Se perforan orejas sin dolor

Ventas ambulantes en Carabobo

¡Eso fue tenaz! La experta en esos menesteres calentaba la punta de un gancho, de esos de asir pañales, sobre la llama de un cabo de vela. Otra mano mientras tanto, derretía un hielo sobre el lóbulo de la oreja de mi hermana. Recién había nacido por esos días y ya estaba sometida al primer ritual de iniciación que la identificara como mujer: perforar la oreja para que cuando la vean en el cochecito no le digan… !Ay, tan lindo el niño, cómo se llama!

La señora experta, tomó la aguja y al otro lado del lóbulo la esperaba un corcho para detener la punta, el hielo había hecho lo suyo, privar del dolor. Un quejido, un llanto y su bendito hilo pa quel hueco no se cierre. Amén que ya es mujer.

En la imagen: Venta de manillas, aretes, rosarios, cadenas en la carrera Carabobo.