“La res desollada”, obra realista de 2011

Arriba, pueden apreciar “La res desollada”, obra realista del año 2011, cuya “exposición” fue percibida en El Carmen de Viboral, municipio del oriente antioqueño. La obra, además de fresca, reposaba en una de las calles que alimentan el parque principal de este municipio. Sus tonos, su frescura, su realismo, nos sugieren una mirada donde el hombre está presente y ausente al mismo tiempo. La balanza reposa en perfecto equilibrio y el color crema o hueso del marco de la obra cárnica, genera un contraste por intensidad que resalta la carne misma en consecuente armonía de color.

Ahora bien, la segunda foto nos da el contexto de la imagen: una sencilla carnicería cuya ventana contigua a la puerta principal, deja ver el cuerpo desollado de la res y lo enmarca para darnos un hermoso regalo a la vista que, por cierto, me trajo la imagen de “El buey desollado”, obra de Rembrandt de 1655. La felicidad visual está en todas partes. Solo es abrir la consciencia.

Encontradas sin brazos ni piernas en la escuela

Dos pequeñas muñecas Barbie, fueron encontradas abandonadas después de la jornada escolar en un salón de clases en el municipio de El Carmen de Viboral. Las muñecas, propiedad de todos en el salón, fueron objeto de múltiples abusos. Reposaban en el suelo sin su correspondiente vestuario y con la ausencia de miembros superiores, una e inferiores, la otra.

Así transcurre la vida de cualquier juguete que sea objeto de la pedagogía en clase. Tales productos deben resistir la curiosidad del aprendiz, la necedad del inquieto, la rabia inconsciente del hijo de madre soltera, la destructiva manipulación de quien es abusado, la amarga manipulación del que se viste de soledad; en fin. Bien lo refleja Toy Story en sus distintas versiones.

El objeto no es como la empresa productora lo quiera, es como el infante la proponga, al fin y al cabo es el usuario final. De ahí: la recursividad, la creatividad, el ingenio, la originalidad. Luego llegan las adaptaciones según las necesidades, los materiales según las imposiciones y por último el costo, que no le pertenece al niño sino al padre con poder adquisitivo, quien a veces compra para que el niño aparente ante los demás, tenga “lo que no tuve yo”, demuestre que no tiene padre y madre mendigos.

Por eso, el juguete también es signo social, señal de poder, objeto manipulado y manipulador, generador de envidias y por ende, de frustraciones en el otro, que no puede tener, que no puede imitar la compra. Pareciera que el juguete es sinónimo de risa, pero también lo es de llanto, de ira, de control, de vacío. No todos son felices el 25 de diciembre ¡los mercados sí!

Para quienes quieran criticar el titular, les propongo antes examinar qué motivación les llevó a dar click en la nota.

Barbies snobistas…

¿Que yo tengo cara de mimao?

Nada mejor como burlarse de sí mismo. Nada como reírse de sus propias actuaciones. Nada como conocerse y escalar más alto cada vez. Escalar en la carrera por ser feliz, por conocerse, por reír más seguido.

Rumbo a la grabación de El Artesano en El Carmen de Viboral donde tomé estas imágenes, conversábamos varios del equipo de producción y no me creían que había prestado servicio militar y menos en Puerto Berrío en Antioquia. No me creían porque tengo cara de mimao decía uno de ellos. La cosa no me ofendió, pero confieso que me dio vueltas y vueltas y vueltas como pajaritos en la testa. ¡Llegué a una conclusión!

Creo que sí, que tengo cara de mimao (mimado, contemplado). Y me alegra tener cara de mimao y no de tristeza, de corrupción, de ira, de amargura, de aburrición, de inestabilidad, de ladrón, de sospechoso. Creo que sí, que tengo cara de mimao, de criado con amor, de formado con tezón y con rejo muchas veces, dando gracias que con verbena no.

Lo que tal vez no sabía mi interlocutor, es que aunque mi rostro revele lo dicho por él, mi vida ha sido adornada de gran cantidad de pasajes muy difíciles que lo van formando a uno. Y en este preciso instante en que escribo este renglón, acabo de borrar un listado de esos pasajes duros y de cómo tuve que asumir el liderazgo económico de mi hogar materno. Lo borré porque para qué decirlos cuando el listado sería como una actitud contestataria y no es este el caso. Me guardo de esa manera y para otros momentos en que me esté burlando de mí mismo, ese listado de cosas, nacidas en la intimidad de mi hogar y que me dicen que tal vez fui mimado, mimado pero no inepto, bobo, inútil, vividor, mantenido, renuente, perezoso, descuidado, ocioso, vago, atenido.

Eso sí, mimado sí jajajajaja. Nada como cuando mi esposa me rasca la cabeza… mmmm ese placer no me lo cambio. /

PD: Mi padre ofreció comprarme la libreta militar a lo que le respondí un tajante NO. No me iba yo a perder semejante aventura.

Carmen de Viboral provoca

¿Provoca qué? / Como mínimo, provoca que se hayan incrementado los comentarios de mis lectores visitantes. Provoca comprar, provoca comprarse todas las variedades de vajillas, provoca tomar tintico donde Don Alberto, provoca el paseíto, provoca aspirar su aire, provoca hacer amigos.

Los comensales en la tienda de Don Alberto se intimidaron cuando saqué mi caja oscura para tomar las vistas, lo que me hizo apuntar hacia abajo, en las repisas rastreras que tanto me encantan de ciertos municipios. Son la bodega de botellas variopintas de cervezas y refrescos gaseosos, esa forma tan particular y estética de ordenar el inventario de líquidos. No es la mejor foto, pero ante ciertos comentarios, tuve que sacarla para no dejar que alguna espina entre en mis ojos, jejeje.

Así era el sol, bonachón él cuidando su tierra, mirando con sus llamas la tierra donde otras lenguas de fuego cocen el barro de la tierra, tornado por manos y pintado con curia manual. Así es como el sol entreverado reposa en el asfalto del parque de El Carmen de Viboral, donde tajadas de mango pintón se venden al mejor postor o al mejor antojo de las embarazadas.

El Carmen de Viboral, Oriente antioqueño. / ¿Ya conoces Salento en Quindío? / ¿Y San Pedro de los Milagros?

La vaca que tiene piercing – El Carmen de Viboral

Imagenes de El carmen de Viboral, tomadas por Julio Eduardo Gómez Pareja, asiduo visitante de este blog. Paisa radicado en Caracas, Venezuela.

* Oiga señorita, venga paracá
– Mmm, ¿qué?
* Qué, no. Señora, ehhh, ¡qué cosita pues!
– Mmm, diga pues…
* ¿Usté qué tiene en la boca?
– Nadaaa
* Abra esa boca a ver
– Nadaaa, ¿pa qué? Aaaaaaaaaaaaaa (boca abierta)
* ¿Qués esa pendejada que te pusiste en la boca?
– Un pirsin
* ¿Un qué?
– Un pirsin. Es como un arete en la boca
* ¡Ay Dios, dame paciencia, Cristo bendito, con esta niña. ¿Y a vos quién te dijo que uno se ponía los aretes en la boca Carmenza?
– Esa es la moda amá.
* ¿La moda? ¿No jodás? / Jairo, traeme las quimbas questa se ganó una pela
/ Están ahí debajo de la cama. Dejá esa pobre muchachita quieta. Yo le di la plata pa esa pendejada.

Vale la pena destacar el comentario de Cesar hernán Amaya G, quien hace un llamado de atención a la alcaldía de El Carmen de Viboral para trabajar con el sector turístico:

Muy buenas noches. Reconocimiento a los artesanos y empresarios del Carmen de Viboral.
Les cuento que no fue posible encontrar un lugar apropiado para alojarnos. Los que observamos son antihigiénicos, incomodos, oscuros e inseguros. Es apropiado que la alcaldia revise y exija una infraestructura que garantice un mayor crecimiento turístico de un municipio tan cerca y con tanto potencial para el desarrollo de la región. Muchas gracias

¿Quieres ver más fotos de El Carmen de Viboral?

Carmen de Viboral

Así es aquí, así es la cosa, no es sino sentarse en algún granero o tienda o parviadero para hacer amigos fácilmente. Y así nos pasó en El Carmen de Viboral en el Oriente antioqueño. Para bajar una bandeja de fríjoles verdes en la vereda Llanogrande. Nos acercamos mi esposa, María una amiga y yo a este bello municipio a buscar unas cuantas vistas, llámenla fotos pues, y a buscar un tintico pa bajar la reciente carga del almuerzo. Un local me pareció agradable y allí pedimos tres negritos -dos de azúcar para mí-.

Don Alberto es el anfitrión de esta tienda, más famosa aún por vender un chorizo casero conocido por residentes y forasteros. La disposición de la mesa mostrador en forma de U propició una breve charla entro los presentes, entre ellos Jorge quien me respondió: El trabajo enloquece y el ocio dignifica, cuando le pregunté en qué trabajaba.

Reímos, tomamos tinto, hablamos de blos (blogs), de región, de Aristóteles y de la cuenta que fueron novecientos.

Así somos por estos lados: ponemos conversa, hacemos amigos, nos reímos un rato, nos pasamos el plato, nos hacemos vecinos, nos creemos hermanos, quedamos en vernos, promesas estas que a veces nunca se cumplen, nos damos la mano, nos decimos hasta luego.

La tienda de Don Alberto no está en las fotos. Imágenes tomadas en El Carmen de Viboral.

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