Esos noviazgos de antes…

¿Qué? ¿Es que usted creía que antes era como ahora?

Mijo bendito, pa tener un novio, por aquellas épocas, se necesitaba hasta un milagrito. Nuestras mamás no son como esas zumbambicas de ahora, que se retuercen con un beso, se manosean por todas partes, se limpian esos dientes y hacen la cochinadas en frente de una.

Mijo, querido, a una, le tocó recibir el novio en la ventana, por el pestillo, porque estaban prohibido los besos, los manoseos y todo lo demás. Eso de ir al centro comercial “má, ya vengo, no demoro, llego a las dos, no me esperes, duerme tranquila…” Ja, uno ques boba y lo deja, alcahuetes que nos volvimos.

Por eso ya no hay moral, ya no hay respeto. El novio de una lo esperaba toda la vida. Ahora se comen el “bizcocho” antes de la fiesta y por eso resultan piponas.

¿Qué cómo te tuve yo a ti? Una ques boba y le come cuento a toda esas promesas y vea… ahí te tuve yo a vos, hecha por ventanita y todo.

Imagen de una Jericoana. Jericó, Antioquia.

Montañeros con orgullo

Por qué a algunos les ofende el término “montañero”. Sé que esta palabra ha sido usada en tono peyorativo, pero para mí significa: montaña, aire puro, guarniel, frisoles, cabuya, aguapanela, traguitos, tinto, arepa y sombrero. Montañero huela a campo, a estiércol de vaca, a cochera e marrano, a tierra negra, a yuca recién arrancada. Montañero sabe a negocios, a malicia, a picardía, a sonrisa y saludo de buenos días. Montañero se parece a arranque, a caminada sin cansancio.

Yo soy montañero nacido en el valle, nieto de campesina que recogió café. Soy montañero del vivo y del bobo también, del vivo que no engaña sino que vive; y del bobo que no chorrea baba, sino, que no se deja amedrentar.

pala de cuerno que sirve como cuchara para sacar grano de los graneros.

Las tres cajas que ven a continuación, corresponden a las antiguas medidas de peso para comprar grano en tiendas y graneros: Cuartillo, Pucha y Media Pucha. Y el papel periódico para hacer un cono y envolver la compra.

Jericó, Antioquia. Subregión Suroeste.

Qué negra más linda es esta que vi en La Ceja

Mirá pues como mueve sus caderas, esa nalga grande batida al son del caminao. Mirá pues su bemba alegre, hechida de sonrisa y carcajada. Mirá pues a esta negra que bate el chocolate con cadencia de cumbia y currulao. Mirá su orgullo, sus ropas prendidas y su son movido en cada caminar.

Ah, qué negra más linda es esta que vi en La Ceja.

Volver al sur
Por: Elkin González, 
Sacerdote colombiano radicado en EEUU.

Mi amigo del sur me dice que lo meridional y lo septentrional no solamente tiene un limite geográfico. Me dice que lo de abajo es importante porque sostiene a lo de arriba, pero que el mundo es coniforme y desproporcionado y por eso se ve insostenible. El argumenta que lo de abajo es débil y lo de arriba es fuerte. Mi amigo cree que los sufrimientos del norte carecen de importancia para quien comer a veces es un lujo y cualquier centavo es oro. Mi amigo piensa que los del trópico de cáncer debemos volver la cara al trópico de capricornio. O mejor, el cree que los que un día vimos caer la lluvia en junio y arder el sol en diciembre no debemos olvidarlo cuando las estaciones del norte traen el bochorno en junio y el frío de diciembre penetra en los huesos.

Mi amigo me recuerda del sur, donde tomar un bus es costumbre y caminar es parte de la vida. Donde el niño pide en la calle y el perro husmea en las iglesias. Donde la madre trabaja mil horas y lo que gana no sacia el hambre de su cría. Donde un enemigo con sus amigos se confabulan para extraer para si lo que es para todos. Fantástico sur, de extremas alegrías y bajos penares, de gritos de gol y llantos de plañideras, de morenas pieles y manos sucias. Sur de mil amores que esconde las esperanzas de una nostalgia norteña. Fin de nuestros sueños y escenario futuro de nuestro verdadero sueño americano. El sur suspira en nuestras venas con olor a guiso y sonido de cantares melancólicos. Negar el sur es como negar la cruz que nos salvo y el sol que seguramente alumbró el día que nos vió nacer.

Volver los ojos al sur no es hacer del sur otro norte. Es volverse embajador de sus valores. Es ayudar al hermano que lucha allá abajo, es animar su espíritu y dejarse animar por su fortaleza.  Volver los ojos al sur es invertir en el, creer en su gente y no enterrar las esperanzas. Recordar el sur es no menospreciarlo, antes bien, es recordar su simplicidad tan creativa y la complejidad de sus valores. Volver al sur es ser canales de comunicación de un progreso técnico que nos solo el norte merece y de un progreso humano que no solo el sur ha de ufanarse.