Variadas economías cruzan por Carabobo

(Les debo las fotos)

Ta, ta, tatata, ta, tá. Así suenan las vetustas teclas de las máquinas de escribir de los pocos tinterillos que aún sobreviven trabajando a las afueras de la Estación del Ferrocarril, sobre la carrera Carabobo. Permanecen aún, ante el avance de la tecnología que ha convertido a las Rémington, Facit y Olivetti, en genuinas piezas de museo.

Es Carabobo, que entre San Juan y los Huesos, acoge a multitud de comerciantes informales que ambientan el paisaje urbano del centro de la ciudad de Medellín. Frente de la Estación, varios jóvenes entre 18 y 25 años, mueven sus brazos como agentes de tráfico, que con sus pitos, invitan a motociclistas a guardar sus “caballitos” bajo techo en los improvisados parqueaderos para motos.

A lado y lado de esta traginada calle, que se lee como carrera y que así lo validan sus transeúntes, que con el afán de sus pasos desgastan el asfalto, se encuentran varias casetas de venta de frutas que son oasis en medio del humo que dejan los vehículos y de las anónimas caras que tanto circulan por allí, unas a trabajar, otras a buscar ocupación y otros, a hacer “vueltas y mandados” en las oficinas de la administración municipal y departamental.

En una de esas casetas, reposan algunas frutas que esperan por cliente: mangos arropados con bolsas para proteger sus porciones cortadas, manzanas que esperan por brillo para ser comidas, peras, que son buenas para el hombre -dicen por ahí-, tajadas de piña y papayas puestas, que no esperan ser partidas porque ya lo están. El “chucito” de frutas -como dicen los que compran-, está atendido y administrado por su propietario, Isidoro Ospina, quien con 23 años de permanencia en el lugar, se convierte en uno de los personajes que han visto pasar por su frente, los cambios que ha generado la construcción del Metro de Medellín y la nueva adecuación de cierta franja de Carabobo, lo que ha disminuido el flujo de vehículos por el sector, más conocido como La Alpujarra.

Isidoro, de 55 años de edad, cuenta cómo ha cambiado la economía en el sector “Ahora hay más ventas que antes, pero la plata rinde menos. Hace diez u once años, se trabajaba solo por aquí, pero hoy, hay más competencia”. También reconoce un cambio en el costo de vida cuando dice “En esa época todo era más barato, hoy todo es más caro”. Sin embargo, este vendedor del comercio informal, sigue madrugando desde las 5:30 de la mañana a comprar la fruta que llena las estanterías de su caseta, lo hace en el carro de su propiedad, atravesando la ciudad desde el barrio El Playón, en el nororiente de Medellín, hasta las plazas Minorista o Mayorista, pues en cuanto a precios dice, “son la misma cosa”. Compra, de manera religiosa, 60 kilos de papaya, 30 piñas, manzanas, peras y mangos. Abre su negocio desde las 7:00 de la mañana, cuando los caminantes comienzan a gastar suela por el sector, y comienza el ritual diario de pelar la fruta y preparar el salpicón. En cuanto a precios, Isidoro le saca a una piña, cuatro porciones que luego vende a mil cada una, una papaya le rinde para tres porciones que vende al mismo precio de la piña, la manzana, en tiempo caro -como el actual-, se vende a mil pesos; en tiempo de rebaja, a $800 pesos. La granadilla se ofrece a $500 pesos, el mango, a mil pesos, igual que el vaso de salpicón. “Lo que hace que trabajo en esta vaina, he vendido lo mismo”, remata con humor.

Óscar Mesa es uno de los tantos clientes fieles de Isidoro Ospina, Óscar se acerca dos veces al puesto de frutas: a las nueve, “Como la media mañana” y en la tarde, “Como el algo”, dice Óscar, empleado de la Gobernación de Antioquia, mientras va comiendo el mango de la tarde y considera justo, el pago de mil pesos por él, además, “Se ve que el señor ha sido organizadito y aseado”, completa, mientras se come el penúltimo caso de la fruta.

Como Óscar, son muchos los clientes que se acercan a cada negocio formal e informal de este sector. Está la caseta de bocadillos y dulces, atendida por un señor que tiene sus rodillas como pies, debido a la amputación de sus dos miembros inferiores, están las casetas de confites y cigarrillos, la de prensa, las tablas estacionarias con las últimas leyes en formato digital a $10 mil el cidí, atendidas por los caballeros del ojo tapado, la oferta de libros de edición pirata, un teléfono público que se niega a desaparecer ante el advenimiento de los celulares, y con ellos, los vendedores de tiempo al aire en formato de minutos, a $200 pesos, a cualquier operador.

Pululan, como se dijo, los parqueaderos para motos, con el novedoso formato comercial, que combina, celdas para parqueo con la venta de pandequesos, rociados con ambiente de humos, sudor y queso. Están los restaurantes que sacian el afán de trabajadores oficiales y transeúntes vacilantes. Adornando o estorbando a la entrada del centro comercial Metrocentro 1, están los vendedores ambulantes de la última muñeca traída de contrabando, “a $15 mil, parcerito, se la dejo en doce”, de la manito que rasca en $3.000 pesos y del espumador de café con leche, que se compra en diez mil, sin recatear, y que en las tiendas Juan Valdez, se ofrece en $16.000 pesos, moneda corriente.

Así es Carabobo, así es la Alpujarra, así es ese sector entre San Juan y Los Huesos, así es la cara oriental de la Estación del Ferrocarril, estación para el descanso mientras se toma tinto en $200 pesos, estación para la salud, con pinta de papaya y piña, estación para las motos, para la queja y la demanda en los edificios de los juzgados, estación para el ruido y la contaminación, que es el aire de la urbe en la zona céntrica de la ciudad.

Ta, ta, tatata, ta, tá, ting. Así suenan las vetustas teclas de las máquinas de escribir y así suena la campanita que avisa el fin.

Rodrigo, Medias de Seda

Quise tomarle la foto como voyerista que se complace en la gestualidad humana. Quise acercarme despacio, como cazando una presa visual. Quise capturar la luz de su substancia… ¡pero me pilló!

Y entonces como él ya me conoce, me acerqué y le saludé como siempre que paso por Carabobo a las siete y cincuenta de la mañana. A esa hora, Rodrigo, así se llama este amigo, espera que el dueño de una cacharrería le regale siete cartones para el reciclaje. Y digo siete cartones porque la verdad es que no recicla más de lo que alcance a amarrar con un trozo de cabuya.

Ya le había tomado fotos a Rodrigo, dándole en contraprestación, monedas para el tinto en diferentes mañanas. Quise simplemente, hacerle su foto estudio para que quede de él memoria.

¿Quieres saber más de Medias de Seda?

El gancho de ropa

Las camisas de manga larga me saludan cuando paso por los barrios, lo hacen desde las terrazas asidas por los ganchos que las retienen. Las camisas y los yines se bambolean para llamar mi atención cuando paso con mi cámara y entonces accedo a sus caprichos.

Ya en el centro, son los empaque de mecato los que reposan apresados por los ganchos que detienen las ropas que pretender secarse. Contrariamente, el “mecatico” no se mueve mucho, no se bambolea, no me saluda y poco me conoce. Los empaques son más soberbios y más tímidos quizá.

A ambos, ropa y mecato, los detiene la prensadora función de los ganchos, que tienen un segundo uso dependiendo del consumidor. Los ganchos son configurados para cumplir cualquier misión con tal que sea la de apresar, retener. Si es que no sale otra función…

Mucho, mucho colorido en las papas y el mecato (galguerías), pero prefiero las papas recién hechas que mi esposa llama “manisucias”; yo las llamo simplemente, callejeras. Imágenes tomadas en carabobo, 7:30 AM.

Creo

  • No creo de a mucho en los bancos
  • No creo en el pan de tres días
  • No creo en los productos light
  • No creo en los taxistas que se quedan con la devuelta
  • No creo en las sopas que vienen en sobre
  • No creo en los comentarios si autor (chismes)
  • No creo en las promesas
  • No creo en horóscopos
  • No creo la hora de cualquier reloj
  • No creo en pronósticos del clima
  • No creo en el micro ondas
  • No creo en las barras de fúltbol

  • Creo en un expreso corto de Juan Valdez
  • Creo en la hora de mi reloj
  • Creo en el arroz calentado en sartén
  • Creo en las natilleras
  • Creo en mi familia
  • Creo en la arepa de maíz molido
  • Creo en la empanada de misa y sin carne
  • Creo en los juguetes de hojalata
  • Creo en la recursividad de los niños que viven en barrios marginados
  • Creo en una mata (planta) sembrada en un tarro de galletas
  • Creo en el café de grano
  • Creo en las saliditas a caminar

¿Y vos en qué crees? / Lustrador de zapatos en Carabobo, Iglesia de la Veracruz.

Hay unos que venden viento

Entre pitos, gritos y la algarabía de la calle se destacan algunos por su silencio. Entre el vaivén, el corre corre y la mudanza humana se destacan otros por su avezada quietud. Entre la mugre rebelde y callejera, entre fragancias y humos de gris basalto se destacan unos por sus globos de colores trasparentes.

Son los venteros de pompas de jabón, los que no gastan garganta en gritar su venta, no vocean al aire su mercancía, sino que desahogan su inventario al viento. Ellos adornan las calles con sus flores de jabón.

A veces, esas bombas infantiles e inofensivas caen sobre nuestras cabezas en nuestro paso afanoso por Carabobo, caen y no provocan daño alguno, al contrario nos alegran, nos sacan del caos visual y nos hace sentir niños de nuevo.

Las famosas Cucas

La foto de esta cajita de embolar me hace recordar las famosas cucas que comía de niño.

Las Cucas, son unas galletas muy famosas en Medellín, unas galletas semiduras oscuras cuya receta desconozco pero que su sabor se puede comparar con el de las Luisas en Jericó, Antioquia.

Las cucas son precisas para combinar con leche, en horas de la tarde y especiales para detener la jugarreta de los niños a esas mismas horas o para recibirlos del colegio.

¿Y qué tiene que ver la caja de embolar con dichas galletas? / No, nada. Se me vinieron a la cabeza.

Cajita de embolar tallada en bajo relieve con figura de mujer en poses eróticas. Lijadas ambas cajas.  A primera vista no falta quien las critique, pero  si nos imagináramos que fueron  hechas con base en las obras de Débora Arango, entonces ya lo pensaríamos dos veces… / ¿Y es que el señor ese sabe de Débora Arango y talló a esta mujer con base en sus obras? / No, pero ahí mismo cambiaríamos el semblante y admiraríamos más y sin censurar.

Cajita de lustrar. Foto tomada en Carabobo cerca a la Iglesia de la Veracruz

Costumbres, mañas y rituales

  • Nos ubicamos en el mismo sector del salón, si no, en la misma silla.
  • En casa, es fijo nuestro lugar en la mesa.
  • Nos bañamos de igual forma cada día y en el mismo orden, nuestras partes.
  • Tomamos la misma ruta cada vez rumbo al trabajo.
  • Cada almohada tiene su orden.
  • Combinamos de igual forma nuestro ropero.
  • Sintonizamos la misma emisora cada día.
  • Almorzamos en el mismo restaurante.
  • Nos acostamos pal mismo lado.
  • Nos enjabonamos primero aquello y después lo otro.
  • Compramos las mismas frutas.

Somos íconos ambulantes, somos signo, siempre el mismo y por ello -y en esto me apoyará mi ex profesora en Diseño Gráfico, Marta Laverde- aconsejo a mis alumnos siempre, tratar de romper esas líneas tan rectas y prediseñadas (Perdón, pero es que odio la palabra paradigma).

Cómo pretende la mujer soltera, con ganas de novio, encontrar su pedacito haciendo las mismas cosas, las mismas rutinas, los mismos lugares.

Cómo pretendemos ser creativos y producir nuevos resultados, si siempre hacemos lo mismo y no esculcamos lo desconocido.

Cómo quieren otros, ser más alegres, más despiertos, más felices; si viven siguiendo la misma ruta cada día.

El novio, la novia, el amante, la sonrisa, el dinero (si así lo quieren), la cosquilla, la sorpresa, el encuentro, la belleza, lo nuevo, lo raro, lo inesperado, lo tanto buscado; está a la vuelta de la esquina cuando rompemos esas líneas tan rígidas que nos dominan cada día sin darnos cuenta. ¡Pruebe y verá y después me cuenta qué le pasó! LO RETO A QUE ME CUENTE, QUÉ LE PASO DESPUÉS DE ESTE CONSEJO.

Diana, una alumna mía, siguió mi consejo calladita y después me confesó, que se había puesto el reto de cambiar sus mismos rituales y me dijo feliz, que el día que cambio de ruta para esperar el bus, se encontró 20.000 pesos y aparte de eso, se encontró un amigo que hace años no veía. PRUEBE…

Hermosa caja de embolar, tallada en alto relieve y pintada el colores primarios. Elementos tallados y pintados como son: Indio Pielroja, herraduras, caballo, botín, zapatilla Nike. Foto tomada en Carabobo entre Plaza Botero e Iglesia de la Veracruz.

Conoce otra caja de lustrar un poco más humilde…

Cuando la escasez despierta el ser creativo

1. Voyerista yo, me voy acercando a la presa visual. Camino lento, al paso de la presa para cazar su carne de color. El salvaje urbano camina lento en Carabobo buscando cliente dispuesto y presto a la compra. Esta vitrina intinerante se mueve entonces, mira las caras y en ellas busca las posibles, que sus prendas se lleven a cambio de unos cuantos metales, monedas ellas, billetes también.

2. Mi presa visual huele a la vez a su presa, cliente futuro y potencial o negligente quizá. La tercera en la cadena huele la mercancía, la detalla con ojos de víctima y lleva la mirada a ambos lados para asentir la no necesaria compra, se niega pues pa mejor entender. sin embargo mi presa sonríe con sonrisa persuasiva pero ineficaz en esta vez. Después quizá, no señor, muchas gracias, de todas maneras muy amable.

3. Mi presa por fin es capturada y el cazador descubiero. Posame pues ques pa mi página web. Mostrame, mostrame a ver ese maniquí inflable, vos tan creativo. Qué berriondera, qué berraquera más bien cómo es que te llevas la vitrina en cada caminar. Eso hace la necesidad. Despierta el ingenio, sacude la creatividad escondida entre escusas, borracha a veces, moribunda. Por eso a veces vienen los tiempos malos, pa sacudirnos, pa limpiarnos de lo fútil.

Vendedor ambulante con maniquí inflabe, carrera peatonal Carabobo.

La vaca que cuelga

- ¿Y hasta cuándo tenemos que estar así, colgadas?
* Hasta que nos compren.
– ¿Pero colgadas? ¿No hay otra manera más digna de nos vean y nos lleven?
* Decisiones de Pacho Lagarto, el dueño de la chaza*.
– ¿Pero colgadas? Lo que soy yo, llevo aquí dos semanas y nada que me llevan.
* Es que tenés que poner carita feliz, y mirar como quien no quiere la cosa.
– ¿Ah? Me ponen esta pinta tan ridícula y aparte de todo ¿tengo que ser hipócrita?
* Vos tan trascendental, tan problemática, tan cositera.
– Sí, pero es que a vos no te tocó esta pijama de vaca tan ridícula.
* Mirame a mí de iguana con cara de rana. O mirá a la mica, esa sí que posa feliz y hace monerías.
– Ella ques boba y no tiene dignidad. Yo quisiera ser muñeca princesa y posar en vitrinas de grandes centro comerciales, ser valorada, que me llevaran a casa de alguna de esas de alcurnia, ser intocable y que la dama no me dejara tocar de esos mocosos, sólo ser exhibida y no más.
* Te entiendo. Tu no eres un peluche común, lo que eres es una plástica, vacía y de sonrisa falsa… Deberías soltarte de una vez por todas. ¡Patética!

Venta de muñecos para colgar en chazas de Carabobo. Chaza: caseta de ventas.

Tan lunarejo questás vos querido

Te veo oculta tras esa máscara que solo me permite ver tu falsa faz de olor amoníaco y color soledad.
Te disfrazas de fiesta y rumbón mientras matan a tus muertos en las calles duras de barrios altos.
Te volviste ajena a mirar para dentro, solo ves la vitrina de lo que se espera tener y acumular en la nada.
Boba y tan soberbia vos, enquistada e inflamada en ostentosas vanidades.

A veces te disfrazás, no te hagás la boba que yo te he visto, bajo la agresiva piel de pústula y postema se esconde tu verdad. Verdad es que no sé cómo haces para vivir, para aguantar recriminación de tus brazos, para escuchar y atender las exigencias de tus patas hinchadas, fecundas de callo abierto.

Te he visto disfrazada y no me habías comentado, pero te he visto, entre cortinas de rojo tinte donde adentro de abrís de patas. Altanera y vagabunda a veces, riéndote de tus hijos por el fracaso de los suyos.
¡Ay, estas ciudades!

 

//Con esta entrada, termino la saga de entrega de disfraces del 31 de octubre de 2008. Todas tomadas en el pasaje peatonal de Carabobo.

Caleidoscopio de un caminante silencioso

Así son los caleidoscopios: los miras y ves algo, te volteas y algo diferente se recrea, lo giras y novedosa visión aparece. Así miro la ciudad, la giro, la volteo y la sacudo, y sacudo mi cara para sacar telarañas, óxido de la mirada. Así la miro, la tomo por la izquierda y miro a ver si hay muñequitos adentro, como cuando mirábamos la radio de niños, a ver el locutor pequeñito encerrado en el radio azul que estaba encima de la nevera de mi casa.

Así son los caleidoscopios: la gente cree que el que se acerca es un malandrín y te encuentras una historia de vida, así sea triste. Lo volteas y le miras por otro lado, y es un sartal de signos que llevan historia. Juzgas al otro en su diferencia y ves que tiene la misma sonrisa tuya, así sea una sonrisa mueca, más alegre aun.

Carabobo, personaje de la calle.

Disfraz con publicidad gratuita

Cuando la vi, perseguí a la mamá para que me autorizara tomarle estas “vistas” a la muchachita. Recursivo y jocoso disfraz el 31 de octubre en carabobo.

Lo que me impacta es cuánta publicidad gratuita se le hace a los hipermercados Éxito, incluso los barrios de nuestra ciudad se turnan para hacerle posicionamiento de marca gratuito. Por ejemplo, en mi barrio se le hace publicidad gratuita los miércoles y los sábados que pasa la “basura” ya que los desechos de las casas salen empacados en las bolsas de este almacén; al punto de que este almacén se encuentra empacando los mercados en bolsas de rápida desomposición.

Ese es otro cuento, cuando pasa el camión trasportador de la basura, ahí mismo comienzan los gritos: “Beto, rápido, la basura, está en la esquina. / ¡Veh, por qué no manda a Yolanda, siempre me toca a mí! / ¡Eh pues, tan ocupado el niño, todavía va perdiendo tres materias y ahora se ranchó pues a no hacer nada en casa, eh! / Rapidito pues, saque los papeles del baño / Ah, siempre a mí.

Pero lo gracioso es que al carro trasportador, le decimos simplemente “La basura”. Corré que ahí viene la basura. En fin. Un consejito: Cuando vamos a la tienda, por favor, pida que no le den bolsa. Llévese sus cositas en la mano o vaya con talego e tela. Entre menos bolsas mejor.

Rostros de corrupción se destapan en Colombia

A mi me parece bien lo que está ocurriendo en Colombia: confesiones, destapes, ollas podridas que no solo huelen, sino que ya se destapan. A mi me parece sano lo que ocurre en el país: se descubren los miti mitis, se señalan a los corruptos, se le ven las entrañas mal olorosas del sistema económico-digestivo de Colombia.

A mi me parece sano, porque ningún buen comienzo inicia, sin que se sane la podredumbre de un organismo. Los países europeos que iniciaron las guerras y que son un hito imborrable de muerte y destrucción, han tenido que comenzar de nuevo como lo registra el Dadá de principios de siglo 20.

Colombia no puede comenzar de nuevo mientras no toque fondo, mientras escondamos la basurita debajo de la alfombra. Que salgan las alimañas, las plagas y telarañas, que salgan los olores, la podredumbre y la corrupción; que mientras no salga la verdad, no sepamos quiénes somos y tengamos baja autoestima nacional, no seremos nación floreciente.

Imagen de máscaras de venta en almacén de cacharrerías en pasaje peatonal Carabobo.

En Carabobo ya se disfrazaron

Mi padre insistió con sus dádivas, que yo amara el fútbol y varias fueron las mudas completas que me regaló con la estampa del Nacional, (equipo que yo decía, era hincha). No lo logró. Sólo me gusta el fútbol de barrio, pero ni lo juego.

Mi padre insistió con sus dádivas, que yo fuera guitarrista y varias fueron las guitarras, en madera, de las buenas que él me regaló. Por años quedaron colgadas en la pared dejando un fantasma de mugre alrededor con forma de guitarra.

Mis únicos insipientes intentos con la guitarra eran en horas de la noche, cuando mamá regresaba de su trabajo. Ya en la cama, mi mamá me pedía que le tocara algún nuevo tema, “composición del niño”. – Las mamás son únicas y malas evaluadoras también -. Yo rascaba entonces esa guitarra, tañendo composiciones inmediatas y surrealistas, mamá entonces sonreía y aprobaba la nueva canción. Ya dormida ella, yo detenía mis manos prodigiosas “según ella” para descansar de esa primera opus y mamá despertaba para pedirme que no me detuviera, que siguiera que así se quedaba dormida… y así dormía ella, bajo las arrulladoras notas de mi guitarra, y decía además que yo tocaba muy bien… ¡Ah mentirosas que son todas!

Imágenes tomadas en Carabobo

Tan pinchao este…

Ya se acerca el 31 de octubre, día de disfraces, de sacrificios paganos, de dulces mundanos. Pero se acerca, no porque lo vea en el calendario, sino, porque las camaleónicas vitrinas de Carabobo han mudado su piel comercial y se han disfrazado para el 31. Los voceadores que animan a los caminantes a parar y a comprar, posan con caretas narizonas y dientes de caries; los que venden el Vaivén de moda, posan ácidas pelucas ochenteras; las persianas de los locales exhiben máscaras de horrorosas pieles.

Así es Carabobo, mudando de piel en cada temporada. Hoy será Noche de brujas (aunque brujas hay diarias), ya llegará pronto navidad, para luego sacar de la bodega las loncheras y así en un devenir de ventas y carajadas, de color y de belleza. Y espere prontamente los Días del Centro.

Familia que se baña unida…

– Nachaaaa, salga pues mijaaaa, ¿se va quedar todo el día bañándose?
* Venaesta pues. Entoes levántese primero, ehh
– Sí, pero siempre se gasta toda elagua caliente, qué piedra
* Ah, usted no es la que tiene que ir a trabajar
/ Nacha mija, no se demore que Kelly también tiene que ir a cer fila al Seguro a pedirme cita
– Nachaa, salga pues, si ya no se juagó demalas

Imagen tomada a la entrada de almacén en la carrera peatonal Carabobo.

El señor, Medias de Seda

Ser enigmático, habitante asiduo de la carrera Carabobo. Todas las mañanas usted lo verá a las 7:50, esperando que abran un almacén en particular, a la espera de cartón y papel para reciclar. No pide en otro lugar, ni tampoco su oficio es reciclador. Don Rodrigo, solo elige el material que el almacén de siempre le guarda y ya. Rodrigo hace su trabajo de clasificación de manera lenta y parsimoniosa, viste sus manos con un par de medias nonas y no es por escrúpulo que lo hace. Rodrigo me cuenta que las empezó a usar una vez que un perro lo mordió y lo que más me sorprendió… Se quitó las medias que usa día y noche para mostrarme sus manos; eso fue un acto de confianza que todavía me sorprende. Sus manos son blancas ya por la ceguera solar a la que son sometidas.

Ese es Rodrigo por si se lo encuentran y algunos le llaman, Medias de Seda. En las mañanas lo ven en Carabobo, en las tardes lo verán en la plazuela de la iglesia de la Veracruz haciendo nada. Invítelo a tinto.

Se perforan orejas sin dolor

Ventas ambulantes en Carabobo

¡Eso fue tenaz! La experta en esos menesteres calentaba la punta de un gancho, de esos de asir pañales, sobre la llama de un cabo de vela. Otra mano mientras tanto, derretía un hielo sobre el lóbulo de la oreja de mi hermana. Recién había nacido por esos días y ya estaba sometida al primer ritual de iniciación que la identificara como mujer: perforar la oreja para que cuando la vean en el cochecito no le digan… !Ay, tan lindo el niño, cómo se llama!

La señora experta, tomó la aguja y al otro lado del lóbulo la esperaba un corcho para detener la punta, el hielo había hecho lo suyo, privar del dolor. Un quejido, un llanto y su bendito hilo pa quel hueco no se cierre. Amén que ya es mujer.

En la imagen: Venta de manillas, aretes, rosarios, cadenas en la carrera Carabobo.

Marranos porristas

Grandioso número realizado por unos encantadores puercos paisas. Su presentación fue realizada en pleno Carabobo donde llaman la atención para ser comprados.

Organización natural de la mercancía en las cacharrerías de Carabobo.