Mujer: hazte el examen

Podría ser que el creador original (primigenio) de este curioso pocillo no superó la etapa oral de su niñez dirían algunos analistas. Quisiera saber qué dirían las feministas para no mal interpretar algún concepto. Tomar tinto o café en pocillo nos lleva a pensar en la cifra impar del objeto, es decir, tomamos en un (1) pocillo, y esto me lleva a reflexionar en el cáncer de seno, algo que ya nos hace poner serios puesto que ya estamos hablando de la vida misma. Cuando ese ‘demonio’ del cáncer corre la cortina y se asoma a la ventana de alguna casa, no quisiéramos abrirle, si llamara por teléfono mandaríamos decirle “que ella no está”, y si tocara como tocan las puertas algunos en domingo le diríamos “No gracias, aquí todos somos sanos”.

Pero cuando entra, entra y se cuela como si se enquistara en los mismos tuétanos, y causa dolor, no solo al que lo vive, sino a quienes aman al ser portador de tal realidad. Una vez entra y se posa en el órgano, yace a la vez en el alma, y entonces nos recuerda lo vulnerables y pequeños que somos, y nos hace ser mejores personas, valorar la vida, vivir intensamente. Los que están alrededor de la persona amada, sufren de impotencia pero también se vuelven mejores personas, nos volcamos a la vida, al creador si en Él creen.

Antes de todo, nos creíamos grandes, intocables, pero una vez la enfermedad toca, hace más humano al humano, y el amor se hace intenso, fuerte, puro y verdadero. No me gusta llamar al cáncer enfermedad, llamémosla oportunidad y quien lo lleva sabrá para qué. No es un paliativo, pero tendremos que ser más fuertes que la presencia de tal inquilino, pagar la deuda y ponerse en pie, tomar el timón y continuar, saludar a lo lejos y al de cerca, sonar el pito, sacar la mano y saludar al que sonríe.

A ella, su esposo sabe a quién, le deseo SANIDAD con poder de lo alto.