Algodón de azúcar para recordar la niñez

Qué sera de los niños de los últimos tiempos en las zonas de estratos más altos. Que será de las juventudes que crecen encerradas en las unidades residenciales. Qué será de los muchachos que no conocen la calle como territorio de la lúdica. Cuando camino o recorro los barrios de elevado nivel socio económico, atisbo que nadie camina esos lugares; las calles son vacías, no hay risas de niños revoleteando en el ambiente.

Algunos dirán que tienen mejores cosas qué hacer que estar expuestos a los peligros de las calles, pero mi experiencia en la calle fue magnífica: comitivas donde todos ponían papas y nadie se atrevía a aportar la carne. Jugar escondidijo contando de cinco en cinco hasta cien e intentar que se “quemara la olla”. Jugar pequeños partidos de fútbol -para lo que fui bien malo-. Juag ‘Chucha cogida” (que significa correr hasta alcanzar a otro que quede con la tarea de seguir alcanzando a los demás y así sucesivamente) -Para que no haya malos entendidos en otros países-.

Los niños y adolescentes de hoy conocen como parques a los centros comerciales. No se ensucian. Pocos juegan con tierra. Pocos construyen ciudades con arena y le meten carros al guión. Los únicos afortunados de vivir las aceras y las calles de los barrios, son los niños cuyas viviendas están ubicadas en los estratos de bajo nivel económico. Lo gracioso es que los llaman pobres ¡Y SI SUPIERAN CÓMO SE DIVIERTEN Y LOS JUEGOS QUE SE INVENTAN! Ser niño en un barrio popular no es pobreza, es riqueza, recursividad y creatividad; es risa, invento y juego. ¡Pura diversión y aventura!

Las fotos hablan del Algodón de azúcar, caramelo de la infancia, pero esto fue lo que me recordó y se los quise compartir.