Nunca he escuchado a alguien decir que su abuela es muy fea

Nunca he escuchado a alguien decir que su abuela es muy fea. Nunca he visto a alguien criticando a su abuela, destacando su figura postrera, su estética final, su piel en relieve y los demás temas formales de la senetud.

Con esa misma mirada deberíamos percibir al otro, al fulano y a la mengana anónima que deambulan por calles y carreras. Con esa misma mirada deberíamos calificar las estéticas variopintas en esta villa de vida.

Deberíamos, depronto, tender a la imperfección corporal en busca de la singularidad, de la originalidad de nuestra propia estética. Es fascinante cuando veo a los que llaman FEOS y veo en ellos cantidad de particularidades que lo hacen único.

Más me encanta ver a la FEA que va con novio, porque significa, entonces, que para él, ella es bella y que ella superó su estética para verse ya por dentro y qu así la verá su compañero. Me encanta ver a la FEA con novio, porque significa que hay esperanza para ella por siempre, porque para alguien ella es bella.

Nadie me ha reconocido que su abuela es FEA, y no lo han reconocido porque jamás así ha sido. Las abuelas son bellas y nunca han envejecido a nuestros ojos, pues el alma, no envejece, no muta, siempre es bella en una estética intangible.

No sé… ojalá me hayan comprendido. Fotos tomadas en el parque de Jericó.

¿Dónde está mi colombina?

* Má, ¿dónde está la colombina que me dieron donde el médico?
– ¿Dónde la dejó?
* En el poyo de la cocina.
– Pues donde la dejó, ahí debe estar.
* Sí, pero no está.

– Rebeca ¿usted le cogió la colombina a Ernesto?
% ¡Veh y por que yo!
– Como usted tiene el bendito vicio de coger las cosas y no volverlas a poner donde estaban.
% ¡Si quiere me voy de esta casa!

* Má, mi colombina pues.
– Eh, acaso yo la cogí ¿Será que me la metí en las naguas?
% ¡Uy, pero guache!
– No me digás así Rebeca, que soy tu mamá. Además, a la única que vi en la cocina fue a su abuelita.
* Eavemaría Má, ya vas a meter a la viejita. Descarada, ella que iba a coger eso.

Anciana mercando en domingo de plaza de mercado.

La herencia de mis mayores

Mi niñez no fue muy cercada por amigos de la misma edad, por el contrario, mis tardes eran alimentadas -a la fuerza- por visitas que hacía mi abuela a sus amigas, es decir, me la pasé en la niñez participando de la mano de Juanita, de puras visitas parviadas*, visitas de cuatro de la tarde a sus amigas de la Primera Iglesia Bautista.

Para esa época, no existían centro comerciales, a excepción de San Diego -primero en Colombia-. Entonces lo que a mí me tocó, fue callejiar por El Palo, Maracaibo, Junín, Girardot en compañía de mis madres: mamá y abuela. Lo que sí recuerdo es que siempre que me llevaban, me compraban natilla* de las monjas, que por cierto la vendían en cualquier época del año. Me tocó también, ir al Pedrero, antigua plaza de mercado de Medellín en la Avenida San Juan. Me tocó ir a culto y a misa. Me tocó escuchar las conversaciones de mi abuela con sus hermanas acerca de mitos, espantos, entierros y hasta del Mohan, leyenda en las riveras del río Magdalena.

Crecí entonces entre mayores, entre chocolatico con pandequeso, entre risa y conversa de viejos. Hoy, debo confesar el gran respeto que siento por las personas mayores -excepto una**-. Reconozco que, si la vida lo tiene a bien, nosotros también llegaremos allá, arrugados y achacosos -más yo, que soy bien mañoso-.

Los ancianos tienen mi respeto y confieso también, que me encanta fotografiar las arrugas de un anciano. Me parecen bellas, me parecen tan humanas, tan vulnerables. Las arrugas nuestras, nos hablan de una vida vivida, de un recorrido, de vida y no de muerte. Por eso mi esposa no tiene nada que temer: se que te arrugarás y yo te amaré. -Eso sí, me dejas jugar a estirarte la cara jajajajaj-

* Parva: harinas para comer. Tostada, calado, pan, palito, pandequeso, almojábana, etc.
* Natilla: dulce decembrino de maíz y leche.
** ¿Excepto una?: sí, mi vecina del segundo piso. ¡No la soporto!

Imagen tomada a un carretillero en la calle Maturín, esperando cliente.

Yo soy santo, virgen y pequeño

Fui donde la abuela muy temprano. Me arrojé contrito sobre su seno y, sin que el tío lo percibiera, deje un beso y una lagrima conmovida sobre sus manos sarmentosas que amasaron en otro tiempo el perfumado pandequeso, para que yo lo robara luego del escaparate familiar.

 

¡Seno confortable y casto de la abuela! Al abrazarlo con unción nos sentimos reintegrados a la fuente de nuestra estirpe, oímos palpitar la entraña fecunda, genitora, que bautizó con su sangre nuestras venas e infundió en nosotros el espíritu divino que hoy asoma a nuestros ojos.  Recostar la cabeza sobre el seno santo de la abuela, es limpiar el alma de todos los pecados, es hacerse virginal y pequeño como un niño.  Yo lo sentí así.”

 

De la crónica “En el Pueblo”, Mesa de Redacción, El Espectador.  Medellín, 26 de junio 1920 por Luis Tejada

 

Yo soy santo, virgen y pequeño porque cada viernes que subo a almorzar en casa de mamá, terminado el manjar hecho a 4 manos y un corazón, yo me elevo a la dimensión de la digestión y reposo la panza en las piernas de mi abuela que yace obligada por mí, en un sofá conmovedor. Mi abuela cede ante mi presión semanal de cada viernes, y le pongo a rascar sagradamente mi cabeza, vicio que por estar casado solo puedo disfrutar una vez por semana, pero que de soltero era bálsamo diario para mi cuero cabelludo.

 

Por eso,  como dice Luis Tejada, Cada semana yo limpio mis pecados, me hago virginal y pequeño como un niño. Y no le robo pandequesos, sino que me da arepa. Y su escaparate es otro cuento.

En la Imagen: Juana Abreo, mi abuela. Está viva y este es un pequeño homenaje. Lo bello, hay que hacerlo en vida.

Gotas para lagastritis de los viejos antigos

Un rostro recortado de un afiche, retocado en sus ojos y plastificado es la imagen de esta rural campaña publicitaria. Se trata de un “Fierro capilar” de la marca “A DE LA MEJIA Y ROBERTO”, unas gotas milagrosas al parecer, para los ojos y para lagastritis*. También hay cremas para lacara*, barros y espinillas. ¡No desconfíe! Muchos documentos acreditan la fórmula de los viejos antigos*.

Pero eso no es todo, para el “acio úrico” hay 20 fórmulas que no conocen ni los médicos. Llamenos para tener el gusto de experimentar con usted. Valla artesanal vía a Bolombolo, saliendo de Amagá en Antioquia.

Hablando de otra cosa… ¿Sí sería verdad que yo tenía lombrices? / Recuerdo que cuando pequeño, doña Juanita mi abuela, me hizo un collar de ajos para espantar las lombrices que al parecer anidaban en mis entrañas. Y para completar, en las mañanas me levantaba con “delicioso” jarabe casero hecho de: Leche, 3 ajos machacados, 1 copa de aguardiente… por si el berriondo collarcito de perlas olorosas no espantaba las langarutas lombrices. ¿Quién seguía en la cama con semejante despertar?