Pelando cebollas en Tejelo

* Soraya, ¿vos que tenés? ¿te embobaste llorando sola?
– ¡Ay Maritza, no friegue!
* No me contestés así, Soraya del Carmen, hacemel favor. Mientras vivás en esta casa, me tenés que respetar.
– ¡Eh, ni que fuera mi mamá!
* No seré tu mamá, pero soy la que te compra los chiros y te mantengo
– ¿Me estás sacando en cara los cucos que me regalaste o qué? Pues ya mismo me los quito, ¡venesta!
* No sias boba que no te lo estoy restregando en la cara, te estoy diciendo que no me contestés tan feo. ¿Y es que terminaste con Alfredo que estás llorando?
– Alfredo no, boba, se llama Alfonso. Además él está en Anserma en una empresa toda prestante y viene cada quince.
* ¿Y entonces por qué esta llorando? ¿Por el zumbambico ese?
– No sias ñoña home, no ves questoy pelando esta cebolla que me tiene como loca. Pa qué se pone a inventar bobadas que no son.

Limpiador de cebolla en el mercado callejero de Tejelo, detrás del edificio Miguel de Aguinaga.

La Piel de la Cebolla

Por: Daniel Botero Arango
Especialista en Periodismo Urbano – U.P.B.

Para conocer la piel de la cebolla y su proceso de posterior desnudez natural hay que ir a la Plaza y comprobarlo en las manos de su vendedora que, seguramente, fue quien la reservó hasta hoy que la compro, en este mercado popular al aire libre, donde hay ambiente de fiesta, donde la gente conversa, regatea, degusta antes de la compra para comprobar la calidad; donde unos y otros se llaman por su nombre, se miran y se tocan. Ella, con su sabiduría campesina que ignora los discursos del servicio al cliente, el mercadeo “one to one”, la disposición de productos y que, seguramente, no ha pisado un hipermercado de nombre impronunciable, goza de la presencia de sus clientes, a los que hace sentir como sus hijos cuando les recomienda lo que deben llevar y cómo lo deben manipular para aprovecharlo de la mejor manera.

Esas manos ajadas y esas uñas con la tierra de esta mañana cuando arrancó las cebollas para exponer en la Plaza, se confunden con la piel de la cebolla que me habla de una tradición, de una historia que no se detiene con mi regreso de Jericó, donde quisiera permanecer. Ella se puso su mejor vestido, las últimas aretas que compró y su infaltable e impecable delantal blanco, que apenas se acabó de secar hace una horas antes de salir de su casa en la vereda Castalia. Vuelvo y la miro y no puedo evitar el recuerdo de mi abuela con su delantal cuando preparaba galletas y Marialuisas en la casa de Barrio Prado. “Cuánto es que va a llevar, mijito”, me pregunta mientras caigo de mis recuerdos; “lo que le falta por desvainar”, respondo todavía obnibilado, porque realmente lo que quiero es que continúe su arte de pelar la cebolla con esa mística, con esa gracia, con esa pasión que sólo se vive en la plaza de mercado popular.

Virgen de la Cebolla Larga

Unos rosales milagrosos, nacen a los pies de la Vírgen de el Cebollal, por cierto hincha del Medellín, como muchos vendedores de la Plaza Minorista de Medellín.
De nuevo mi desconocimiento en estas imágenes. Diana mi esposa me corrige que ésta no es la Virgen del Carmen sino María Auxiliadora. Es que yo para los apellidos soy muy malito.