Soy cotero, llevo mi propia cruz

Sudando cada gota de huevo, arepa y chocolate, que come en la mañana. Callando su amargura, llevando el peso de su propio destino.

Luego al terminar la jornada, este temple de hombre, sumerge su otredad, la amarga, en tres cervezas bien heladas.

Su sangre hierve cada día, entre troncos de dura fibra y sudor de medio día. Sus músculos se hacen más fuertes con cada envión, pero de igual manera, los músculos de su soledad, se hacen mas duros también.

Después de esta breve descripción, y por respeto al hombre que me permitió esta foto, les cuento que no me crean tanto, que la carajada anterior, nada tiene que ver, con la verdad que lleva él. Simplemente ví la imagen, y vino a mi mente, aquel estribillo que suena: ella va, triste y vacía, llorando una traición con amargura…

Algunos dirán: pero él, es él, no ella. Ome… se me vino simplemente.

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