Yo tuve chaza en el Poli

Chaza: puesto de venta fijo o ambulante. Caspete.

Mi madre ya no tuvo más empleo y a mí me dio por montar una chaza en el Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid. Llevaba años haciendo unas tarjetas a mano y una compañera de estudio que ya tenía montada su silla en el corredor (Junín), me vendió las primeras diez tarjetas. Dos días después fui yo el que sacó silla a Junín y montó lo que fue la única entrada de dinero a la casa.

Jamás me ha dado pena contar que fui vendedor ambulante mientras estudiaba Producción de Televisión; mis tarjetas eran a mano y los mensajes eran personalizados. Cada cliente llegaba y me contaba un rollo sentimental y yo lo traducía en algún dibujo hecho con colores Prismacolor y en un texto seco o romántico según el cliente.

De esta manera llegué a conocer los secretos del corazón de algunas decenas de estudiantes que entraban y salían permanentemente de la universidad. Supe de una hermosa mujer enamorada de un seminarista a punto de ser ordenado; de muchos hombres que el día anterior habían estado con ‘la otra'; hasta de un decano que quería festejar que su bebé de pocos meses, había terminado una larga jornada de estreñimiento (Sé que la tarjeta aún existe y la niña está grandecita).

Cada mañana sacaba una buena silla de algún salón sin clases y montaba el negocio. Madrugaba a las cuatro de la mañana o me acostaba a las doce de la noche anterior para dejar tarjetas listas. Desempacaba, exhibía las tarjetas y a esperar. Nunca fui de los vendedores necios y cansones, esperaba que mis tarjetas se vendieran solas. Y así fue: decanos, profesores, estudiantes y trabajadores fueron mis clientes por cuatro semestres, tiempos en los que me desesperaba un poco cuando la universidad comenzaba a poner problema por las ventas ambulantes. En la mañana llegaba al Politécnico con una tanda de tarjetas y por la noche llegaba a casa con algunos ingredientes de la canasta familiar hasta que logré reunir el dinero para mercar quincenalmente.

Pudiera haber sido una época dura y por lo contrario fue una época divertida y de muchas enseñanzas. El ver unos papelitos pintados convertidos en fríjol, carne, leche y pan; es algo satisfactorio, además, mi sitio de trabajo se convirtió en la llamada ‘oficina’ de los estudiantes de Televisión.

Traigo esta historia como reflexión ante la cantidad de vendedores ambulantes que buscan una entrada económica para el hogar. A los estudiantes que buscan convertir dulces, manillas, obleas, pasteles, empanadas y demás, en pasajes, pensión y comida. Estudiantes que buscan de manera sana, haciendo con sus manos, caricaturas, tarjetas, pasteles, empanadas, Brownies y tortas para vender.

Lo primero que deberá ser izado a la hora de tratar esos temas, será el RESPETO por la vida y la DIGNIDAD de los estudiantes. Esta reflexión la hago como respuesta a un correo recibido de la Organización de Chazas de la Universidad Nacional de Colombia ocu.presente@gmail.com.

La imagen superior corresponde a ventas ambulantes en el Alto de la Virgen, Guarne – Antioquia.

Una chaza en Bogotá

Hoy… hoy, definitivamente no tengo nada para escribir. Póngase a trabajar, a ver novelas, a leer un libro, a cocinar, a caminar, a organizar la casa, a hacer un mandado, a quebrar corozos, a balconear, a escuchar AM, a trapear 6 pasadas, a buscar ropa para regalar… porque no sé qué decir hoy. ¿les parece?

El trajín de cada día

Mañana de confites en venta, mañana de eterna jubilación, mañana de silla y espera, mañana de clientes en potencia.

Se madruga, se lava la cara, se baña, se viste, se atalaja, se desayuna y se sale a buscar la papita diaria para no dejar el menaje cesante.

Se vende mucho, se vende poco, se espera y se aguanta el sol, se vende uno que otro y se organiza de nuevo la chacita, se barre el territorio, se sacude el zapato de esta tierra amarilla virulenta y casi omnipresente.

Se sintoniza algo que entretenga, se escucha un tema y la hora exacta, se saluda al vecino, se carga a la nieta, se vende de nuevo, se dan las devueltas.

Se miran los buses, se saludan choferes, se levanta la mano, se regala una sonrisa, se recuerda, se da la bienvenida a la nostalgia y luego a la tristeza.

Se empaca de nuevo, se cierra el chuzo, se camina a la casa, se saluda a la muchachada, se lava la cara, se baña, se viste de pijama, se atalaja, se come la papita sudada, se cierran los ojos y suspira.

Imágenes:  Sector  San Blas, Comuna 3 / Actualizando desde Manizales

Matame una albóndiga Pinocho

Acabemos la paseadera por algunos días y volvamos a esta urbe que se acuesta temprano y demos un descanso a otros municipios que esperan por salir, y que saldrán tarde o temprano.

No todo comensal come en restaurante de tres tenedores, es más, solo algunos lo hacen allí, muy pocos la verdad. El resto del pueblo tiene variadas opciones de acceder al alimento diario, o a los tres golpes mínimos que manda una ley natural no sé de donde.

Comen unos en sus cocas, vasijas plásticas llenas de comida preparadas en la víspera. Sudao, carne frita, arroz atollao, papa sudada, ensalada sencilla, papas fritas, jugo de sobremesa y algún dulcesito.

Comen otros en restaurantes cercanos llamados ejecutivos, condimentados platos de cremas y recetas especiales, jugos cuasi trasparentes con sabores casi perdidos. Terminamos rápido porque están pidiendo la mesa. Hacemos la mímica entonces con la mano, como quien firma un documento en el aire, y así pedimos la cuenta, sin propinas porque eso es de diario.

Afortunados algunos, suben hasta la casa. Allí los espera ella o la otra o la querida o la de la cocina, con los platos naturales hechos en casa, jugos generosos – Yoli, servime más juguito por favor – ¡Ya voy señor!

Otros ni almuerzan, cualquier preparito como si fueran onces, masticando frente al computador y contestando llamadas de medio día. Son los que viven estresados irrespetando su cuerpo, metiendo solo pan y gaseosa -Es questoy muy llena- dice ella.

Y así, hay pa todo. Pa los que compran en el centro todo a 200 o el palto en mil: 200 de arroz, 200 de fríjoles, 200 de carne -empella o lagarto- 200 el jugo, 200 de maduro.

Galería popular en la Oriental

Cuelga la piña, se apilan las naranjas, se vende aguacate, a mil la mandarina. Siga, siga, siga, precios de rebaja siga. Sólo peluche, Castilla, Unidad Intermedia suban que ya sale. ¿Señor, me deja subir a trabajar?

Señoras y señores, me disculpan que venga a interrumpirles su tranquilidad, somos un grupo de jóvenes que trabajamos en los buses para sostener nuestras familias. El día de hoy estamos haciendo una campaña de salud. Estamos vendiendo este kit de salud dental. Voy a ir pasando por el puesto de cada uno para dejarles este cepillo de dientes por sólo mil pesos, más esta cajita de seda dental y la pastillita reveladora. Tranquilo caballero, recíbame sin compromiso. Agradezco la educación de quienes me recibieron el paquetico…

Pará pues ome ¿o es que me vas a llevar para la casa? / ¿Me vas a dañar el bus o qué? / ¡Entonces mérmele a esa chicharra mijo, ehh!

Cinco granadillas en mil, cincoenmil. Cinco granadillas en mil, cincoenmil. ¿Cuántas lempaco patrón? Deme mil.

¿Señora, le recibo el paquetico? / Ay no señor, yo ya me bajo allí en la esquina. Venga siéntese pues. No, tranquilo, no se pare, que de verdad yo ya me bajo aquí. No niña, la registradora no devuelve. No señor, usted me debe la devuelta del billete de veinte. Tiene cien? No señor.

Hay show, hay show, lindas niñas, hora feliz, sigan nai. Hay show (aplauso) hay show joven, sólo peluche sigan nai. Hora feliz.

Ey llavería, ¿tiene la hora? Quince pa las dos. Gracias parcerito. Echate el bolso pa delante quese tipo no me gustó para nada. ¿El de la hora? ¡Qué! ese tipo es carterista, pero hace rato. Eh, pero te conocés el centro. Mijo, es que a mi me sarandiaron por todas estas calles de niña y mamá me llevaba almorzar allí. ¿A la Estancia? Ajá. ¡Vea!

Diálogos urbanos. Imágenes correspondientes al arte popular pintado en las casetas de ventas en la Avenida Oriental. Personalmente me fascina la primera del verdulero (tono no peyorativo).

La vaca que cuelga

- ¿Y hasta cuándo tenemos que estar así, colgadas?
* Hasta que nos compren.
– ¿Pero colgadas? ¿No hay otra manera más digna de nos vean y nos lleven?
* Decisiones de Pacho Lagarto, el dueño de la chaza*.
– ¿Pero colgadas? Lo que soy yo, llevo aquí dos semanas y nada que me llevan.
* Es que tenés que poner carita feliz, y mirar como quien no quiere la cosa.
– ¿Ah? Me ponen esta pinta tan ridícula y aparte de todo ¿tengo que ser hipócrita?
* Vos tan trascendental, tan problemática, tan cositera.
– Sí, pero es que a vos no te tocó esta pijama de vaca tan ridícula.
* Mirame a mí de iguana con cara de rana. O mirá a la mica, esa sí que posa feliz y hace monerías.
– Ella ques boba y no tiene dignidad. Yo quisiera ser muñeca princesa y posar en vitrinas de grandes centro comerciales, ser valorada, que me llevaran a casa de alguna de esas de alcurnia, ser intocable y que la dama no me dejara tocar de esos mocosos, sólo ser exhibida y no más.
* Te entiendo. Tu no eres un peluche común, lo que eres es una plástica, vacía y de sonrisa falsa… Deberías soltarte de una vez por todas. ¡Patética!

Venta de muñecos para colgar en chazas de Carabobo. Chaza: caseta de ventas.

¿Qué tal un tintico pa este frío?

Fríos mañaneros para no divorciarse de cobija alguna, para bautizarse en el aroma de un chocolatico caliente espumado con bolinillo y acompañado de un pandequeso o si se tiene, una torta de chócolo con cuajada por dentro (el quesito está haciendo más daño).

Fríos mañaneros para darle descanso a la tina de tanto trabajo sin descanso y abrazar el ser amado vecino de almohada. Ser mentirosos en estas mañanas y decir que “no estamos” a quien toque la puerta, cerrar cortinas para que no amanezca en el interior, apagar aparatos y no ir a trabajar.

Frios mañaneros para que la cama se estire lo que más pueda y reciba en su seno a los hijos que apenas comienzan las lides escolares, firmando una excusa falsa de que el niño estaba mal del “estomaguito”. Mañanas estas para pedir almuerzo a domicilio y no saber de obligaciones.

Rinnnggg / ¿aló? claro que sí jefe… ya voy para allá / ¿Quién era? / Mi jefe, que si lo que quiero es ir por la carta…

Imagen en el sector Guayaquil. Ver en la chacita, la cantidad de elementos adaptados, para formar uno solo objeto.

Dulces que me llevan al pasado

Nunca fui muy amante a los dulces. De niño incluso, pedía confites el día de los disfraces y se los regalaba a una anciana que tenía una caseta de ventas (Chaza) callejera, solo me quedaba con los Supercoco no más. Recuerdo de todas maneras ciertos detalles que me hacen esbozar una sonrisa:

  • Los chicles Globo, que destilaban rojo y sabor en grandes cantidades
  • Los pequeños cuentos del Chavo del 8 que venían en Yupi
  • Las bolitas de chicle que mi abuela me prohibía que porque daban caries
  • El cofio que hacía al escondido en mi casa por las tardes
  • El ponqué Ramo que compraba en la tienda Puerto Arturo en Manrique a 2 pesos
  • Los bolis me eran prohibidos tajantemente. Bolis: jugos hechos de agua sucia con anilina y sabor empacados en una bolsita. O por lo menos eso me decían en la casa adjunto a la prohibición.
  • Los Snaky aún los consumo, delicioso.
  • Y la mejor chocolatina del mundo, ahí no hay “milkygüey” que valga, lo mejor en chocolatinas es la pequeña Jet. Cosa que si van a EEUU y me van a traer cositas, o ustedes que me escriben desde todos los lugares de la orbe terrestre, tráigame periódicos de sus lugares de residencia, porque la chocolatinita me la compro yo aquí.

Lo de los periódicos es en serio, estoy coleccionando periódicos de otros lugares del mundo, por si vienen, me traen uno. En la imagen: Caseta de ventas en Urrao, tomada en las tradicionales fiestas del Cacique Toné.

Arbolito de buñuelos

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Después del puente de la avenida Colombia, en el sector de Suramericana se venden estos buñuelitos recién bajados del arbolito.

Los buñuelos no son solamente el binomio perfecto de la natilla, los “buñelos” caen bien a toda hora solos o con empanada, su otra pareja cuando no es diciembre.