El “moisés” y el chicharrón

Y este “moisés” de mimbre emergió de entre la muchedumbre en los días de diciembre, y en vez de llevar al gran libertador Moshé (Moisés), llevaba cuero tostado de tocino, es decir, chicharrón o chicharrín. Aunque mezclar estos dos conceptos es incompatible: cerdo y Moisés. Al segundo le es prohibido el primero.

Salvado este asunto, se procedió a la venta. Unas manos trabajadoras llevaban la canasta o moisés que llaman por entre el público hambriento de gastar dinero y mecatear chatarra. Los chicharrines, divididos entre normales y picantes, fueron ofrecidos por precio alguno y antojaron a propios y visitantes, amantes de las largas filas y las colas lentas entre los observadores de alumbrados.

“Espero que la muerte del cerdo promueva la alimentación en casa, nos una en torno a la mesa y se puedan comprar otras viandas”, diría el mercader, doliente de la canastilla. Hablar de este último objeto, sería adentrarnos en terrenos de la artesanía, eso será en la corta lejanía de otra entrada como esta.