Encontradas sin brazos ni piernas en la escuela

Dos pequeñas muñecas Barbie, fueron encontradas abandonadas después de la jornada escolar en un salón de clases en el municipio de El Carmen de Viboral. Las muñecas, propiedad de todos en el salón, fueron objeto de múltiples abusos. Reposaban en el suelo sin su correspondiente vestuario y con la ausencia de miembros superiores, una e inferiores, la otra.

Así transcurre la vida de cualquier juguete que sea objeto de la pedagogía en clase. Tales productos deben resistir la curiosidad del aprendiz, la necedad del inquieto, la rabia inconsciente del hijo de madre soltera, la destructiva manipulación de quien es abusado, la amarga manipulación del que se viste de soledad; en fin. Bien lo refleja Toy Story en sus distintas versiones.

El objeto no es como la empresa productora lo quiera, es como el infante la proponga, al fin y al cabo es el usuario final. De ahí: la recursividad, la creatividad, el ingenio, la originalidad. Luego llegan las adaptaciones según las necesidades, los materiales según las imposiciones y por último el costo, que no le pertenece al niño sino al padre con poder adquisitivo, quien a veces compra para que el niño aparente ante los demás, tenga “lo que no tuve yo”, demuestre que no tiene padre y madre mendigos.

Por eso, el juguete también es signo social, señal de poder, objeto manipulado y manipulador, generador de envidias y por ende, de frustraciones en el otro, que no puede tener, que no puede imitar la compra. Pareciera que el juguete es sinónimo de risa, pero también lo es de llanto, de ira, de control, de vacío. No todos son felices el 25 de diciembre ¡los mercados sí!

Para quienes quieran criticar el titular, les propongo antes examinar qué motivación les llevó a dar click en la nota.

Barbies snobistas…

Escenas editadas en Caperucita Roja

Eliminada fue, la escena donde Caperucita pregunta por la colcha de retazos que cubre la cama de la abuela. Editada también, la parte donde le dice mañé a la vieja, por coser en croché una muñeca, para tapar el papel higiénico en honor a su nieta preferida -Caperuza no era hija única-.

Nunca fue contada al público, la escena donde la niña de saco rojo entra al baño de la abuela, que más parecía letrina, con el único fin de criticarle la tapa del bizcocho, hecha con chiritos que le sobraban de la costura.

Nunca nadie supo que al regreso, Caperuza llevaba bajo sus naguas una foto de Viruta y Capulina, autografiada por el binomio mismo, que la abuela exhibía orgullosa en el espejo de su neceser, simplemente que porque “Qué oso” en palabras de ella.

Jamás supo alguien, excepto su madre, que al regreso, La culicagada ésta, se regó en críticas, chismes y malos comentarios, de usos y desusos, de mañesadas y cosas pasadas de moda, “ay amá, y eso que no te hablo de la cocina, ese poyo estaba…” “¿Y el leñador ese siguió yendo donde mi mamá? ¡Má, ahí sí lo que te diga es mentira!

…Lo demás es pura paja.

Del corazón habla la boca

Señoras y señores, “leidis y yeneman”, no es de pobreza de lo que trata mi blog, no es la pobreza, el tema de este espacio -que es para ustedes y para mí-, no son pobres a quienes registro con mi cámara, no me gusta la “PORNOMISERIA”. Por eso es que no me gusta tomar fotos a indigentes. lo voy a decir en mayúscula: NO ME GUSTA LA LÁSTIMA Y TAMPOCO PRODUCIRLA NI DESPERTARLA.

Mi blog nace de una temática abordada en una clase de Comunicación Visual de la Corporación Universitaria Remington en Medellín. Hace parte de mi continuo proyecto de investigación visual junto con el tema del ÁLBUM FAMILIAR. Simplemente, no es mi estilo ponerle a mis textos, un lenguaje estrictamente académico, difícil, denso o parco. Me gusta llegarle al común de la gente, al ciudadano de a pie como yo, el común y corriente.

No se por qué algunos -muy pocos-, -poquiticos-, se empeñan en asociar mis fotos con la pobreza. A ellos, esos poquitos, les cuento que esta bitácora habla de la COTIDIANIDAD, de las ESTÉTICAS DEL CONSUMO, de las nuevas CONFIGURACIONES de los objetos, de lo SENCILLO, de lo COMÚN Y CORRIENTE, pero que a muchos se les volvió paisaje y que pasa desapercibido al análisis. Es decir, ven, pero no ven más allá, no reparan, no analizan, no valoran, no se ríen con risa cariñosa.

A la par de mis clases en la Remington, doy dos cátedras en la Corporación Universitaria Minuto de Dios, donde tengo como uno de mis objetivos principales, quitarles a mis alumnos el concepto de que son pobres, ya que algunos así se consideran. Una cosa es una economía sostenible, o los bajos recursos económicos, pero considerarse POBRE es palabra mayor, de alto calibre: la pobreza es un estado mental que no solo involucra lo económico, incluye una malsana aptitud y actitud ante la vida.

Ejemplo: A un barrio marginado le instalan teléfonos públicos gratuitos. En menos de un mes, los teléfonos son dañados, las cabinas baleadas, quebradas y rayadas. Ese teléfono estaba para prestar un servicio de parte de empresas del Estado. ¡Quienes dañaron el aparato y su equipamento son para mí POBRES! / El mismo ejemplo con los baños públicos.

Mis alumnos del Minuto de Dios, ya están cambiando la palabra pobreza por otros términos más exactos cuando exponen algún tema y ello me tiene feliz. Sé que este espacio ha servido de tema para algunas cátedras universitarias -así me lo han chismoseado- y sé que esos maetros no han utilizado el término POBREZA para referirse a la temática mi blog. Sé que hablan de Comunicación Social, de Diseño Gráfico e Industrial, de Arqueología y Antropología, pero de POBREZA NO. Que uno tome fotos de barrios periféricos, o ubicados e las postrimerías que es lo mismo, no indica que tome fotos a la pobreza: la pobreza es un concepto, no una substancia. / Del corazón habla la boca, reza en la biblia.

Y como hoy la Barbie está cumpliendo 50 años, he aquí las barbis de la casa de mi madre:

Muñeca barranquillera, otrora blanca. ¡Sí, en serio! la muñeca era rosada como la de la siguiente imagen. Se la regaló Rocío Puerta Zapata, madrina de mi mamá en 1954, es decir, hace 55 años. La tía Sebastiana se la llevó para la ciudad de Armero y luego se la entregó a tía Petronila, quien la tuvo en La Dorada otros añños más. Regresó al seno de mi madre años después y reposa en la esquina de los rituales en casa de mamá.

Así no lo parezca, el siguiente muñeco es eso: muñeco, no muñeca. ¡Tiene su pipicito y todo! / Se lo regalaron en el Hospital San Vicente de Paul a mi hermana cuando sufrió Púrpura. 10 años después, a mamá le dió por cambiarle la ropita, ahí fue cuando vieron que era muñeco ¡10 años después! / ¡El problemita es que todos los vestidos que le hace mi abuela son pa niña!

Portacomidas de madera, mide cuatro centímetros. Se lo regaló Jesús Vélez, amigo de mi abuela, a mi madre hace 56 años.