El hombre y la silla

Fotos: Alex Duran M. / Texto: Carlos Múnera

Posó sus nalgas en asiento duro y descubrió que podía sentarse. A partir de allí busco piedra, asiento, butaco, silla natural, ladrillo, banco, burro o mecedora. Aburrido, a veces, de las cuatro patas de la silla, recostó la misma en pared de bahareque solo usando las patas traseras y así se dedicó a evaluar las tardes de clima cálido.

Remendó, cuando se hizo necesario, la mecedora con tiras de cabuya o fique, luego diseñó, proyectó y fundió termoplásticos, industrializó y democratizó el diseño. Otros, mientras tanto, hicieron menos sillas, elitizaron, marginaron a las muchedumbres del diseño que eleva el nivel de vida. Los usuarios no tuvieron moneda de cambio para acceder a sofás de autor, líneas de exclusividad, orgullos pendejos.

Hoy aún el hombre se detiene en su caminar y se recuesta en alguna piedra, se sienta, posa sus nalgas, cojín natural. Se sienta, respira y mira hacia atrás.

Vení querida sentate un ratico, que tengo estos pies hinchados

“Llevao de su parecer” decía mi madre Merlene de mí. “Cascarrabias”, decía mi abuela Juana. “…Todo por llevar la contraria…” dice mi esposa Diana, actualmente.

Y así es, por qué lo voy a negar. No comer entero, preguntarlo todo, auscultarlo, mirar por debajo, dudar de mucho, mirar por el revés, tocar, oler, volver a ver. Resultado: ver lo que otros no ven, conocer más, aprehender de todo, saberlo más, reír, disfrutar con lo poco, con lo simple, con lo bello y lo feo.

Las sillas, por ejemplo, obra de diseñadores industriales, resultado de la disciplina entre la forma y el hombre, y el uso que este último hace de ella; las sillas, decía, hablan de un estadio de la historia, de nuevas configuraciones, de las tecnologías usadas y nuevamente, del uso y la apropiación.

Las sillas de autor, exitosas claramente, tienen su lugar en la historia del hombre y el diseño, la tecnología y sus usos; pero a este cascarrabias, le gustan las sillas configuradas a nuevos contextos, como las de la imagen, sillas, cuyo contexto fue trasladado; cuyo uso, sigue vigente; cuya estética, sigue siendo aceptada o no, dependiendo del transeúnte del momento.

Lo que es a mí, me fascina. La banca de abajo, incluso, me gusta más, con sus variaciones, intervenciones y adaptaciones al nuevo uso: véase las patas, véase el cojín del sentadero. En fin, a este llevao de su parecer, le gustan estas cosas, que ofenden a los minimalistas, a los puristas del diseño, a los ortodoxos de la línea.