Esa rubia cincuentona – ¡Barbie Snobista!

Este racimo de bellas rubias, de componente plástico, de modales congelados; goza de su primera jubilación en la calle Alhambra, zona de Guayaquil donde venden cachivaches de segunda.

Ellas, acostumbradas a despampanantes vestuarios de seda, a posar en bellos carros de juguete y a ser peinadas cada día; desfilan de modo quieto, en un puesto ambulante donde venden carajadas usadas, desbaratadas o malas.

Ellas, las Barbies, acostumbradas a mezclarse solo entre ellas, que no permiten el roce con muñecas sin abolengos ni marcas, les tocó esta vez untarse de pueblo ajeno y barato, untarse de marcas criollas y pelambres variopintos.

Hoy les tocó aceptar amistad con barbis de falsa monta, con muñecas de ojo picho y “que ni me pongan al lado una de esas de trapo” murmura una de ellas.

Esas son las barbis de Alhambra. Humilladas y sentenciadas al sudor de sus pares, sin marca. Destinadas a mostrar la decadencia de su propio consumismo. Vanidosas, creídas y todo lo que eso conlleva, y aún así fueron olvidadas.

¡Barbis esnobistas! – Yo prefiero las de trapo / Pero debo reconocer le poder que tienen y cómo tienen a grandes diseñadores, tejiendo para ella.