Los traguitos de la mañana

La radio se enciende y las músicas campesinas suenan en algún punto del dial, algunas con temas cotidianos, otras, con temas picantes: suena la guasca. Antes que mirarse al espejo, antes que desahogar la vejiga; se enciende la estufa, de gas, de energía o de leña y se “levanta” la aguapanela, el tinto o el ‘cocholate’ como dice mi abuela.

Una vez hervida la bebida, los durmientes terminan su jornada horizontal y se acercan al comedor más acojedor de las casas de antes: la cocina. No valen las vajillas, las sillas o la madera de la mesa, lo mejor es acercar cualquier butaco, ‘burro’ o silla y tomarse esos primeros sorbos que despiertan el día: los ‘traguitos’.

Así, al calor humano de la familia y en medio del humeante vapor del tinto* que se escapa, se comienza el día, se cuentan las noticias narradas por la primera que se levantó y que ya se enteró de pormenores, se opina, se ríe y se disfruta. Unos vuelven a la cama para seguir en la pereza o ‘cochita’ que llaman, otros al congelado despertar bajo el agua, otros u otras, a barrer en la primera pasada.

Tinto: café en porción pequeña.