Esa rubia cincuentona – ¡Barbie Snobista!

Este racimo de bellas rubias, de componente plástico, de modales congelados; goza de su primera jubilación en la calle Alhambra, zona de Guayaquil donde venden cachivaches de segunda.

Ellas, acostumbradas a despampanantes vestuarios de seda, a posar en bellos carros de juguete y a ser peinadas cada día; desfilan de modo quieto, en un puesto ambulante donde venden carajadas usadas, desbaratadas o malas.

Ellas, las Barbies, acostumbradas a mezclarse solo entre ellas, que no permiten el roce con muñecas sin abolengos ni marcas, les tocó esta vez untarse de pueblo ajeno y barato, untarse de marcas criollas y pelambres variopintos.

Hoy les tocó aceptar amistad con barbis de falsa monta, con muñecas de ojo picho y “que ni me pongan al lado una de esas de trapo” murmura una de ellas.

Esas son las barbis de Alhambra. Humilladas y sentenciadas al sudor de sus pares, sin marca. Destinadas a mostrar la decadencia de su propio consumismo. Vanidosas, creídas y todo lo que eso conlleva, y aún así fueron olvidadas.

¡Barbis esnobistas! – Yo prefiero las de trapo / Pero debo reconocer le poder que tienen y cómo tienen a grandes diseñadores, tejiendo para ella.

Los rituales de despedida

Se quema el sahumerio, se quema el muñeco de año viejo, se queman las cartas viejas, se queman  las ropas malas, se quema la pólvora, se queman los malos ratos, se queman los demonios internos, se queman los diablos externos.

Se sacan las pulgas viejas, se aplastan las cucarachas que amañadas, reposaban debajo de la cama. Se cambia la vacenilla de peltre, se parcha la olla vieja. se cambia la tierra en menguante, se regala la ropa vieja, se remienda el bluyín de Albeiro.

Se saca el colchón manchado, se cambia de sábana el treintaiuno, se buscan las telarañas para enredarlas en el palo, se bañan las paredes sucias, se remonta la tapa mala de un tacón rojo y su par, domingueros de Susana. Se quema eucalipto, se barre y se trapea siete veces.

Se le echa olor a la casa, se prende una vela, se come la uva, se le da la vuelta a la manzana con tres petacas llenas de nada, se llama a la amada, al vecino de otrora, a la comadre vieja. Se abraza, se besa, se llora. Se le dice adiós al año viejo.

Se bebe, se emborracha, se quema. Se matan, se ríen, se queman. Cinco pa las doce y se sale a la calle, se echan Maicena, se le da guaro al desconocido, se invita, se convida, se quedan, goterean y lloran. Se pelean, se matan, se ríen.

En la imagen: lote con basura en el sector de Niquitao. Medellín.

Inventario de un techo en Santo Domingo

Es sabido por antropólogos, que se puede conocer el ritmo de vida de una familia a partir de la basura que saca para su respectiva recolección. Dispongo aquí, un inventario de cachivaches arrojados al techo de esta casa en el barrio Santo Domingo. Los datos fueron sacados de la foto en alta resolución.

·         Camisa, otrora blanca.

·         Trapeadora

·         7 pepas de mango

·         Casete, lado A

·         CD

·         Botella de cerveza

·         Zapato derecho

·         Pulgada de tubo pvc

·         Vaso de yogurt

·         Pila grande

·         Pila AA

·         6 tapas de gaseosa

·         Un calcetín

·         Cáscara de banano

·         Cepillo de dientes

Esto no es basura. Son señales, indicios, signos de vida. Comportamiento, uso y desuso