Por delante y por detrás). En cambio el álbum familiar conserva la realidad última imaginada, la de la felicidad, la de la perpetua tranquilidad sin vacilaciones de lo porvenir, conserva la eterna juventud, conserva las estéticas comúnmente aceptables. Tal vez por miedo al olvido, a la desaparición total de nuestros seres ausentes, a la muerte última que es la ausencia de imagen alguna, tenemos miedo a que nuestra niñez no haya transcurrido, a que la imagen mental desaparezca.

 

Otros álbumes

 

Pequeños e itinerantes, son las billeteras. Allí el ritual para unos, es coleccionar rostros 3×4 de los ex novios como botín de cacería adolescente (al hombre no le dejan cargarlas). Se lleva allí también el proceso de crecimiento de los hijos, la imagen del amigo finado, de la madre ausente, más otra larga lista de imágenes en plano entero y plano busto de toda la corte celestial de primer orden.

 

Yo que identifico rituales en álbumes ajenos, no me había percatado de un ritual personal hasta que Diana Henao amiga mía dijo… “TAN POSUDO, pero miralo pues”. En todas las fotos posaba cual modelo de catálogo infantil y es que no había caído en la cuenta de que yo posaba desde niño. Saluden al pajarito: ¡clic!

5 comments

  1. christian sucerquia   •  

    CARLOS me gusto mucho. recordé la niñez y la época donde apenas era un privilegio tener moto y pues nuestro padres querían sacar un lindo retrato con el vehiculo,

    Felicitaciones por ese blog tan bien equilibrado que tiene

  2. Cristina   •  

    Carlos, disfrute mucho este tema porque me identificaba con la epoca de mi niñez. La foto en la moto del tio o el vecino, el triciclo del hermano mayor y la foto con el teléfono. Todo simplemente espectacular. Te felicito!.

  3. diego   •  

    Gracias por abrir la puerta del recuerdo,de una foto mia tomada en el año 1965 cuando las calles del barrio belen eran todavia destapadas.gracias nuevamente gozo mucho sus articulos.

  4. adriana   •  

    nada mas ayer, depues de muchos arreglando cajones encontre los albunes familiares, mi papa era foto adicto, gracias a Dios…. son los mejores recuerdos, de esos años….
    que bien para los q tenemos esas fotos

  5. tatiana vera   •  

    Siii hay que belleza yo recuerdo la foto en la bañera (esta no me gusta porque le conocen a uno todo el mercadito) la del triciclo, la del teléfono y otra que es súper linda, la de uno saliendo para la guardería todo organizadito y con el bolsito al hombro.

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