No coma cuento, coma chicharrón

  • Los cerdos no tienen la culpa de los experimentos genéticos.
  • Del cerdo, muchas órganos sirven a la medicina del hombre.
  • De sus representaciones en polímeros, hacemos ahorros infantiles -se recomienda no practicarle cesárea antes de tiempo-
  • Del cerdo, los antioqueños comemos uno de los mejores binomios alimenticios: arepa con chicharrón.
  • Del cerdo y su menudo, creamos populares y grasientos platos: morcilla, chunchurria, buche. Dulce de pata, gelatinas.

Este animal es quien mantiene al colombiano, unido a su pasado politeísta, donde se sacrificaban animales a los dioses, en combinación con el fuego. En los últimos días de cada año, y como un ritual escatológico, cientos de cerdos son sacrificados y el humo del sacrificio, ascendido a los cielos como ofrenda fragante a los paganos dioses. No sin antes, realizar un jolgorio de burlas y parlanchinas fiestas. ¡Pobres marranos!

Imagen tomada en el Centro Comercial Medellín, contiguo a la Plaza Minorista.

Los marranos buscan su hogar

En las alfarerías de cualquier ciudad, retozan chanchos de barro esperando quien se conduela a llenar sus buches con cobres y con platas, para ser asesinados de tajo con cualquier mazo inmisericorde el fin de año siguiente.

Así fue que encontré a Juanchito, según dice él que se llama. Se dejaba llevar por 5.000 pesos de Colombia y prometía a quien a casa lo llevara, que dicha inversión le daría mayor rentabilidad que los bancos.

Inquieto yo por tal promesa, me agaché pa escuchar sus susurros de mejor manera: Te prometo no descontarte tarjetas, ni cobrarte el cuatro por mil, no te descuento por pedir el saldo, llévalo tú en algún papelito. Te dejo retirar alguna moneda sin más descuento que la moneda misma, no te cobro estipendio alguno por manejar tu cuenta, haz de cuenta que ni yo existo y al finalizar el año, cuando sus rituales me maten, tendrás el mismo dinero que vos guardaste. Ni los bancos pueden prometer tal cosa. Más no te puedo dar porque pirámide no soy.

Al finalizar tal conversación con el puerco, decidí pararme atento, pero con movimiento lento decidí no llevarlo. Juanchito se llama mi primo y sería como si yo mismo lo estuviera matando. Si te llamaras Manuel o Élkin Darío como el conejo muerto de mi hermana o Gilberto Álvarez como mi hamster extinto te llevaría; pero Juanchito no.

Juanchito aún busca su hogar en San Gil, Santander.