El juego de bolas o canicas

Juego de bolas o canicas, según la geografía, estará en el recuerdo de las mentes vírgenes de tiempos entregados a aparatos electrónicos con contenidos digitales. Los púberes, salían a descanso con el sartal de pecados enmallados para “cascar” a los más débiles y borrarles el inventario de cristales del bolsillo.

El escenario se presentaba como un duelo de varios, de pie, más altos en su mente que en sus cuerpos. El de siempre, hacía el círculo ritual y su correspondiente epicentro, que se hacía poniendo una bola mayor sobre el suelo terroso para ser pisada por un pie pesado.

Comienzan las posiciones, los agaches, los cálculos visuales y la impresionante puntería de los sabios del juego, más que sabios dotados, pues, la cosa es de don, de regalo, de vestimento de lo alto. Miran, calculan, ensartan la bola entre los dedos, que se arrugan para asir firmemente y ¡taz!, golpe certero a la víctima y el inventario del fuerte se hace más grande. ¿Las víctimas? débiles participantes que menoscaban el bolsillo de mamá, que no hacen rendir una bolsa de bolas o canicas más que tres días.

Del juego hay neologismos que, hoy, se presentan como arcaísmos, pues, del juego análogo y presencial ya poco: uñitis nada, atajivuelvis, de atajivuelvis nada, de rebotis. Mario de Jota Montoya Cortés (lector y amigo), nos recuerda otras dos: Pipo y cuarta.

¿Jugaste bolas? ¡Cuéntanos tus historias!