Yo no creo en la edad. Pablo Neruda

Oda a la edad, por Pablo Neruda. /

Yo no creo en la edad. Todos los viejos llevan en los ojos un niño, y los niños a veces nos observan como ancianos profundos.

Mediremos la vida por metros o kilómetros o meses? Tanto desde que naces? Cuánto debes andar hasta que como todos en vez de caminarla por encima descansemos, debajo de la tierra?

Al hombre, a la mujer que consumaron acciones, bondad, fuerza, cólera, amor, ternura, a los que verdaderamente vivos florecieron y en su naturaleza maduraron, no acerquemos nosotros a la medida del tiempo que tal vez es otra cosa, unmanto mineral, un ave planetaria, una flor, otra cosa tal vez, pero no una medida.

Tiempo, metal o pájaro, flor de largo pecíolo, extiéndete a lo largo de los hombres, florécelos y lávalos con agua abierta o con sol escondido. Te proclamo camino y no mortaja, escala pura con peldaños de aire, traje sinceramente renovado por longitudinales primaveras.

ahora, tiempo, te enrollo, te deposito en mi caja silvestre y me voy a pescar con tu hilo largo los peces de la aurora.

Tomado de Nuevas odas elementales. Tercer libro de las odas. Edición Debolsillo 2003

Pensaba escribir acerca de esta hermosa sala campestre hallada en San Pedro de los Milagros, pero la vida tenía algo más para decir, a uno, o dos quizá, a alguno que hoy se sintiera viejo y sin menaje en su morral. Pensaba hacer un breve análisis del comedor aquí ilustrado y de su esencia sencilla y natural, pero Pablo quería hablar de nuevo. Y don Pablo es DON PABLO, ustedes me entienden.

Los humos de toda una vida

Lectura de las líneas de la piel:

  • La tierra de tus ancestros será robado por capital maldito y dado a los ricos, que hartos de dinero, encontrarán la insatisfacción que nunca buscaron y que la hallaron en cada timar de gentes.
  • Vivirás mucho ¡bienaventurado por ello! vivirás en muchas tierras debido al continuo desplazamiento de tu substancia, tú y tu sangre.
  • Estarás rodeado de cristalinos ríos ¡Aleluya! tratando de escapar de los perseguidores que huelen tus carnes como can entrenado para el desgarre.
  • Morirás de viejo, cansado, harto de buscar la inexistente tranquilidad rural que robaron algunos de tus contrarios.
  • Tu nombre será olvidado, porque los malos jamás diran tu nombre y jamás revelarán los demonios que en tí fueron alojados.

Y allí, en la tierra que cobijará tu muerte, encontrarás la esquiva soledad de la paz, término inventado como caballito de batalla, ineficaz e intangible. ¿Acaso esperabas morir de viejo? Utopía es la que esperas en esta, la habitación de la solapada muerte.

Hago lo que me viene en gana

Impávido, sereno, teñido por el tiempo, y por un calor amigo que emana de un sol ardiente. No bebo aguardiente pero también se me sale el indio. El mundo pasa lento en mi sentar. Estas gafas que te producen risa me las regaló la nieta, de cuya jeta salen sólo palabras inocentes.

No le tengo miedo al Coco, ni al resto de maricadas que mi madre me contó. Pisé a pie limpio toda mi adolescencia y en ella misma me fume varios tabacos sin permiso. Fui rebelde, fui pelón, mil mujeres tuve en mi corazón.

No pienso nada particular, ya no juzgo y poco hago desde aquí. Me río de tu propio afán pues yo ya encontré lo que tú tanto buscas. Te veo aletear, ir al Metro y salir de él, llevar tus paquetes en manos enredadas, te veo contar devueltas, entrar y salir en un devenir interminable. Y yo sin afanes.

Encontré lo que tanto buscas, encontré que moriré mañana y de nada valdrá el afán por encontrar la muerte. Por eso hoy vivo lento, busco la sombra, busco mi aposento, abrazo a los míos, les doy un beso. Lo que me viene en gana como, chicharrón de 19 patas y si quiero fumo.

El trajín de cada día

Mañana de confites en venta, mañana de eterna jubilación, mañana de silla y espera, mañana de clientes en potencia.

Se madruga, se lava la cara, se baña, se viste, se atalaja, se desayuna y se sale a buscar la papita diaria para no dejar el menaje cesante.

Se vende mucho, se vende poco, se espera y se aguanta el sol, se vende uno que otro y se organiza de nuevo la chacita, se barre el territorio, se sacude el zapato de esta tierra amarilla virulenta y casi omnipresente.

Se sintoniza algo que entretenga, se escucha un tema y la hora exacta, se saluda al vecino, se carga a la nieta, se vende de nuevo, se dan las devueltas.

Se miran los buses, se saludan choferes, se levanta la mano, se regala una sonrisa, se recuerda, se da la bienvenida a la nostalgia y luego a la tristeza.

Se empaca de nuevo, se cierra el chuzo, se camina a la casa, se saluda a la muchachada, se lava la cara, se baña, se viste de pijama, se atalaja, se come la papita sudada, se cierran los ojos y suspira.

Imágenes:  Sector  San Blas, Comuna 3 / Actualizando desde Manizales

La herencia de mis mayores

Mi niñez no fue muy cercada por amigos de la misma edad, por el contrario, mis tardes eran alimentadas -a la fuerza- por visitas que hacía mi abuela a sus amigas, es decir, me la pasé en la niñez participando de la mano de Juanita, de puras visitas parviadas*, visitas de cuatro de la tarde a sus amigas de la Primera Iglesia Bautista.

Para esa época, no existían centro comerciales, a excepción de San Diego -primero en Colombia-. Entonces lo que a mí me tocó, fue callejiar por El Palo, Maracaibo, Junín, Girardot en compañía de mis madres: mamá y abuela. Lo que sí recuerdo es que siempre que me llevaban, me compraban natilla* de las monjas, que por cierto la vendían en cualquier época del año. Me tocó también, ir al Pedrero, antigua plaza de mercado de Medellín en la Avenida San Juan. Me tocó ir a culto y a misa. Me tocó escuchar las conversaciones de mi abuela con sus hermanas acerca de mitos, espantos, entierros y hasta del Mohan, leyenda en las riveras del río Magdalena.

Crecí entonces entre mayores, entre chocolatico con pandequeso, entre risa y conversa de viejos. Hoy, debo confesar el gran respeto que siento por las personas mayores -excepto una**-. Reconozco que, si la vida lo tiene a bien, nosotros también llegaremos allá, arrugados y achacosos -más yo, que soy bien mañoso-.

Los ancianos tienen mi respeto y confieso también, que me encanta fotografiar las arrugas de un anciano. Me parecen bellas, me parecen tan humanas, tan vulnerables. Las arrugas nuestras, nos hablan de una vida vivida, de un recorrido, de vida y no de muerte. Por eso mi esposa no tiene nada que temer: se que te arrugarás y yo te amaré. -Eso sí, me dejas jugar a estirarte la cara jajajajaj-

* Parva: harinas para comer. Tostada, calado, pan, palito, pandequeso, almojábana, etc.
* Natilla: dulce decembrino de maíz y leche.
** ¿Excepto una?: sí, mi vecina del segundo piso. ¡No la soporto!

Imagen tomada a un carretillero en la calle Maturín, esperando cliente.

No te veo la espada

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Me alegré cuando encontré a este anciano sentado allí junto a este aviso. Me pareció que sería buena foto y que se leería como si el anciano era quien estaba deseando lo que el texto reza. Pero da la casualidad que esa semana me fuí a la biblioteca de Comfenalco a ver libros de fotógrafos y me encontré con que el fotógrafo Donaldo Zuluaga, también había tomado esta misma foto pero con personaje diferente en 1989. -El mundo es un pañuelo-

Estatua de Simón Bolívar, Parque de Bolívar en Medellín.