Lo que no nos contaron de Caperucita

Nunca nadie supo que Caperucita contestó descaradamente “vaya usted” cuando la mamá le propuso ir donde la abuela, para llevarle panecillos, colaciones y otros bocadillos.

Aquí cabe decir que para la época, Caperuza tenía 18 años, edad donde el adolescente está harto de hacer mandados y espera, por fin, independizarse de la obligada mensajería familiar.

Nunca nadie supo que Caperuza no recorrió a pie el camino prohibido a casa de la abuela, que la joven tomó buseta y pidió autorización al conductor, para que su ingreso fuera realizado por la trasera puerta, ahorrándose así unas monedas que sirvieran luego, para ser invertidos en bisutería femenina.

Nunca nadie supo que la niña de cárdenos vestuarios, estuvo internada media adolescencia en internados y orfanatos, no porque fuera hija natural -que lo era-, sí por su permanente rebeldía. Caperuza era becaria del madre-solterismo y la ausencia manifiesta de padre alguno hizo de la niña, una terca e indomable mujer.

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Escenas editadas en Caperucita Roja

Eliminada fue, la escena donde Caperucita pregunta por la colcha de retazos que cubre la cama de la abuela. Editada también, la parte donde le dice mañé a la vieja, por coser en croché una muñeca, para tapar el papel higiénico en honor a su nieta preferida -Caperuza no era hija única-.

Nunca fue contada al público, la escena donde la niña de saco rojo entra al baño de la abuela, que más parecía letrina, con el único fin de criticarle la tapa del bizcocho, hecha con chiritos que le sobraban de la costura.

Nunca nadie supo que al regreso, Caperuza llevaba bajo sus naguas una foto de Viruta y Capulina, autografiada por el binomio mismo, que la abuela exhibía orgullosa en el espejo de su neceser, simplemente que porque “Qué oso” en palabras de ella.

Jamás supo alguien, excepto su madre, que al regreso, La culicagada ésta, se regó en críticas, chismes y malos comentarios, de usos y desusos, de mañesadas y cosas pasadas de moda, “ay amá, y eso que no te hablo de la cocina, ese poyo estaba…” “¿Y el leñador ese siguió yendo donde mi mamá? ¡Má, ahí sí lo que te diga es mentira!

…Lo demás es pura paja.