Haciendo tocineta

Siempre que pasaba por la oreja que conecta el puente de la Avenida Guayabal con la Autopista me antojaba de tomar esta foto. Viajaba en moto, hoy en carro y nunca había podido detenerme a grabar el instante hasta que se me dio la oportunidad de llevarme la “instantánea”.

Me encanta ese dibujo de los cerdos, no por su pícaro intento de cópula, sino, por la sencillez del gráfico: una “m” cursiva que se me antoja como la cola del marrano, una sola oreja, dos doble u “W” que conectadas forman las mamas de la hembra, unas “M” con cierre, que invertidas, forman las pezuñas en las únicas dos patas de cada animal.

Nada que ver con las últimas tendencias del grafiti. Poca técnica y sencilla armonía del color. Un dibujo sencillo y claro: “Haciendo tocineta”.

De cópulas… que hable otro.

No coma cuento, coma chicharrón

  • Los cerdos no tienen la culpa de los experimentos genéticos.
  • Del cerdo, muchas órganos sirven a la medicina del hombre.
  • De sus representaciones en polímeros, hacemos ahorros infantiles -se recomienda no practicarle cesárea antes de tiempo-
  • Del cerdo, los antioqueños comemos uno de los mejores binomios alimenticios: arepa con chicharrón.
  • Del cerdo y su menudo, creamos populares y grasientos platos: morcilla, chunchurria, buche. Dulce de pata, gelatinas.

Este animal es quien mantiene al colombiano, unido a su pasado politeísta, donde se sacrificaban animales a los dioses, en combinación con el fuego. En los últimos días de cada año, y como un ritual escatológico, cientos de cerdos son sacrificados y el humo del sacrificio, ascendido a los cielos como ofrenda fragante a los paganos dioses. No sin antes, realizar un jolgorio de burlas y parlanchinas fiestas. ¡Pobres marranos!

Imagen tomada en el Centro Comercial Medellín, contiguo a la Plaza Minorista.