Rompiendo tazas

Una vez se agrega agua al grano molido que yace en la taza de catación, el juego químico comienza a darse en el interior, la tibia agua comienza a extraer los componentes que serán percibidos luego por el cerebro de los ritualistas. Y es que el ritual lo es, incluso, desde los ademanes y las genuflexiones que han de hacerse para percibir lo mejor de una taza escondida bajo el grano medio que flota en la superficie.

Romper taza es cuando el café, intacto en la superficie, es corrido como a un velo para descubrir los aromas encerrados en el interior. El recién iniciado se embriaga con las notas fragantes y aromáticas de una muestra molida, de una infusión, de una taza servida con pericia, protocolo y rito; uno de ellos, Helmer Adrián marín Echavarría, describe su experiencia en la danza que da vueltas a la mesa en una catación:

“Estar frente a frente con los primeros aromas que emana una taza con café recién molido, es la puerta de entrada a un mundo onírico de olores y sabores  que no había vivido antes. ¿Qué viví? Al principio la cabeza se me llenó de varias fragancias, quería sumergirme en ellas, comerlas, tocarlas, pero nada, solo era posible sentirlas con la nariz. Cada vez que agachaba mi cabeza y aspiraba las fragancias, definitivamente me “drogaba”.

Era un ritual dispuesto para el cuerpo, no solo para el olfato; era todo el cuerpo en función del café. Una danza alrededor de una mesa, varias tazas de café y unos cuentos neonatos que recién descubríamos de lo que significa hacer y tomarse un exquisita taza de café”.