Échele el macho a la puerta

¿Ya trancó la puerta? ¿Le echó aldaba? ¡Échele macho a la puerta que uno no sabe!

Lo normal sería que cerráramos la puerta simplemente y no tener que comprar chapas de seguridad, con llaves de cuatro ángulos, con varillas que atraviesan la puerta, con ‘ojos mágicos’ que ‘pistean’ al sospechoso. Lo normal sería que las ventanas tuvieran su puerta o su vidrio o solo su cortina, y no tener rejas reforzadas con complejos diseños de líneas forjadas para disimular el claustro que significan.

Lo normal sería dejar las puertas abiertas en el día para que la casa se airée, se ventile y bote los sudores nocturnos, la ropa se seque rápido y las habitaciones tengan su propio baño de aire.

Lo normal sería no vivir con la paranoia simbolizada en materiales de resistencia blindada, en chapas que se multiplican en el borde de la puerta, en adhesivos que previenen alarma, en llaves que dan cinco vueltas antes de darnos la bienvenida.

Eso sería lo normal…

aldaba.
(Del ár. hisp. a??abba, y este del ár. clás. ?abbah, literalmente, ‘lagarta’, por su forma, en origen semejante a la de este reptil).
1. f. Pieza de hierro o bronce que se pone a las puertas para llamar golpeando con ella.
2. f. Pieza, ordinariamente de hierro y de varias hechuras, fija en la pared para atar de ella una caballería.
3. f. Barreta de metal o travesaño de madera con que se aseguran, después de cerrados, los postigos o puertas.

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Comentario de Alberto Mejía Vélez:
Nací con las puertas y las ventanas abiertas, cuando el aire ayudaba a las cortinas a hacer contordiones con su entrada libremente en el hogar. Las puertas servían de adorno al frente y sendero de los amigos y las ventanas los ojos para mirar al cielo. ¡Hoy todo está cerrado hasta el amor!

Casas selladas por el tiempo

Ya no tocan la puerta, ya no se sientan los niños en el quicio de la puerta y el alar no alcanza para formar cortinas de agua cuando llueve. Ya nadie abre y se asoma por el pestillo.

Ya la piedra que trancaba la puerta no volvió a trabajar en esa casa. Ya la aldaba no suena pegando en la madera. Ya no hay que trancar el portón ni echarle llave para dormir tranquilos. No se volvieron a lavar cortinas, ni se asoma ya la que daba limosnas. Ya la manigua está creciendo y la madera esta muriendo. Ya se fueron los que allí vivían.

Dos de entre muchas casas del sector de Niquitao en Medellín, un sector que conecta con el barrio San Diego. Zona actualmente en transformación debido a la construcción de la institución educativa San Lorenzo, nombre del cementerio ya clausurado. Sus calles están cambiando, sus fachadas y quizás su gente.

Aunque aún es visible el comercio de droga y el consumo de la misma en el sector.

Palabras para rescatar: Quicio, aldaba, pestillo