Mis recuerdos están en lo sencillo

Este hijo de madre soltera nunca fue pobre, pues la pobreza es un estado mental -por lo menos para mí-, lo demás es carencia de recursos. A este hijo de madre berraca nunca le faltó nada, juguetes, viajes, alimento, estudio, quizás amigos.

Lo sucedido en los primeros años de vida marca nuestras vidas y la mía, fue alimentada de viajes a casas de campo. Yo las llamo fincas, pero otros dicen que las fincas son las de los ricos, las de recreo, las que producen millones. Por ello, mi cerebro está lleno de estímulos guardados en mi memoria visual y olfativa, con carreteras destapadas, cocinas de leña, garabatos con carne secando, velas de cebo, colchas de retazos, vacas, marranos y gallinas, sembrados de maíz y de otros de pan coger.

Mi cuerpo visitó fincas boyantes y llenas de lujo, pero mi memoria solo guardó el acervo de lo sencillo, de lo simple y lo cotidiano, de lo humilde -no pobre-, de lo que consideró más valioso: los olores de la vida y sus detalles, las imágenes de los grandes milagros, pocas veces recuerdo lo que era lleno de lujo.

Mi memoria olfativa, está llena de recuerdos de estiércol de ganado, de marraneras, de tierra, de leña quemada, de polvo en carretera, de cientos de árboles, de cocina en leña, del olor de tapas de gaseosa, de bahareque.

Mi oído guarda cantos de grillo, sonido de viento y hojas bailando, de la noche que tiene su particular música, de cascada, de los pies que pisan la tierra llena de piedritas, de mugidos, de pájaros madrugadores.

No hay necesidad de tener cocinas integrales, poyos en mármol o en acero, no hay necesidad de tener artilugios eléctricos; para cocinar sólo se necesitan manos, amor y la sonrisa que sirve los platos. Sea en leña, en eléctrica energía, en impecables muros o en ahumada cocina, la suculenta receta va por dentro de la olla.

Posdata: tuve el placer de buscar los insumos y ayudar a realizar una escoba como la de la imagen. Iba uno por la carretera destapada caminando y arrancando la mata que llaman “escoba” cuyo nombre verdadero no conozco y que sirve de insumo para la hermosa barredora que uno rehacía cada tanto.

A mi memoria que nunca olvida la finca en Guaduas en Cundinamarca y el olor de la Dorada en Caldas.

Renueve su cocina

Saque esa taza despicada, cambie los platos de Peltre, empareje ese juego de tazas variopintas, complete la cuchara, reemplace la cuchara e palo, comprate un colador ole, hacéte a una parrilla de arepas.

Pues todo lo encontrarás baratico en Maturín, el hueco en Medellín.

Los chécheres que compramos mi esposa y yo para el matrimonio los compramos en varios almacenes, pero no quice comprar el EXPRIMIDOR DE LIMÓN, para comprarlo en el hueco porque esos de “marca” me salen regulares. La verdad es que no lo he comprado aún y siempre que publico fotos de El hueco, Diana mi esposa sale con la cantaleta del bendito exprimidor… y nada que lo compro. Hubiera aprovechado ome pa comprarlo ahí.