Casas que espantan

Cada día a las cuatro de la tarde sale doña Otila a recibir el sol del poniente, para calentar quizá, esa blanca piel que parece ya translúcida. Sale a las cuatro y hasta faltando un cuarto para las cinco ella se queda saludando a cuanto transeúnte pase por estas olvidadas calles de Niquitao.

Doña Otila y sus cuatro hijos, salen siempre, como de manera religiosa, a mostrar su mueca dentadura a manera de sonrisa. Sus tímidos hijos se entran al inmediato pasar de algún forastero y más pálidos ellos que su madre, conservan aún esa gélida sonrisa que los caracteriza.

Ayer pasé por allí a las 4:08 de la tarde y pregunté a los vecinos del frente si ya había salido la doña a su acostumbrado ritual, pero Rosalía vecina de toda la vida, me dijo que Otila había muerto hace ya diez años, junto con sus hijos en el famoso incendio del barrio.

Fachadas en el sector de Niquitao en Medellín. El bahareque le da paso rebelde a las nuevas construcciones que la Alcaldía de Medellín tiene planeado para el sector.

La verdad es que en estas casas aún se ven personas que entran y salen. Translúcidas figuras envueltas como en la espesura del humo. Humo del bazuco y la marihuana, no se puede negar.