El hombre y la silla (III parte) – No es como el fabricante quiera…

Antropometría, ergonomía, resistencia, apilabilidad, costo; conceptos que el fabricante inyectó en la materia de los polímeros una vez el hombre posó nalgas en asiento duro. El objeto duró algún tiempo y por inclemencias del uso, del clima y del accidente, la silla, artefacto hecho objeto industrial, aparentemente cesó de cumplir su uso y fue arrimado a la esquina que espera la visita del carro recolector en miércoles. Pero un hombre, menospreciado por su indumentaria y por el bulto que cuelga de su hombro, vio más allá, y vio, además, lucro, objeto vivo, útil en tercera mano, reciclaje, nueva semántica. Y lo vendió.

Le dieron pesos por él, dinero contante. Y dio de comer a sus hijos. Mientras tanto, la silla en nueva significación, operó de nuevo, fue útil al hombre, sirvió de algo. Su mutilación fue bendición para el jubilado que en los parques espera la mesada, no la catorce. La silla, pues, se adaptó a los muros, a las barandas, fue enser privado y mobiliario público improvisado. Porque algo falta en algunos parques y es el recostadero para la espalda, extensión necesaria para quedarse un ratico más, para no cansarse ligero y migrar a casa. Cuando la silla de verdad muera, será polímero, polvo sintético, para ser silla de nuevo o quizás salero.

Vení querida sentate un ratico, que tengo estos pies hinchados

“Llevao de su parecer” decía mi madre Merlene de mí. “Cascarrabias”, decía mi abuela Juana. “…Todo por llevar la contraria…” dice mi esposa Diana, actualmente.

Y así es, por qué lo voy a negar. No comer entero, preguntarlo todo, auscultarlo, mirar por debajo, dudar de mucho, mirar por el revés, tocar, oler, volver a ver. Resultado: ver lo que otros no ven, conocer más, aprehender de todo, saberlo más, reír, disfrutar con lo poco, con lo simple, con lo bello y lo feo.

Las sillas, por ejemplo, obra de diseñadores industriales, resultado de la disciplina entre la forma y el hombre, y el uso que este último hace de ella; las sillas, decía, hablan de un estadio de la historia, de nuevas configuraciones, de las tecnologías usadas y nuevamente, del uso y la apropiación.

Las sillas de autor, exitosas claramente, tienen su lugar en la historia del hombre y el diseño, la tecnología y sus usos; pero a este cascarrabias, le gustan las sillas configuradas a nuevos contextos, como las de la imagen, sillas, cuyo contexto fue trasladado; cuyo uso, sigue vigente; cuya estética, sigue siendo aceptada o no, dependiendo del transeúnte del momento.

Lo que es a mí, me fascina. La banca de abajo, incluso, me gusta más, con sus variaciones, intervenciones y adaptaciones al nuevo uso: véase las patas, véase el cojín del sentadero. En fin, a este llevao de su parecer, le gustan estas cosas, que ofenden a los minimalistas, a los puristas del diseño, a los ortodoxos de la línea.