Soñar con ventanal propio

Arturo Guerrero | Medellín | Publicado el 30 de marzo de 2011. Tomado de Opinión, de ElColombiano.com, con autorización del autor

Arturo Guerrero

La retórica ha nombrado desde siempre techo en lugar de casa, la parte por el todo. La metonimia o sinécdoque ha querido que sea la cubierta superior la que simbolice la vivienda entera. Los hogares suspiran, así, por hacerse a “un techo propio”.

El reinado de pajas, tejas y planchas parece estar feneciendo. Otros componentes de la casa o apartamento toman primacía en el gusto contemporáneo. Una de ellas fue prevista por Le Corbusier: “La historia de la arquitectura es la historia de la lucha por la ventana.

La ventana ha estado durante más de mil años luchando por las más grandes dimensiones posibles, en contra de las limitaciones impuestas por los materiales y métodos de la construcción”.

La gente de hoy no aspira al techo propio sino al enorme ventanal panorámico. Busca luz y alta vista, en lugar de encierro y protección contra trueno y tigre a la manera de los indígenas que no tuvieron ventanas.

Tampoco quiere las coloniales aberturas rectangulares en el muro, clausuradas del exterior mediante barrotes y postigos de madera.

Incluso es caduco el moderno y funcional concepto de la era industrial, con hormigón, hierro y vidrio, que permite iluminación, ventilación y contacto con el exterior.

A comienzos de la segunda mitad del XX, Le Corbusier vislumbró la ventana del futuro, que es hoy: ya no más cuadrículas dentro de un muro, espléndidas láminas de vidrio reemplazan madera y ladrillo permitiendo observar naturaleza y cielo, en sensación de amplitud y libertad.

La nueva ventana es muro y cubierta, es solárium e invernadero, observatorio estelar y jardín traslúcido, nave espacial y escafandra, árbol con nidos, horizonte imbatible, línea de fuga, plataforma de imaginación, pista de contemplación, atalaya hacia el fin del mundo.

No es ventana, es ventanal, mirador que en vez de ocultar ensancha el universo. Es regalo al ojo, liana hacia el verde natural, sonda que conquista la noche planetaria, torre de control anímico.

El ventanal multiplica por mil la escasa área interior de la vivienda, regala sin escritura un aire extendido y sólo disputado por pájaros y aviones.

La humanidad no requiere más de techo, ahora exige inmensidad en tanto espacio público compartido desde la ventana.

Espacio que sea inembargable, como fértil es la capacidad de soñar en mundos más allá de la oficina, del almacén o de la fábrica.

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